En el océano, un grupo de cachalotes se junta en la superficie y empieza ese concierto de clics que a nosotros nos suena a ruido sin sentido. Pero detrás de ese ritmo, podría haber más estructura de la que imaginábamos.
Un trabajo publicado en abril de 2026 en Proceedings of the Royal Society B ha analizado miles de estas vocalizaciones y ha encontrado patrones que recuerdan a cómo se organizan los sonidos del habla humana. El matiz es importante, no significa que hablen como nosotros, pero sí que su sistema de comunicación parece tener reglas internas.
De un sonido a un “sistema”
Los cachalotes (Physeter macrocephalus) se comunican con secuencias de clics llamadas “codas”. Para ellos el sonido es clave, sirve para comunicarse y también para orientarse en un mundo donde la luz no llega a muchas profundidades.
Este nuevo estudio se centra en 3.948 codas de 15 cachalotes (hembras y jóvenes) registradas entre 2014 y 2018 en Dominica, en el Caribe. Los machos adultos quedan fuera porque suelen llevar una vida más solitaria y eso complica comparar sus patrones con los de un clan.
La pieza encaja con trabajos previos del propio equipo. En 2024, otro artículo con datos de Dominica analizó 8.719 codas y defendió que estas señales son más expresivas y combinables de lo que se pensaba, como si hubiera un “alfabeto” de rasgos acústicos que se pueden mezclar.
Dos “vocales” que no salen de una boca
La clave del estudio está en algo técnico pero fácil de imaginar. Los investigadores miraron los “formantes”, que son picos de frecuencia que, en humanos, ayudan a distinguir vocales como la “a” o la “i”.
En los cachalotes identificaron dos grandes categorías de codas por su estructura de formantes. Las llamaron “a-codas” cuando aparece un formante principal y “i-codas” cuando se observan dos, una etiqueta práctica para describir categorías acústicas repetibles.
Lo interesante es que no solo se parecen acústicamente a vocales, también se comportan como ellas en varias reglas. En general las a-codas duran más que las i-codas, y las i-codas muestran versiones cortas y largas, algo que recuerda a idiomas humanos donde la duración de una vocal importa.
Cinco reglas internas que suenan familiares
Una de las pistas más fuertes es que la “calidad” de la coda (a o i) no aparece al azar. Los modelos estadísticos del equipo sugieren que ciertos tipos de coda se asocian más con una u otra, lo que encaja con la idea de reglas internas y no solo con variación libre.
En el propio artículo, los autores lo resumen así, “All five properties have close parallels in the phonetics and phonology of human languages, suggesting independent evolution”. Es una frase ambiciosa, pero también prudente porque habla de paralelismos, no de identidad.
También aparece un sello muy humano cuando una coda se engancha con la siguiente. A veces el primer clic de la nueva coda parece “contagiado” por la anterior o por la que viene después, algo parecido a la coarticulación, cuando al hablar ya vamos preparando el siguiente sonido sin darnos cuenta.
Idioma no, y ahí está la clave
Con todo esto, es normal que la palabra “lenguaje” se cuele en la conversación. ¿De verdad estamos cerca de traducir a un cachalote? A día de hoy, la respuesta honesta es que aún no.
Los autores prefieren hablar de “sistema de comunicación”. La diferencia es importante porque, para hablar de idioma en sentido estricto, hace falta demostrar que estas combinaciones transmiten significados concretos, y eso todavía no se ha descifrado.
El mar también sufre contaminación sonora
Entender mejor cómo “hablan” los cachalotes puede ayudar a monitorizarlos sin molestarlos, a través de hidrófonos y escucha pasiva. A la vez, refuerza una idea sencilla, si el sonido es su herramienta principal, proteger su “hábitat acústico” importa tanto como proteger su comida o sus rutas.
Si la vida de un cachalote depende de lo que oye y de lo que le oyen, el aumento del ruido submarino se convierte en una amenaza real. No es muy distinto a intentar mantener una conversación en una calle con tráfico constante, pero bajo el agua, con motores, hélices y golpes que se cuelan en el mismo canal.
Por eso hay organismos que ya empujan a reducir el ruido de los barcos. La Organización Marítima Internacional revisó en 2023 sus directrices voluntarias para recortar el ruido radiado al agua por el transporte marítimo, y la investigación lleva tiempo señalando que bajar la velocidad puede tener un doble efecto, menos ruido y menos emisiones. Un análisis en Frontiers in Marine Science estimó que una reducción del 10% en la velocidad global podría recortar alrededor de un 40% la energía sonora del tráfico y bajar en torno a un 13% las emisiones de gases de efecto invernadero.
Qué podemos esperar a partir de ahora
Project CETI combina trabajo de campo con aprendizaje automático y herramientas de registro para encontrar patrones y relacionarlos con conductas, con un foco claro en Dominica. Por ahora, el paso más útil es entender en qué contextos aparecen ciertos tipos de codas y qué cambia cuando cambia la situación del grupo.
El reto sigue siendo enorme. Incluso si sabemos distinguir “vocales” y reglas de combinación, falta la pieza que lo cambia todo, el significado. Y eso solo llega con paciencia, más datos y mucha prudencia.
El estudio ha sido publicado en Proceedings of the Royal Society B.











