En algunos lugares de España, como en el tramo bajo del río Miño, se han llegado a registrar 93.800 individuos por metro cuadrado. Otras partes de la península ibérica invadidas son las zonas costeras y del interior de la Comunidad Valenciana, Murcia y Cataluña, así como partes del interior de la meseta como Madrid, Guadalajara o Cuenca.
El caracol del cieno (Potamopyrgus antipodarum) entró en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras en el año 2013 como un molusco con gran capacidad de colonización y alta tasa reproductiva que produce modificaciones en la cadena trófica de los ecosistemas acuáticos, perjudicando a especies autóctonas. Las referencias sobre la presencia de la especie han pasado de ser principalmente en zonas costeras hace 30 años, a ser localizadas también ahora en el interior de España.
En el último monográfico de la revista Ecosistemas, editada por la Asociación Española de Ecología Terrestre, el profesor de Ecología de la Universidad de Alcalá de Henares, Álvaro Alonso, dirige una revisión de la literatura científica sobre esta especie para poner de manifiesto la falta de conocimiento que existe sobre la distribución e impacto ecológico y económico del caracol del cieno, originario de Nueva Zelanda, a diferencia de lo que ocurre con otros invertebrados invasores como el mejillón cebra (Dreissena polymorpha), o el caracol manzana (Pomacea canaliculata).
En algunos lugares de España, como en el tramo bajo del río Miño, se han llegado a registrar 93.800 individuos por metro cuadrado. Otras partes de la península ibérica invadidas son las zonas costeras y del interior de la Comunidad Valenciana, Murcia y Cataluña, así como partes del interior de la meseta como Madrid, Guadalajara o Cuenca.
Entre sus principales impactos ecológicos y económicos, aunque no han sido lo suficientemente estudiados, se encuentra la reducción del crecimiento de la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss), una especie muy consumida en España, ya que cuando ésta se alimenta principalmente del caracol del cieno, éste no le aporta los requerimientos energéticos necesarios.

La degradación ambiental favorece la especie
Como describe el propio Alonso, junto a su compañera de investigación Pilar Castro-Díez, el caracol del cieno habita ecosistemas acuáticos con características ambientales muy diferentes, desde ecosistemas de agua dulce hasta salobres; desde las zonas costeras (donde eran prácticamente exclusivos durante los primeros años de estudio a finales de los 70), hasta las zonas del interior de la península ibérica; pero además, la información revisada muestra que “la degradación ambiental (cuencas agrícolas, vertidos de materia orgánica, etc.) favorece a la especie”. De hecho, algunos autores han señalado en sus estudios, según afirma Alonso, que entre las propiedades biológicas que podían explicar el éxito invasor de la especie se encuentra su elevada tolerancia a factores abióticos, entre ellos, la contaminación por materia orgánica y la eutrofización de las aguas (enriquecimiento masivo de nutrientes, principalmente provocado por las actividades agropecuarias).
Las hembras no necesitan ser fecundadas
Otro de los éxitos de la colonización de esta especie es que una hembra puede tener descendencia sin ser fecundada por un macho (reproducción asexual); además, en un año un adulto puede llegar a reproducirse en hasta seis ocasiones, pudiendo tener 230 caracoles de media por año.
Atraviesan el tubo digestivo de sus depredadores y son defecados vivos
Las formas de propagación del caracol del cieno también explican el alto grado de propagación de la especie. Aunque puede dispersarse a través de aves, enganchándose a las patas, o a través de aparejos de pesca y embarcaciones, la forma más llamativa es sin duda mediante los propios peces, ya que estos caracoles son capaces de atravesar el tracto intestinal de los peces, que pueden defecarlos vivos en nuevas zonas no invadidas, comenzando una nueva colonización.
Conclusiones
Esta revisión muestra que probablemente P.antipodarum ha llegado a la península ibérica por la costa cantábrica y/o mediterránea y desde ahí se ha expandido hacia el interior, sin que aparentemente ningún clima y tipo de sustrato haya detenido su avance. Además, tal como expresa el investigador: “A la vista de los resultados sí que podemos afirmar con elevada probabilidad que la especie se ha extendido en las últimas décadas por la península ibérica”. Por el contrario, la información sobre los impactos de la especie en la estructura y funcionamiento de los diferentes ecosistemas acuáticos invadidos es muy escasa, aunque según los datos disponibles de otros países, todo hace pensar que su impacto es importante.
Por todo ello, se hace necesario el estudio de los principales mecanismos de dispersión entre las cuencas fluviales de la península ibérica, en un intento de implementar medidas que puedan controlar y parar la aparente propagación de esta especie, tal y como obliga su reciente incorporación al Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.




















