La Antártida es igual que Marte

«La Antártica es como tener a Marte, a temperaturas muy bajas, dentro de la Tierra», asegura Retamales, primer latinoamericano que preside el Consejo de Administradores de los Programas Antárticos Nacionales (COMNAP, por sus siglas en inglés), un organismo integrado por 28 países que se reúne dos veces al año.

«Los microorganismos que viven allí no habitan en ninguna otra parte del mundo, no están en el Ártico, porque allí el hielo desaparece y queda la tierra», explica.

Retamales, primer científico que dirige este instituto desde que hace 50 años Chile suscribió en Washington el Tratado Antártico, no oculta su fascinación por los descubrimientos que se están produciendo en el campo de la biología molecular, que no duda en calificar de «revolucionarios».

«Con el advenimiento de la biotecnología, en la Antártica hay todo un mundo por descubrir y eso está prendiendo poco a poco» entre los países firmantes del Tratado, que están implementando programas de colaboración.

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Pero el avance del cambio climático en la Antártida o Antártica, como se denomina en Chile, es mucho mas rápido que en otros lugares del planeta, advierte Retamales.

«Antes, los vientos circundaban a la Antártica, pero cada vez se van acercando más al centro, hacia el Polo, y chocan con la plataforma, donde hay hielos de más de cien años que desaparecen en un mes», ejemplifica.

El director del INACH considera que el cambio climático acaparará la atención mundial en la Antártida en los próximos veinte años, una opinión con la que coinciden los expertos reunidos desde hoy y hasta el día 31 en Punta Arenas, a 2.400 kilómetros al sur de Santiago, para presentar las últimas investigaciones en esta materia.

La celebración del coloquio internacional «Cambio Climático en las regiones de Magallanes y la Antártica: evidencias y desafíos para el futuro» incide en la necesidad de que los países entiendan el alcance que ha adquirido este problema, que será debatido en la Cumbre Mundial sobre el Clima convocada por Naciones Unidas para comienzos de diciembre en Copenhague.

«No se sabe exactamente cuándo van a ocurrir los fenómenos derivados del cambio climático, pero es seguro que van a suceder, puede ser en cien años, en cincuenta o en veinte», advierte el responsable del INACH, quien señala que éste es un asunto de extraordinaria relevancia para las políticas públicas en Europa y Sudamérica.

«Pero hay muchas diferencias también en la opinión pública -advierte Retamales-, a mí, como presidente del COMNAP, me toca ver cómo la opinión publica influye en los gobiernos y eso influye a su vez en los presupuestos».

«Cuando uno vive en la sociedad de la opulencia ve esto del cambio climático y dice, yo no quiero cambiar mi vehículo de ocho válvulas, sino que quiero tener uno más grande», dice e insiste en que «hace falta un cambio cultural».

«¿Quién iba a pensar hace treinta años que los seres humanos podíamos dañar la capa de ozono? Creíamos que el planeta era indestructible, pero no es así», dice Retamales, que no comprende la razón de que para algunos sea tan difícil aceptar que el cambio climático es consecuencia de la acción del ser humano.

«Esto ya no es tan sencillo como cambiar el refrigerador de casa; apunta ahora al corazón de nuestra forma de vida, a consumir menos combustible, a aceptar las centrales nucleares que ninguno queremos», reflexiona.

Como ejemplo de que la conciencia sobre el daño medioambiental no ha arraigado en algunos países, el director del INACH cita una encuesta difundida el pasado lunes que ponía de manifiesto que el 60 por ciento de los estadounidenses no cree en el cambio climático…

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