Los pingüinos están cambiando su temporada de cría (tres semanas antes) y los científicos alertan que podrían enfrentar una “trampa ecológica”

Publicado el: 24 de enero de 2026 a las 08:02
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Pingüino papúa en la Antártida incubando sus huevos en la arena debido al adelanto de la temporada de cría por el cambio climático

En solo una década, tres especies de pingüinos antárticos han adelantado su temporada de reproducción hasta más de tres semanas. El cambio no es un simple ajuste de calendario. Es, según los científicos, uno de los saltos fenológicos más rápidos registrados en cualquier ave y puede poner en jaque a todo el ecosistema antártico.

El trabajo, liderado por el proyecto Penguin Watch (Universidad de Oxford y Universidad Oxford Brookes), ha analizado de forma continua el comportamiento reproductor de pingüinos Adelia, barbijo y papúa entre 2012 y 2022. Para hacerlo, instalaron 77 cámaras time‑lapse en 37 colonias de la Península Antártica y varias islas subantárticas, que han estado tomando imágenes cada hora durante todo el año. Cada foto llevaba asociada también una medida de temperatura del aire.



En lugar de fijarse en el primer pingüino que aparece cada temporada, el equipo definió un momento clave llamado “asentamiento de la colonia”. Es la primera fecha en la que el grupo ocupa de forma continua la zona de nidos. Desde ese punto empieza de verdad la temporada de cría. Y ahí es donde han visto el cambio acelerado.

Según el estudio, los pingüinos papúa son los que más se han movido en el calendario, con un adelanto medio de unos 13 días por década y hasta 24 días en algunas colonias. Los Adelia y los barbijos también han adelantado sus asentamientos, alrededor de 10 días en diez años. El propio equipo señala que este ritmo es el más rápido registrado en cualquier especie de ave y probablemente en cualquier vertebrado.



¿Qué hay detrás de este salto temporal? Las cámaras incluyen termómetros, lo que ha permitido medir directamente cómo cambia el clima en las colonias. Los datos muestran que estos lugares se están calentando alrededor de cuatro veces más rápido que la media del continente antártico. En números sencillos, las colonias suman unos 0,3 grados más por año, frente a unos 0,07 en la Antártida en general. Son algunos de los puntos de calentamiento más rápido del planeta.

Los modelos estadísticos del estudio apuntan en buena parte a la temperatura como motor del cambio. En años de primavera más cálida, los pingüinos se asientan antes. También influye la proporción de días por encima de cero grados en octubre, el mes en el que normalmente llegan a las zonas de cría. Además, en el caso de los Adelia, la pérdida de hielo marino invernal cerca de las colonias también se relaciona con un asentamiento más temprano.

Hasta aquí podría parecer una historia de “adaptación rápida”. Pero el propio equipo advierte de que no está claro si este adelanto es realmente beneficioso o si está generando un desajuste peligroso con el resto del ecosistema. El riesgo es sencillo de entender. Si las crías nacen cada vez antes y el kril o el resto de presas no han ajustado su propio calendario, los pollos pueden encontrarse con la “despensa” medio vacía en las primeras semanas de vida.

El autor principal, Ignacio Juárez Martínez, resume el escenario de forma muy gráfica al hablar de “ganadores y perdedores del cambio climático” entre estos pingüinos. Los papúa, más generalistas y de clima templado, ya están expandiendo sus colonias y aumentando en número. En cambio, las poblaciones de Adelia y barbijo, especialistas en hielo y kril, se encuentran en claro retroceso en gran parte de la península Antártica según los datos de seguimiento de colonias.

Esta carrera en el calendario también reduce la separación natural entre especies. Tradicionalmente, Adelia y barbijo empezaban a criar antes y los papúa algo después. Esa especie de “turnos” ayudaba a compartir espacio y recursos. Ahora, con los papúa adelantando más que nadie, aumenta la superposición de fechas y de zonas de nidificación. El equipo ya ha observado casos en los que papúas ocupan nidos que antes usaban Adelia o barbijos, lo que puede intensificar la competencia por el espacio libre de nieve.

Los pingüinos son piezas clave de las cadenas tróficas antárticas. Consumen grandes cantidades de kril, peces y otros organismos y, al moverse entre aguas profundas y superficie, redistribuyen nutrientes que necesitan algas y otros organismos para prosperar. Si se pierden varias especies de pingüinos o se empobrecen mucho sus poblaciones, aumenta el riesgo de un colapso más amplio del ecosistema, algo que los autores califican como una preocupación real para este siglo.

El estudio recuerda además que los cambios de comportamiento suelen ser la señal de alarma más temprana. Tom Hart, coautor y fundador de Penguin Watch, explica que el objetivo de esta red de cámaras es poder vigilar al mismo tiempo cuántos pingüinos hay y cómo reaccionan su comportamiento y su calendario a las amenazas. Es una forma relativamente barata y no invasiva de seguir, año tras año, qué está ocurriendo en una de las regiones más remotas y vulnerables del planeta.

En palabras de la también coautora Fiona Jones, hace falta seguir monitorizando estas colonias para saber si este adelanto récord de las temporadas de reproducción está afectando ya al éxito reproductor de las tres especies. En otras palabras, si la adaptación está siendo suficiente o si los pingüinos están llegando al límite de lo que pueden ajustar.

El estudio ha sido publicado en la revista Journal of Animal Ecology.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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