En 1902 Hawái introdujo el mangle rojo para frenar la erosión costera: más de un siglo después, esos manglares invasores dificultan la circulación del agua y degradan el hábitat de aves en peligro

Publicado el 24 de septiembre de 2026 a las 07:58
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Manglares de mangle rojo con raíces aéreas en la orilla de un estanque en Oahu, Hawái

En 1902, Hawái introdujo el mangle rojo para estabilizar sus costas. Sus raíces ayudaban a retener el terreno, pero 124 años después estos árboles invasores obstruyen cursos de agua y degradan espacios donde las aves autóctonas buscan alimento y anidan.

La respuesta más reciente llega desde Kailua, en la isla de Oʻahu. El Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái (DLNR) anunció el 25 de agosto de 2026 un proyecto de varios años para recuperar casi 3,2 kilómetros de arroyos y humedales alrededor de Kawainui. La intervención busca mejorar la circulación del agua y proteger el hábitat de las aves.

Una solución que cambió el paisaje

El mangle rojo (Rhizophora mangle) llegó a unas islas donde no existían manglares autóctonos. Un estudio publicado en 2003 y recogido por el USGS documenta que su expansión se aceleró después de los primeros años de la década de 1920, favorecida por la escasa competencia en las zonas entre mareas.

Aquella capacidad para sujetar sedimentos tenía otra consecuencia. Según la documentación del proyecto de Kailua, la acumulación de vegetación invasora dificulta el drenaje y aumenta el riesgo de inundación en los barrios próximos. Un cauce cubierto de verde puede parecer saludable a simple vista, aunque el agua encuentre cada vez menos espacio para salir.

Las aves necesitan zonas abiertas

Los manglares colonizan las superficies fangosas abiertas que utilizan las aves acuáticas para alimentarse y reproducirse. Recuperar esos espacios es uno de los objetivos centrales de la intervención. Para estos animales, la estructura del humedal importa tanto como la presencia de agua.

Entre las aves vinculadas a estos ambientes están el aeʻo, o cigüeñuela hawaiana, y el ʻalae keʻokeʻo, o focha hawaiana. Esta última continúa clasificada federalmente en peligro de extinción, según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.


La situación de la cigüeñuela requiere un matiz actualizado. Desde el 19 de agosto de 2026, su categoría federal pasó de en peligro a amenazada, tras mejorar su estado de conservación. Pero las plantas exóticas, los depredadores y la alteración de los niveles del agua siguen poniendo en riesgo su futuro.

Así consigue extenderse

¿Cómo llega un árbol a ocupar nuevos tramos de costa? El mangle rojo produce propágulos, pequeñas estructuras capaces de originar otra planta, que pueden desplazarse flotando. El agua facilita así su dispersión hacia otros lugares donde arraigar.

Un estudio de 2006 recogido por el USGS comprobó que algunos propágulos podían permanecer a flote durante 60 días y después enraizar y crecer. Por su parte, la investigación de 2003 comparó plántulas bajo distintas condiciones de salinidad y luz, y observó un crecimiento relativamente rápido del mangle rojo en un amplio abanico de ambientes. Son antecedentes científicos que ayudan a entender su expansión actual.

Un trabajo por fases

El proyecto de Kailua reúne al DLNR, la organización local Hui o Koʻolaupoko y otros colaboradores comunitarios. Cuenta con financiación de la Fundación Nacional de Pesca y Vida Silvestre y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. Las jornadas mensuales de voluntariado están previstas a partir del 26 de septiembre de 2026.

La retirada se organizará según el tamaño de las plantas. Los voluntarios se ocuparán de ejemplares pequeños y propágulos, mientras que los árboles grandes quedarán en manos de personal especializado y contratistas.

La continuidad será decisiva para mantener lo recuperado. «La participación de la comunidad será esencial para su éxito a largo plazo», señaló Kristen Nālani Kāne, directora ejecutiva de Hui o Koʻolaupoko, en el comunicado del DLNR.

Qué pasa después de la retirada

El plan contempla recuperar vegetación autóctona en las zonas despejadas y vigilar la aparición de nuevos mangles. La organización también prevé conservar raíces en su lugar para reducir la alteración de los sedimentos y realizar mediciones antes y después de los trabajos. Abrir un cauce exige comprobar qué ocurre aguas abajo.

La protección de las aves condiciona igualmente las actuaciones. La guía para propietarios enlazada por el proyecto recomienda evitar trabajos de gestión junto a nidos activos hasta que los pollos hayan desarrollado la capacidad de volar. Recuperar hábitat requiere respetar a quienes ya lo utilizan.

Cada humedal tiene sus necesidades

Los manglares cumplen funciones valiosas en muchas costas tropicales, como amortiguar temporales y estabilizar el litoral. Incluso en Molokaʻi, un estudio de 2021 encontró peces y crustáceos autóctonos e introducidos en estos ambientes, aunque examinó solo dos zonas de manglar y dos bancos arenosos cercanos. Sus efectos deben valorarse según el lugar.

En Kailua, la prioridad es recuperar cauces funcionales y espacios útiles para las aves, con seguimiento de los cambios que produzca la retirada.

El comunicado oficial sobre esta intervención fue publicado el 25 de agosto de 2026 por el Departamento de Tierras y Recursos Naturales de Hawái.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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