Oceana pide la protección urgente de más áreas marinas para frenar la pérdida de biodiversidad y evitar el colapso de los recursos pesqueros

Oceana reclama un aumento urgente y exponencial de las zonas marinas protegidas en todo el mundo para evitar el colapso de los recursos pesqueros, que los estudios científicos prevén para mediados de este siglo. Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio) y del Día Mundial de los Océanos (8 de junio), Oceana destaca el derroche de riqueza ecológica y económica que implica el retraso en la protección de los fondos marinos, ya que sitúa en peligro a numerosas especies y compromete la subsistencia de millones de personas.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) solo ha evaluado el estado de conservación de 2.100 especies, y de un tercio de éstas reconoce que sus datos son insuficientes. “La pérdida de biodiversidad marina avanza a un ritmo sin precedentes y muchas especies están desapareciendo, incluso antes de ser estudiadas, debido a factores como el cambio climático, la contaminación, la sobrepesca o la destrucción de sus hábitats”, indica Xavier Pastor, Director Ejecutivo de Oceana Europa.

En la actualidad, solo el 0,7% de la superficie marina está protegida, frente a un 12,9% terrestre, y muchas especies amenazadas no tienen su área de distribución precisamente en alguna de las escasas zonas protegidas. Esto supone un incumplimiento del Convenio para la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas, que exige un mínimo del 10% antes de 2012, y queda muy lejos del 20% reclamado por la UICN. Por ello, Oceana reclama que la superficie marina protegida se multiplique al menos por 15.

La gestión actual de los océanos no solo ha llevado a estos a una situación crítica desde el punto de vista medioambiental, sino que ya tiene efectos socioeconómicos. Científicos marinos estiman que si continúa el ritmo presente de explotación, para 2048 todos los stocks pesqueros serán económicamente inviables o habrán desaparecido[1].

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En la actualidad, la FAO calcula que el 80% de los recursos pesqueros mundiales ya se encuentran agotados, sobreexplotados o no admiten ninguna expansión de la presión pesquera[2]. Y ello pone en peligro el empleo de un 8% de la población mundial, que vive directa o indirectamente de la pesca, y la subsistencia de 1.000 millones de personas de los países pobres que tienen el pescado como su principal fuente de proteína animal.

Las actuales políticas pesqueras son insostenibles a medio plazo. Por ejemplo, muchas especies carecen de planes de gestión –como tallas mínimas y cuotas–, y a menudo las artes de pesca no son selectivas. El arrastre de fondo, por ejemplo, arrasa con todo lo que encuentra, sea peces sin interés comercial, corales centenarios o gorgonias. Cada año, se descartan y devuelven –ya muertos– al mar en el mundo 7,3 millones de toneladas de capturas[3], una cantidad similar al consumo anual de pescado y marisco de todo el continente africano[4].

Por ello, Oceana solicita un cambio urgente en las prioridades de las políticas pesqueras, que deben apoyar una gestión a largo plazo y proteger los ecosistemas. En determinados casos, las pérdidas de biodiversidad son irrecuperables y en otros, simplemente demasiado caras. Por ejemplo, Oceana calcula que recuperar 10 hectáreas de pradera marina degradada tiene un coste de 7,2 millones de euros, 500 veces más caro que situarla bajo una figura de protección. Los costosos intentos de recuperación, además, no pueden garantizar que se recuperen los recursos asociados a ella.

Las áreas protegidas permiten la regeneración de hábitats y la alimentación y reproducción de las especies. Además de estos beneficios medioambientales, estudios científicos demuestran que a medio y largo plazo son rentables desde el punto de vista económico. Por ejemplo, el PNUMA estima que el valor total de los servicios prestados por los arrecifes de coral está entre 100.000 y 600.000 dólares[5]  por kilómetro cuadrado, incluyendo protección de playas ante tormentas y erosión, sustento de pesquerías comerciales, turismo, material de construcción y productos farmacéuticos..

Las áreas protegidas también son beneficiosas para la pesca, ya que permiten la recuperación de las especies. “La protección de un área marina termina provocando un desbordamiento de biomasa (spillover), dado que el aumento de la población empuja a muchos individuos a salir a las aguas circundantes, aumentando así la talla y el volumen de las capturas pesqueras. De hecho, en los últimos tiempos empieza a haber cofradías de pescadores que solicitan la declaración de reservas marinas en sus zonas de influencia”, comenta Pastor. En este sentido, Oceana ha presentado al término de cada una de sus expediciones propuestas concretas de áreas de importancia ecológica que merecen protección.

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