Si alguien busca “uno de los árboles más imponentes de Asturias con más de 1000 años”, la respuesta más citada es el Tejo de Bermiego (Taxus baccata), en el concejo de Quirós. Está junto a la iglesia de Santa María de Bermiego y es conocido en la zona como “Teixu l’Iglesia”.
Lo interesante es que este tejo no destaca solo por edad y tamaño, sino por su papel de “plaza natural” (un árbol que organiza el lugar). En Asturias, muchos tejos aparecen pegados a templos y espacios comunitarios. Bermiego es un ejemplo muy visible de esa convivencia entre naturaleza, historia y costumbre, con un árbol que funciona casi como un monumento arquitectónico, pero vivo.
Un monumento natural con nombre y apellidos
El Tejo de Bermiego fue declarado Monumento Natural por el Principado de Asturias mediante el Decreto 71/1995 (27 de abril), publicado en el BOPA. Esa figura de protección reconoce su singularidad y fija un marco de conservación.
Además, aparece recogido en el Inventario Español del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, donde se subraya su ubicación privilegiada junto a la iglesia y la estimación de una edad superior al millar de años. La edad exacta no se puede asegurar con total precisión sin estudios específicos de datación, pero el consenso divulgativo lo sitúa en ese umbral simbólico de “milenario”.
Medidas que ayudan a que un árbol de 1000 años siga respirando
Cuando un árbol monumental se convierte en destino, el riesgo principal no siempre es el clima ni las plagas, sino el uso humano repetido en el mismo punto (pisoteo, compactación del suelo, acercamientos al tronco). Por eso, en Bermiego la visita está planteada como contemplación, no como “parque infantil”. La idea práctica es simple (mirar más y tocar menos) porque en árboles longevos el equilibrio se rompe con facilidad.
El propio Ayuntamiento de Quirós lo incluye dentro de su relación de monumentos naturales, reforzando ese mensaje de protección local que acompaña a la figura autonómica.
Por qué el tejo está rodeado de simbolismo
El tejo europeo arrastra una fama ambivalente (árbol sagrado y árbol peligroso). En parte, por una razón muy concreta. La mayor parte del árbol es tóxica por la presencia de taxinas, mientras que el arilo rojo que envuelve la semilla no contiene esas taxinas (aunque la semilla sí puede ser peligrosa si se ingiere). Este rasgo ha alimentado leyendas y usos tradicionales en distintos lugares de Europa.
En Bermiego, ese simbolismo se ve reforzado por el escenario (ermita, paisaje de montaña y un árbol que impone silencio). No hace falta exagerar con “misticismos” para entenderlo. Basta con pararse debajo de su copa y ver cómo el sitio está diseñado, desde hace siglos, para reunirse y mirar alrededor



















