El desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) ha perdido cerca del 69 % del territorio que ocupaba en las últimas tres décadas, según la presentación del genetista Luis J Royo, que cita la Lista Roja de la UICN. Es un pequeño mamífero de los ríos de montaña que solo vive en la península ibérica. Ahora, un grupo de genetistas de la Universidad de Oviedo ha probado en cuatro ríos una forma de detectarlo por el ADN que deja en el agua, sin verlo ni capturarlo.
Royo lo explicó en las Jornadas Científicas del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en septiembre. El parque publicó el resumen de su charla el 29 de octubre de 2026. La idea de fondo es fácil de entender, porque el río guarda un rastro genético de todo lo que vive en él.
Un pariente del topo que nada
El desmán pertenece a la familia de los tálpidos, la misma de los topos. Pero está hecho para el agua. Tiene un hocico largo y flexible que usa para orientarse, patas traseras de nadador y un pelaje denso e impermeable.
Según la presentación de Royo, su cuerpo mide entre 11 y 16 centímetros, y la cola, entre 12 y 16. En mayo ya contamos la alerta por su posible desaparición en España.
Ríos cortados y visones americanos
En una encuesta de la Fundación BBVA de 2026, ningún encuestado lo nombró por su cuenta entre las especies amenazadas. ¿Cuántos sabríamos reconocerlo en una foto? Y mientras tanto, sus poblaciones viven en núcleos cada vez más aislados.
Los genetistas distinguen cinco unidades evolutivas que deben gestionarse por separado. Presas, embalses y canalizaciones le cambian el hábitat. A eso se suman la pérdida de vegetación de ribera, la contaminación, el cambio climático y el visón americano, una especie invasora que no deja de extenderse.
Por eso los autores insisten en que «proteger al desmán significa también conservar la conectividad, la calidad del agua y la biodiversidad de los ecosistemas fluviales». Si el desmán está, el río suele estar sano.
Gasas estériles y PCR digital
Todos los seres vivos sueltan ADN al ambiente con células de la piel, mucosidad, heces u orina. El equipo de Oviedo habla del río como un «archivo biológico». Esta técnica ya se usa para detectar decenas de especies en humedales de Cataluña.
Para el desmán, el grupo colocó en el río unas cápsulas con gasas estériles que atrapan el ADN que arrastra la corriente. Las probó en 21 puntos de cuatro ríos del norte de España (Espinaredo, Narcea, Pigüeña y Teverga). De 83 muestras válidas, 26 dieron positivo, un 31,3 %.
Lo que marcó la diferencia fue la técnica. La qPCR clásica no halló ADN en las muestras del río y la PCR digital sí, porque es más sensible cuando hay muy poco material. En pruebas controladas, la detección llegó al 86,5 % en corrientes y rápidos, frente al 30,3 % en pozas.
Lo que cuentan unas heces
Los excrementos recogidos en el lecho del río dan todavía más pistas. Con su ADN se sabe qué especie los dejó y si era macho o hembra, gracias a los cromosomas X e Y. También revelan si el visón americano anda cerca, y todo sin tocar a un solo animal.
Además, sirven para estudiar la microbiota intestinal y reconstruir la dieta. Esa dieta se compara luego con los pequeños invertebrados del fondo del río. Así se ve qué comida hay y cuál se come de verdad.
El equipo ha comprobado que las heces frescas recogidas en el río no conservan toda la información genética. Sí guardan «una parte importante». No es poca cosa para un animal tan esquivo.

75 desmanes y una presa
El pelo es otra fuente, aunque aquí sí hay que coger al animal. De la raíz salen perfiles de microsatélites que identifican individuos. También miden diversidad, parentesco y aislamiento.
En la presentación aparecen 75 ejemplares de las cinco unidades evolutivas, analizados con 24 marcadores. Los grupos geográficos salen diferenciados, como se esperaba. El paso siguiente es medir si las presas frenan el intercambio genético, y ya hay un primer análisis con 48 desmanes.
El laboratorio ha logrado además cultivar células de animales muertos hasta 8 horas antes. Servirían para bancos de germoplasma. El problema es encontrar los cadáveres a tiempo, algo poco frecuente en un río.
Un artículo todavía en revisión
Ojo con los porcentajes, porque salen de la charla. El trabajo de la PCR digital (Montes-Bernardo y colaboradores) se ha enviado a publicación y aún no ha pasado la revisión. El de las heces sigue en preparación, así que el método todavía no es definitivo.
Los autores lo ven como un complemento de los censos de campo, útil en zonas remotas, dentro de un plan de recuperación con seis líneas de trabajo. ¿Llegará a tiempo? Dependerá de que la genética vaya de la mano de la restauración de los ríos.

El resumen ha sido publicado en el blog del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, junto con la presentación completa de la charla.
Foto: David Pérez, CC BY 3.0











