Los biólogos no dan crédito: encuentran en el río Tajo varios ejemplares de un animal que pensaban que llevaba años extinto

Publicado el: 11 de abril de 2026 a las 08:01
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Castor europeo nadando en el río Tajo tras su inesperada aparición en España.

En apenas tres años, el castor europeo ha empezado a aparecer en lugares donde nadie lo esperaba. Primero fue en 2022 en el río Tormes, después en 2023 en el Guadalquivir (Jaén) y, más tarde, en 2024 en el Tajo, aguas abajo del embalse de Entrepeñas. Lo más llamativo es que todo apunta a sueltas no controladas y no a una expansión natural.

¿Es una buena noticia para el medio ambiente o una bomba de relojería para algunos usos del río? En otros países se presenta al castor como un “ingeniero” capaz de ayudar frente a inundaciones y sequías, pero España tiene ríos más mediterráneos, con veranos duros y riberas muy humanizadas. Por eso, ahora mismo la palabra clave es una sola: seguimiento.



Un avance que no encaja con una expansión natural

En junio de 2024, el paleozoólogo Marco Ansón vio un castor en el Tajo mientras trabajaba en campo y lo recuerda con una frase muy clara: “Me voló la cabeza”. Esa reacción no es exageración, porque no se trataba de una zona “típica” con registros previos y el hallazgo abría una puerta nueva en la cuenca del Tajo.

La clave está en las distancias y en los huecos entre poblaciones. El artículo científico que documenta el hallazgo en el Tajo sitúa el primer avistamiento en Zorita de los Canes (Guadalajara) y explica que esta nueva localidad está a más de 100 kilómetros de la zona más cercana conocida, lo que hace poco probable una llegada por dispersión natural si no hay citas intermedias.



Esa idea se repite en la conversación pública con un punto de ironía. En un reportaje sobre el caso del Tajo, Ansón llega a decir que “los castores han venido en furgoneta”, precisamente para subrayar que alguien los habría movido de cuenca. Y ahí empieza el problema real: cuando una especie aparece “por su cuenta” (o por la de alguien), la gestión va siempre un paso por detrás.

De especie perseguida a especie protegida

La historia del castor en España tiene un giro difícil de olvidar. En 2003 se detectó una suelta clandestina de 18 ejemplares en la cuenca del Ebro y, durante años, se intentó eliminarlos sin éxito, incluso con más de 200 animales abatidos en comunidades como La Rioja, Navarra y Aragón, según recogen crónicas recientes.

Con el tiempo, el enfoque cambió. En diciembre de 2020, el BOE recogió la incorporación “de oficio” del castor europeo (Castor fiber) al Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, en parte por su inclusión en los anexos de la Directiva Hábitats. En la práctica, esto significa que ya no es una especie a erradicar, sino una especie a gestionar con reglas más estrictas.

Y los números explican por qué el debate ha dejado de ser teórico. En La Rioja, un trabajo publicado en Galemys indica que en 2023 se prospectaron 378 km de ríos, se detectó presencia en 375 km y se estimó una población de 436 a 465 ejemplares. Cuando una especie pasa de “aparece” a “está en casi todo el río”, la convivencia deja de ser un titular y se convierte en planificación.

Cuando el castor actúa como “ingeniero del agua”

Fuera de España, el castor se usa como ejemplo de “solución basada en la naturaleza” porque puede cambiar la forma en que circula el agua. Un estudio de diez años liderado por la Universidad de Exeter y Devon Wildlife Trust, en el suroeste de Inglaterra, midió humedales creados por castores y calculó que almacenaban más de 24 millones de litros de agua en cuatro territorios familiares (unos 6 millones por sitio de media).

Ese mismo trabajo encontró algo muy fácil de imaginar si has visto un río crecer de golpe tras una tormenta. Con datos de estaciones de aforo, concluyeron que presas y humedales de castor pueden reducir los caudales de tormenta una media del 30% durante episodios de lluvias intensas, suavizando el pico de la crecida aguas abajo.

Además, el efecto puede funcionar “al revés” cuando aprieta el verano. El estudio describe que, en periodos secos y calurosos como la sequía de 2022 en Reino Unido, el agua retenida se libera poco a poco, ayudando a mantener caudales locales y creando “oasis” para fauna. Es un mensaje potente, aunque conviene recordar que no todos los ríos responden igual.

España mediterránea, un escenario distinto

Aquí llega el matiz importante. Parte de la evidencia más conocida sobre beneficios del castor viene de Norteamérica o del norte de Europa, y algunos expertos piden prudencia al extrapolarla a la España mediterránea. En palabras recogidas en prensa, se ha estudiado “sobre todo” en esos ambientes y con frecuencia buscando impactos positivos, mientras que en un nuevo contexto habrá ganadores y perdedores.

Incluso en el Tajo ya se apuntan diferencias prácticas. En ese tramo, se ha descrito que los castores europeos no estarían construyendo presas ni las típicas estructuras de madera, aunque sí se observan cambios como la aparición de madera muerta por árboles derribados. Esto importa, porque el tipo de impacto depende mucho de si hay diques, canales, charcas o solo actividad de alimentación y tala.

Aun así, el “efecto refugio” en climas extremos es un campo que se está mirando con lupa. Un estudio sobre megaincendios en las Montañas Rocosas (EEUU) halló que el 89% de las zonas fluviales con presas de castor se clasificaban como refugios frente al fuego, frente al 60% en riberas sin presas. No es una promesa automática para España, pero sí una pista de por qué algunos científicos piden no mirar al castor solo como una molestia.

Qué se puede hacer ahora sin improvisar

Las administraciones tienen dos frentes abiertos. Por un lado, saber cuántos animales hay y dónde están, porque sin ese mapa es imposible anticipar conflictos con huertas, choperas, caminos, infraestructuras o derivaciones de riego. En Castilla-La Mancha, la Consejería de Desarrollo Sostenible ya hablaba de un seguimiento más exhaustivo que incluye incluso la posibilidad de captura y marcaje, precisamente para entender el movimiento de los ejemplares.

Por otro, está el origen. En el artículo científico del Tajo, los autores señalan que la viabilidad de la población es desconocida y que, por la falta de registros entre zonas, consideran más probable una suelta no oficial. Este punto no es menor, porque mover fauna “por libre” también abre la puerta a problemas sanitarios y a impactos inesperados, como advertía el propio equipo en declaraciones recogidas por RTVE.

Y luego está la parte que nos toca como ciudadanos. Si alguien ve un castor o señales claras (ramas roídas, cortezas descortezadas, senderos muy marcados en la orilla), lo sensato es avisar a los agentes medioambientales o al canal autonómico correspondiente y no intentar acercarse ni “ayudar” moviendo al animal. Parece de sentido común, pero en ríos muy visitados siempre hay quien quiere grabar el vídeo perfecto. Y ahí es donde empiezan los líos.

El artículo científico que documenta el primer registro del castor en la cuenca del Tajo ha sido publicado en SECEM.

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Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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