En 1997, la oveja Dolly convirtió la clonación en una realidad. Desde entonces, la idea se asoma cada vez que hablamos de biotecnología, de ganadería o de conservar especies amenazadas.
Pero había una pregunta básica. ¿Se puede “copiar” un mamífero una y otra vez, sin pasar por la reproducción sexual, y mantener la cadena para siempre? Un grupo de la Universidad de Yamanashi (Japón) lo ha probado durante dos décadas y ha encontrado un límite claro, con resultados publicados el 24 de marzo de 2026 en Nature Communications.
Un récord de laboratorio difícil de repetir
El trabajo empezó en enero de 2005 con una sola ratona donante. El equipo clonó una generación y usó células de esa nueva generación para producir la siguiente, repitiendo el proceso con transferencia nuclear de células somáticas.
No fue un experimento pequeño. Realizaron más de 30.000 intentos de transferencia nuclear y lograron más de 1.200 ratones clonados en el conjunto del estudio. La eficiencia incluso subió durante años y llegó al 15,5 % en la generación 26.
El investigador Lluís Montoliu lo describe así. “Este es un experimento heroico, del todo impresionante y seguramente irrepetible”, y añade que hoy sería difícil repetir algo parecido en Europa por las normas de protección animal.
El derrumbe llega sin avisar
La tasa de nacimientos comenzó a caer a partir de la generación 27. Después, el descenso fue gradual, pero constante, hasta que la clonación dejó de sostenerse. (nature.com)
Tras 57 rondas, la media de éxito bajó al 0,6 %. La generación 58 fue la última y los ratones nacidos murieron al día siguiente, lo que cerró la puerta a seguir “tirando” de la cadena.
Lo llamativo es que, hasta ese final, muchos clones parecían normales y su esperanza de vida rondó los dos años. Si por fuera todo encajaba, el problema tenía que estar dentro.
El ADN se desgasta aunque el animal parezca sano
Para buscar la causa, el grupo hizo secuenciación completa del genoma en distintas generaciones. El balance medio fue de unas 70 mutaciones puntuales por generación y alrededor de 1,5 variantes estructurales, que son cambios grandes en el ADN.
El artículo apunta a que el fallo no fue una acumulación de problemas epigenéticos, sino un aumento progresivo de mutaciones en el genoma. En la discusión señalan dos piezas clave, la aparición de grandes alteraciones estructurales y la ausencia de recombinación cromosómica, algo que sí ocurre con la reproducción sexual.
Dicho de forma simple, es como fotocopiar una fotocopia durante años. Al principio casi no se nota. Pero llegan cortes y manchas que ya no desaparecen en la siguiente copia.
La reproducción sexual como control de calidad
En una prueba final, las hembras de generaciones cercanas al final se cruzaron con machos. Sus óvulos podían fecundarse, pero la mayoría de los embriones se degeneraba antes de desarrollarse bien.
Aun así, unos pocos embriones sí se “normalizaron” gracias a la meiosis y la fecundación y llegaron a nacer. Es una señal directa de que la reproducción sexual puede depurar parte del daño acumulado en la clonación.
La genetista Sagrario Ortega lo resume con claridad. “Estos hallazgos destacan la importancia de la reproducción sexual en los mamíferos”, porque mezclar material genético ayuda a reparar mutaciones dañinas.
Implicaciones para conservación y sostenibilidad
La clonación se ha presentado muchas veces como un salvavidas para la biodiversidad. Este estudio recuerda que, en mamíferos, no puede sustituir a la reproducción sexual si el objetivo es sostener una especie a largo plazo. (nature.com)
En la práctica, vuelve a poner el foco donde más duele. Sin hábitats sanos y sin poblaciones suficientes, no hay tecnología que aguante la presión de enfermedades, estrés ambiental o un clima que cambia más rápido de lo que nos gustaría.
También hay una cara ética. Una técnica con baja eficiencia implica muchos embriones que no llegan a término y un uso intensivo de animales en laboratorio, algo que explica por qué Montoliu duda de que un experimento así pudiera hacerse hoy en Europa.
Una lección que va más allá del laboratorio
La clonación sigue siendo útil en investigación y en algunas aplicaciones biotecnológicas, pero conviene bajarla del pedestal de solución mágica. Wakayama ha señalado que el método actual necesita mejoras profundas si se quiere evitar que las mutaciones comprometan la salud de los animales.
Y hay una frontera que no se debería cruzar. Ortega lo dice sin rodeos. “La clonación es una herramienta útil en investigación y para ciertas aplicaciones biotecnológicas, pero nunca debería traspasar la frontera de su aplicación en humanos”.
Al final, la naturaleza nos deja una pista bastante terrenal. El sexo no es un capricho evolutivo, es un mantenimiento preventivo del ADN. Y eso, en tiempos de crisis de biodiversidad, no es poca cosa.
El estudio ha sido publicado en Nature Communications.













