Resulta incongruente que, en un país que se dice civilizado aun haya gente capaz de perseguir con saña a un animal, al que por pura codicia le han arrebatado sus territorios, acorralándolos en espacios poco aptos para su supervivencia y pretendiendo prácticamente, que cambie su naturaleza para que ellos puedan criar sus ganados, sin ninguna intromisión. Y si el lobo se muere de hambre, no es su problema.
Una joya de la fauna nacional
El lobo ibérico es familiar directo del lobo europeo, pero con características morfológicas específicas que lo diferencian de los demás y que han dado lugar a una taxonomización especial: elCanis lupus signatus, una especie endémica de la península ibérica, cuyos especímenes viven en comunidades medianamente estables, en su mayoría ubicadas al norte del Río Duero.
La subespeciesignatustiene varias características especiales o signos (de ahí la denominación latina), las más destacables son: unas manchas negras en las patas delanteras, la cruz y la cola y unas franjas blancas bastante nítidas, que estos lobos poseen en el hocico, a las que se conoce con el nombre de “bigoteras”.
Es una especie que, por su forma de vida necesita grandes espacios de caza, ya que vive en manadas de 10 a 12 individuos. Cada grupo delimita sus territorios con orina y excrementos, y a la hora de cazar se coordinan a la perfección para hacerse únicamente con aquellas presas que necesitan para alimentarse.

El lobo ibérico es un animal social, gregario y muy solidario con sus congéneres. Los clanes familiares cuidan a los más ancianos, los alimentan y guían, adoptan camadas huérfanas y las crían como propias y resultan unos padres excepcionales. La pareja alfa es la que ejerce el mando y procrea, el resto les obedece.
La historia de España está firmemente ligada a la de este fantástico cánido, que está presente en el acervo cultural nacional, en la literatura, la pintura o la música. Pero por encima de todo, es una especie única en el mundo, que merece toda la protección posible en vistas de su protección, conservación y prosperidad.
¿Quién es el malo?
A medida que las poblaciones de humanos han ido creciendo, también lo hizo su codicia por las áreas que, desde tiempos inmemoriales constituían el hábitat natural del lobo ibérico. De modo que, hectárea a hectárea se le fueron quitando sus terrenos de caza y cría, para instalar generalmente, establecimientos ganaderos.
El lobo ibérico es un animal territorial que suele respetar las zonas de otras manadas, así que, además del daño ecológico que le han ocasionado a los bosques y montes naturales, los humanos se han metido en el seno de su hogar y ahora les molesta que este sea un “mal vecino”, cuando en realidad, el intruso es justamente él.

El lobo es un animal que ni resulta feroz, ni ataca o mata por diversión y que se comporta de manera tímida frente al humano, puesto que en general le teme, debido a que, por acumulación de malas experiencias, lo asocia con episodios repetidos de sufrimiento, muerte, dolor y destrucción.
Al lobo lo persigue con saña una leyenda negra, que lo pone como el “malo del cuento” y que una forma de justificar, que muchos de los comportamientos de estos increíbles cánidos, son consecuencia directa y previsible, de las acciones antropogénicas y de los ataques gratuitos e infundados contra ellos.
La hipocresía de las CCAA al norte del Duero
La semana pasada y tras una votación democrática se logró que, finalmente, el lobo ibérico fuese declarado especie protegida en todo el país. Esta categorización afectará a aquellos especímenes que viven al norte del Río Duero, que ya no podrán ser cazados, perseguidos ni coartados en sus libertades.
Las comunidades autónomas de Galicia, Castilla y León, Cantabria y Asturias, que han estado siempre en contra de proteger al lobo ibérico, poco tardaron en reunirse virtualmente y acabar amenazando con llevar ante los tribunales esta resolución; incluso han tenido la osadía de “aconsejar” a la ministra que dé marcha atrás, es decir que se salte a la torera una resolución que ha sido votada y aprobada.

Haciendo gala de un alto nivel de hipocresía, estas CCAA que se declaran demócratas, pretenden que se ignore una decisión tomada por mayoría, clamando que el lobo es perjudicial para la economía ganadera y que es necesario seguir “controlando” sus poblaciones; lo que en realidad significa: tener libertad absoluta para matar lobos cómo y cuándo les plazca.
Además, esas mismas comunidades que los llaman alimañas feroces y criminalizan al lobo ibérico porque mata un animal cuando padece hambre, ya que le han robado sus territorios, luego los “venden” como atracción, dentro de sus inefables planes “verdes”, orientados al turismo ecológico y sostenible.
Rodríguez de la Fuente sostenía que, no solo era posible, sino que resultaba imprescindible, la convivencia entre lobos y humanos. A partir de su muerte muchas más voces se han levantado en defensa del lobo ibérico. Tras años de remiendos y apaños y cuando al fin se toma una medida real de protección, no podían faltar los buitres de siempre, prestos a defender su carnaza de intereses económicos, a costa de las vidas que hagan falta.

Por Sandra MG de ‘El Periódico verde’
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