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sábado, enero 28, 2023

Primavera, hielo y energía

El hielo no es siempre molesto, nos ayuda a soportar los calores estivales. Hoy en día lo fabricamos incluso en casa. Es algo portentoso que ya parece banal. Durante siglos, el hielo estival fue una rareza reservada a cuatro privilegiados. Los pozos de hielo se la procuraban. En lo álgido del invierno, se ponía agua a congelar en albercas someras y luego se aserraban bloques prismáticos que se almacenaban en grandes pozas, normalmente excavadas en la roca. El museizado pozo de hielo de Solsona es uno de los mejor conservados.

En el «Manual dels actes de la ciutat», compilado entre 1757 y 1771 por el notario de Solsona Antoni Font, se establece que el responsable del pozo de hielo «…deurà tenir la ciutat proveïda de glaç del dia 25 del mes d’abril fins al de Tots Sants». El 25 d’abril es mañana. No cuesta imaginar nervios y empellones en tal día como hoy, así pues. Para los bloques de hielo laboriosamente acumulados en invierno, estibados unos sobre otros entre capas de paja y cascabillo, había terminado el reposo y el silencio. Uno tras otro, en brazos o mediante garruchas, iban abandonando su cautiverio subterráneo.

Actualmente, disfrutamos de la euforia primaveral y de hielo siempre al alcance, ambas cosas a un tiempo. La perentoriedad de los apareamientos, la eclosión de las flores y el reverdecer de los caducifolios dejan atrás al invierno sin que hayamos de privarnos del goce del agua helada. Conservamos los alimentos en plena canícula y nos entregamos al placer de sorbetes, helados y bebidas frescas. Pero gastamos en ello mucha energía. Deberíamos vivir el privilegio sin declinar la responsabilidad.

*Artículo publicado en El Periódico de Catalunya

http://www.sostenible.cat/

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