Buscando el control biológico de plagas

Al atravesar Despeñaperros la imagen de campos poblados de encinas y alcornoques, en el norte de las provincias de Jaén y Córdoba, nos adelanta cuál será el paisaje predominante en la región. Con una vasta superficie arbolada, Andalucía es uno de los territorios donde la forestación es un importante recurso económico y ecológico. El Reglamento Forestal de Andalucía señala que las encinas ocupan un total de 850.284 hectáreas y los alcornocales 188.614, ambos del llamado género Quercus, situándose con estas cifras como importantes iconos de la región con un indudable valor ambiental, como protectoras y restauradoras de suelos o reguladoras del régimen hídrico. De igual forma, resalta el aprovechamiento de maderas, frutos y cortezas de algunas de estas especies, que determinan el modo de vida de sus gentes en zonas de manejo tradicional de las dehesas o de aprovechamiento corchero.

Además de la seca, conocida como la principal “pandemia” entre los árboles de este género (Quercus), existen plagas que afectan a esta especie. Al estar situadas en un medio forestal, la vida de cada especie está asociada a multitud de insectos. Unos afectan al fruto, otros desarrollan su actividad en las raíces y la madera y, por último, los llamados defoliadores, comen las hojas del arbolado. De estos insectos, los predominantes son los comúnmente conocidos como mariposas y polillas.

Un equipo de científicos, dirigido por Enrique Vargas Osuna, ha centrado años de investigación en el estudio de estos insectos para controlar las plagas que provocan la pérdida del follaje de encinas y alcornoques, que repercute en la producción del fruto y el estado general del árbol al reducir la capacidad fotosintética de la planta. Sergio Pérez Guerrero, uno de los coordinadores estos estudios desde la Escuela Técnica Superior de Agrónomos y Montes de la UCO, explica la importancia del rol de estos insectos cuando comen hojas de encinas y alcornoques: “Los defoliadores ejercen un papel destacado en las cadenas tróficas (es decir, nutritivas) al servir de alimento a numerosos depredadores y parasitoides y favorecer el reciclado de los elementos en el ecosistema forestal. Sin embargo, bajo determinadas condiciones, algunas especies constituyen importantes plagas forestales a nivel mundial”.

Herramientas sostenibles

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Desde 2001 este grupo de expertos trabaja para proporcionar una herramienta eficaz para un manejo seguro y sostenible de las plagas forestales a través de la selección de microorganismos que provocan enfermedades en los insectos (entomopatógenos). “La utilización casi exclusiva de insecticidas orgánicos de síntesis y amplio espectro provoca desequilibrios en el ecosistema y problemas de contaminación ambiental”, detalla Pérez Guerrero. Estos insecticidas no selectivos y su mal uso causan, entre otros efectos, “una reducción de las poblaciones de enemigos naturales (depredadores y parasitoides) que se alimentan y utilizan como hospedadores a las orugas de lepidópteros”, aclara el investigador, quien plantea el control biológico como alternativa o “complemento a la lucha química”; más concretamente, la lucha microbiana.

Cada primavera, coincidiendo con la floración de las quercíneas y el periodo larvario de los lepidópteros, este grupo de expertos se traslada al noroeste de la provincia de Córdoba para, a partir de la recogida de larvas, obtener resultados representativos de la comunidad de insectos defoliadores. El método de muestreo empleado por este equipo es el vareo alrededor del árbol, dónde se sitúa una lona blanca a ras del suelo y más tarde se recogen las muestras. “Además, la repetición periódica de este tipo de muestreos permite la obtención de las curvas de abundancia y los máximos de ingestación, que son herramientas indispensables para la elaboración de programas de control”, según detalla Sergio Pérez.

Estas prospecciones les permiten estudiar distintas familias de lepidópteros (formando un mapa) que afectan al género Quercus y analizar aquellas que provocan más pérdidas en el sector, entre ellas destacan Tortrix viridana y Catocala nymphagoga. Estas bellas y, al mismo tiempo, ávidas mariposas, puede llegar a producir defoliaciones intensas que debilitan el árbol y hacen perder la producción de frutos, llegando, en ocasiones, a provocar la muerte de algunos pies cuando las defoliaciones son severas.

Antecedentes del control microbiano

La historia del control biológico de defoliadores cuenta con varios hitos en su haber. Uno de los más recordados es el de Lymantria dispar (una de las especies de lepidópteros más común en el ámbito de las plagas forestales) en Norteamérica y el virus de la poliedrosis nuclear aislado en esta especie a principios del siglo XX. Un descubrimiento que desencadenó que, a mediados de los 70, se desarrollara y registrara el producto Gypcheck®. Sin embargo, este virus no se comercializa en España y el control de la especie es fundamentalmente químico.

El objetivo último de los trabajos de estos investigadores es la comercialización y registro de un producto que satisfaga el control de la especie de lepidópteros de forma biológica. “Aunque”, como señala Sergio Pérez, “es un camino de largo recorrido”.

 

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