Kalochori, el humedal “joven” que nació por el hundimiento del terreno en los años 60 y hoy es refugio de flamencos junto a Tesalónica

Publicado el: 14 de enero de 2026 a las 12:35
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Praderas de salicornia roja en la laguna de Kalochori, humedal del delta del Axios (Tesalónica), bajo cielo nublado

Un grupo de estudiantes de Biología inventaría aves, invertebrados y plantas en un espacio de la Red Natura 2000 sometido a presión industrial y agrícola.

A apenas ocho kilómetros de Tesalónica, la laguna de Kalochori funciona como una puerta de entrada al Parque Nacional del Delta del Axios y, a la vez, como una prueba incómoda de la contradicción europea entre protección legal y degradación cotidiana. Allí, un grupo de estudiantes de tercer curso de Biología de la Universidad Aristóteles ha convertido una salida docente en un inventario de campo con vocación de diagnóstico. Su conclusión, divulgada en un artículo colectivo, es doble. El humedal alberga una diversidad mucho mayor de la que percibe el visitante ocasional y, al mismo tiempo, sufre un desgaste continuo por vertidos, extracciones de agua y contaminación difusa.



Los autores describen el lugar como un mosaico de hábitats más que como un paisaje uniforme. Ese matiz es decisivo. En un mismo recorrido conviven aguas someras, orillas salobres, fangos, algas y comunidades de plantas halófitas. Es también lo que permite explicar que en una salida de octubre su equipo registrara 44 especies de aves, 20 de invertebrados y 18 de plantas, además de algas, peces, reptiles y rastros de mamíferos. El trabajo subraya un sesgo habitual en la mirada urbana. Los flamencos y los pelícanos actúan como escaparate, pero la “maquinaria” del ecosistema depende de organismos menos visibles. Bajo una piedra, aseguran, llegaron a identificar más de 20 especies, entre ellas platelmintos y poliquetos.

La información divulgada por el propio Parque Nacional sitúa a Kalochori como un humedal costero “de especial interés” pese a estar junto a un gran centro urbano y, precisamente por eso, sometido a presiones constantes. En esa fricción se juega la calidad ecológica del espacio. Kalochori acoge aves y otros organismos durante todo el año y se presenta como uno de los enclaves destacados del conjunto de humedales del delta.



El relato de los estudiantes insiste en un punto más político que naturalista. El deterioro no se expresa sólo en parámetros biológicos, sino en el paisaje social. En tierra enumeran residuos y vertidos, y en el agua señalan descargas urbanas sin depurar, residuos industriales y la huella de actividades antiguas como una zanja asociada a curtidurías. Describen además el efecto de herbicidas y pesticidas vinculados a la agricultura y advierten del impacto de extracciones de agua que alteran hábitats y aceleran la erosión. El texto no aporta mediciones propias de contaminación, pero sí dibuja un patrón de presiones acumuladas que coincide con las amenazas típicas de los humedales periurbanos.

La paradoja se agrava por el marco legal. El Parque Nacional del Delta del Axios forma parte de la Red Natura 2000, el gran instrumento de Europa para conservar especies y hábitats de alto valor. Natura 2000 nace de la Directiva de Aves y la Directiva de Hábitats y se concibe como una red de espacios conectados, no como islas de conservación. La propia existencia de esa red, sin embargo, no evita que la calidad ecológica dependa de decisiones locales y de recursos de gestión. El delta figura además como sitio Ramsar, una etiqueta internacional que reconoce humedales de importancia global.

El contexto ayuda a calibrar la relevancia del caso. La Convención sobre los Humedales advierte, en su Global Wetland Outlook, de una pérdida neta de humedales a escala mundial desde 1970 y de un deterioro creciente de los que permanecen, con impactos directos en biodiversidad, agua y bienestar humano. En ese marco, lo que ocurre en Kalochori no es una rareza griega, sino un episodio reconocible en muchas periferias urbanas europeas. La diferencia es que aquí la naturaleza está a minutos de la ciudad, lo bastante cerca como para ser excursión dominical y lo bastante expuesta como para convertirse en vertedero involuntario.

En su artículo, los estudiantes atribuyen parte del problema a la falta de información ambiental y a una conciencia ecológica débil en el sistema educativo y en la administración local. También citan el trabajo del organismo de gestión del parque, al que reconocen medidas de protección y restauración, aunque insuficientes para revertir la inercia. Es un diagnóstico que no se resuelve con nostalgia. La biodiversidad, recuerdan, no es sólo estética, también sostiene servicios ecosistémicos y actividad económica, desde la pesca hasta la agricultura, y su pérdida termina por volverse contra la ciudad que la ignora.

El “aprendizaje” que proponen no es sentimental, sino metodológico. Mirar un humedal exige cambiar de escala y aceptar que el valor no está sólo en la especie emblemática, sino en las interacciones que hacen posible el sistema. Contar un hecho es explicar también sus antecedentes y consecuencias sin convertir conjeturas en noticia.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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