Islandia era uno de esos lugares que parecían jugar con reglas propias. Tenía volcanes, glaciares, noches eternas, veranos de luz casi continua y una rareza que muchos viajeros agradecían sin pensarlo demasiado: no había mosquitos establecidos en su naturaleza.
Ese estatus acaba de cambiar. El Instituto de Ciencias Naturales de Islandia ha confirmado la presencia de mosquitos en el país durante 2025, con ejemplares de la especie Culiseta annulata y nuevas detecciones posteriores. No es una plaga ni una alarma sanitaria inmediata, pero sí una señal incómoda de cómo el calentamiento del clima y el transporte global están moviendo fronteras biológicas que antes parecían casi fijas.
Un hallazgo pequeño
El caso que puso a Islandia en los titulares comenzó de una forma casi doméstica. Entre el 16 y el 18 de octubre de 2025, tres insectos aparecieron en una cinta impregnada con vino tinto usada para atraer polillas en Kiðafell, en la zona de Kjós. No era la escena de una expedición científica enorme. Era una observación atenta.
Björn Hjaltason, aficionado a los insectos, vio algo que no encajaba. Según relató, al atardecer del 16 de octubre observó una «mosca extraña» en la cinta de vino y enseguida sospechó que podía tratarse de algo más. Después recogió otros dos ejemplares y los envió para su identificación.
El resultado fue claro. Eran dos hembras y un macho de Culiseta annulata, una especie de mosquito extendida por buena parte de Europa. Tres insectos parecen poca cosa, pero en un país que durante décadas se citaba como territorio sin mosquitos, el dato pesa. Y mucho.
Islandia no era inmune
La ausencia de mosquitos en Islandia no se explicaba solo por el frío. Esa es la parte interesante. Hay mosquitos en regiones muy frías del planeta, porque algunas especies han aprendido a resistir inviernos duros y a esperar el momento adecuado para completar su ciclo.
El problema islandés era más retorcido para ellos. Los cambios entre congelación y deshielo podían interrumpir el desarrollo de huevos, larvas y pupas. En la práctica, el mosquito podía quedar atrapado en un calendario imposible, como si el invierno y la primavera le cambiaran las reglas a mitad de partida.
Pero esa barrera ya no parece tan sólida. La propia institución islandesa señala que las condiciones ambientales cambiantes, el clima más cálido y el aumento del transporte favorecen la llegada y posible supervivencia de nuevas especies de pequeños animales. No todos se quedan. Pero cada vez más tienen una oportunidad.
La especie identificada
Culiseta annulata no es un mosquito tropical de esos que suelen aparecer en noticias sobre dengue o zika. Es una especie grande, presente en Europa, incluidos países nórdicos y el Reino Unido, y con capacidad para aguantar climas fríos.
La clave está en su forma de pasar el invierno. Según el Instituto de Ciencias Naturales de Islandia, puede sobrevivir como adulto en lugares protegidos, como sótanos, graneros o dependencias. Es decir, no necesita ganar la batalla contra el hielo en campo abierto todo el tiempo. Puede refugiarse. Y eso cambia mucho las cosas.
También conviene poner calma. La especie pica, pero la autoridad islandesa indica que no se considera peligrosa para las personas en ese contexto, ya que no se conocen infecciones transmitidas por ella en esas zonas. Molesta, sí. Una emergencia sanitaria, no con los datos actuales.
El clima abre puertas
El año 2025 no fue un año cualquiera para Islandia. El 15 de mayo, el aeropuerto de Egilsstaðir registró 26,6 ºC, un nuevo récord nacional de temperatura para mayo, dentro de una ola de calor que el servicio meteorológico islandés describió como la más significativa registrada en ese mes. Para un país asociado al hielo, esa cifra llama la atención.
No se puede atribuir un mosquito concreto a una ola de calor concreta de forma automática. La naturaleza rara vez funciona con una sola causa. Pero sí hay una tendencia de fondo. Un estudio publicado en Communications Earth & Environment concluyó que el Ártico se ha calentado casi cuatro veces más rápido que el promedio global desde 1979.
¿Qué significa esto en la práctica para Islandia? Más días suaves, más refugios útiles y más ventanas para que algunos insectos sobrevivan, se reproduzcan o, al menos, sean detectados. El reloj biológico de muchas especies se está reajustando. Y eso se nota.
No fue solo un caso
La actualización más reciente de la memoria anual del Instituto de Ciencias Naturales de Islandia añade un matiz importante. En otoño de 2025, Culiseta annulata apareció por primera vez en la naturaleza islandesa en una trampa de luz en Mógilsá, en Kollafjörður, y poco después también fue identificada en Kjós.
Además, la institución recibió avisos de mosquitos en un establo de Ölfus, donde se recogieron cientos de ejemplares que resultaron pertenecer a Culex pipiens f. molestus. Ese detalle no convierte a Islandia en un país lleno de mosquitos de la noche a la mañana, pero sí demuestra que la vigilancia ya no puede limitarse a una anécdota aislada.
La pregunta ahora no es si apareció un mosquito. Eso ya está confirmado. La pregunta real es si estas especies lograrán establecer poblaciones estables, pasar varios inviernos y reproducirse de manera continuada. Ahí está la diferencia entre una llegada puntual y un cambio ecológico duradero.
Lo que toca vigilar
El Instituto de Ciencias Naturales de Islandia ha pedido a la población que envíe fotografías o muestras si detecta insectos parecidos a mosquitos en otras zonas del país. Esa colaboración ciudadana puede ser decisiva, como ya ocurrió con el hallazgo de Kjós. A veces, la primera señal de un cambio ambiental aparece en una cinta de vino, en un establo o en el jardín de una casa.
Para los lectores, la lección es sencilla. El cambio climático no siempre se ve como una gran imagen de un glaciar rompiéndose. A veces aparece en algo pequeño, incómodo y cotidiano, como un mosquito donde antes no lo había.
El comunicado oficial fue publicado por la Náttúrufræðistofnun.










