En el subsuelo árido del norte de Arabia Saudita, un grupo de científicos ha encontrado algo que nadie esperaba ver en pleno siglo XXI, siete guepardos momificados de forma natural y los restos óseos de otros 54 ejemplares escondidos en una red de cuevas cerca de la ciudad de Arar. El hallazgo, publicado en la revista Communications Earth & Environment, demuestra que al menos dos subespecies distintas de guepardo habitaron la península arábiga durante miles de años y aporta información clave para plantear su posible reintroducción en la región.
Hoy este felino ocupa solo una fracción de su antigua área de distribución. Se calcula que ha sido extirpado del 91 por ciento de su rango histórico en África y Asia y que en la península arábiga desapareció hacia los años setenta, en gran medida por pérdida de hábitat, sobrecaza y falta de presas. La subespecie asiática que se pensaba exclusiva de la región queda reducida a una pequeña población en Irán. ¿Qué puede cambiar entonces un puñado de cuerpos secos hallados en unas cuevas del desierto?
Un archivo de 4.000 años bajo la arena
Entre 2022 y 2023, el equipo liderado por Ahmed Al Boug inspeccionó 134 cuevas en una zona kárstica de unos 1.200 kilómetros cuadrados en el noreste saudí. En cinco de ellas aparecieron los restos, concentrados sobre todo en una gran cavidad a la que se accede por un sumidero vertical. En total recuperaron siete guepardos momificados y decenas de esqueletos, algunos de crías, lo que sugiere que las cuevas pudieron funcionar como zona de cría o como trampas naturales de las que los animales ya no podían salir.
La datación por radiocarbono, una técnica que permite estimar la antigüedad de restos orgánicos midiendo el carbono que contienen, sitúa los registros más antiguos en torno a los 4.000 años y los más recientes en unos 130 años antes del presente. Es decir, estas cuevas guardan una historia continua de guepardos que se extiende desde la prehistoria hasta tiempos relativamente recientes.
Las condiciones del interior hicieron el resto. Temperaturas estables, aire muy seco y poca humedad favorecieron la desecación del cuerpo y frenaron la acción de bacterias y carroñeros. Por eso algunas momias conservan aún la forma del cuerpo, las extremidades encogidas y hasta los ojos blanquecinos, algo que varios expertos han descrito como un hallazgo «sin precedentes» en grandes felinos.
Lo que revela el ADN de los guepardos momificados
La parte más novedosa del estudio está en el laboratorio. Por primera vez se han recuperado genomas completos de grandes felinos momificados de manera natural. El equipo logró secuenciar el ADN de tres de los ejemplares, el más joven y dos de los más antiguos, y los comparó con datos genéticos de guepardos actuales de África y Asia.
El resultado rompe una idea que hasta ahora se daba casi por hecha. El individuo más reciente se agrupa genéticamente con el guepardo asiático, Acinonyx jubatus venaticus, que hoy solo sobrevive en Irán. Sin embargo, las muestras más antiguas se parecen más al guepardo del noroeste de África, Acinonyx jubatus hecki. En otras palabras, la península arábiga no fue territorio exclusivo de una sola subespecie sino un cruce de linajes que conectaban África y Asia.
Los autores concluyen que, si Arabia Saudita decide reintroducir guepardos, no tendría por qué depender únicamente de la crítica y pequeña población asiática. Podría considerar individuos de subespecies más próximas a las encontradas en las cuevas, siempre dentro de un marco de conservación responsable y coordinado con los países de origen. Esa mayor flexibilidad genética hace que los planes de rewilding sean, al menos sobre el papel, más viables.
Un paso más en la renaturalización de Arabia Saudita
El estudio se enmarca en un contexto de cambios profundos en la gestión de la fauna del país. En las últimas décadas Arabia Saudita ha declarado más de diez áreas protegidas, ha puesto en marcha programas de restauración de hábitats y ha reintroducido ungulados como el órix árabe o varias especies de gacela en zonas donde llevaban años desaparecidos.
Sin grandes depredadores que controlen a estos herbívoros los ecosistemas tienden a desajustarse. Aumentan las presiones sobre la vegetación, cambia el paisaje y se pierde parte de la biodiversidad asociada. Recuperar a un depredador ápice como el guepardo no es solo traer de vuelta un símbolo, es restaurar una pieza clave del engranaje ecológico.
Naturalmente, no basta con soltar animales y esperar que todo encaje. Los propios autores recuerdan que las causas de la desaparición del guepardo siguen ahí en buena medida, desde el conflicto con ganaderos hasta el comercio ilegal o la caza para ocio. Cualquier proyecto serio de reintroducción tendrá que ir acompañado de corredores ecológicos, control de la caza furtiva, educación ambiental y participación de las comunidades locales. Si no, el riesgo es repetir la historia.
La otra gran lección del trabajo es metodológica. Estas cuevas áridas se revelan como auténticos archivos de biodiversidad perdida. El uso combinado de datación por carbono, tomografías y paleogenómica convierte a las momias en una especie de máquina del tiempo que permite reconstruir cómo era la fauna antes de que existieran censos, cámaras trampa o satélites. Ese mismo enfoque podría ayudar a diseñar programas de rewilding para otras especies en regiones donde las huellas del pasado se han borrado casi por completo.
¿Veremos de nuevo guepardos salvajes corriendo por los desiertos de Arabia Saudita? La ciencia no puede prometerlo, pero sí ofrecer el mapa de dónde estuvieron, qué linajes los habitaban y qué condiciones necesitarían para volver.
El estudio científico completo ha sido publicado en la revista Communications Earth & Environment y puede consultarse en el artículo abierto en inglés «Mummified cave cheetahs inform rewilding actions in Saudi Arabia» disponible en Nature Communications Earth & Environment.




















