El abejaruco (Merops apiaster) es una de las aves más vistosas de nuestra fauna. Perteneciente a una especie de ave coraciforme de la familia Meropidae, lo más característico de esta ave es su plumaje de llamativo colorido. Sus partes dorsales suelen ser rojizas, amarillas y verdosas, mientras que las zonas inferiores son verdosas y azuladas.
Esta curiosa ave es perfectamente reconocible por su canto, ya que se puede oír en la distancia. Observar al abejaruco volandoes un espectaculo maravilloso, por lo incesante de su canto, la viveza de sus colores y un acrobático vuelo en el que no faltan los aleteos a gran velocidad.
La ausencia de grandes desniveles en Doñana implica que los abejarucos deban excavar directamente en el suelo, lo cual los deja vulnerables al pisoteo del ganado que se cría dentro y en los aledaños del parque nacional.
Los abejarucos de Doñana
En el siglo pasado, los abejarucos solían criar en sustratos naturales en la zona de la vera, entre la marisma y el monte mediterráneo, si bien desde hace un par de décadas han trasladado sus nidos hacia las cunetas de pistas y carreteras, algo que puede ser debido a un incremento de la presión ganadera.
A esa es la conclusión a la que llega un estudio desarrollado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), en el que se considera que se trata de «un ejemplo interesante de cómo algunas especies son capaces de adaptarse a hábitats artificiales creados por el ser humano y llegar a preferirlos frente a los hábitats naturales que utilizaban originalmente», ha explicado Marcello D’Amico, investigador de este organismo.
Para realizar el estudio, ha indicado la EBD-CSIC en un comunicado, ha sido muy importante contar con datos históricos de observación. Los cuadernos de campo de ornitólogos de Doñana durante el periodo de 1970 a 1999 habrían registrado al menos 17 colonias de abejaruco con un total de 1543 nidos en estas zonas. Durante estas décadas, sólo se reportó una única colonia fuera de la zona de la vera, junto a una carretera en La Rocina, con aproximadamente 40 nidos, lo que suponía el 2 % de los nidos registrados hasta entonces.
Sin embargo, durante los años siguientes, el personal de la EBD-CSIC comenzó a detectar que los abejarucos comenzaban a anidar cada vez más junto a pistas y carreteras. Se realizaron entonces tres censos de nidos activos de abejaruco, en 2011, 2016 y 2022.
La nidificación aumenta
En 2011, los nidos detectados junto a carreteras constituían el 61 % del total. En el censo de 2016, era ya el 94 % y en 2022, el 97 % de los nidos se localizaban en estos sustratos artificiales. El uso de los bordes de las carreteras para excavar los nidos no es algo inusual en esta especie, sin embargo, aunque la mayoría de carreteras y pistas en Doñana se construyeron entre finales de los 60 y principios de los 70, no fue hasta los años 2000 cuando los abejarucos comenzaron a anidar en sus bordes.
«Este cambio podría estar relacionado con un incremento del impacto de la presión ganadera sobre las colonias situadas en hábitats naturales«, ha explicado Jacinto Román, técnico científico de la EBD-CSIC y primer autor del estudio.
Durante los últimos años de la década de los 90, el número de cabezas de ganado se multiplicó por más de tres en la zona de la vera y esta alta densidad se ha mantenido hasta la actualidad. Hasta la fecha, el equipo científico sólo ha encontrado nidos de abejaruco junto a carreteras de albero y carreteras pavimentadas con un volumen de tráfico bajo o medio, pero no en vías pavimentadas con mucho tráfico o caminos de arena.
«Curiosamente, aunque la cría de abejarucos en pistas y carreteras está muy extendida en Doñana, no todas las infraestructuras parecen ser aptas para albergar colonias«, ha explicado D’Amico, para quien «comprender por qué algunas son utilizadas y otras no, será un paso clave para entender cómo esas aves se adaptan a entornos que, en principio, parecerían hostiles». EFE / ECOticias.com


















