Un estudio reconstruye la llegada en 1588 del cangrejo de río italiano y reabre el debate sobre si debe seguir siendo una prioridad de conservación
Durante más de medio siglo el llamado cangrejo de río ibérico ha figurado en los catálogos oficiales como especie autóctona y vulnerable en los ríos de España. Un trabajo reciente firmado por el ecólogo Miguel Clavero y la historiadora del arte Alicia Sempere Marín y publicado en la revista Biological Conservation sostiene que ese animal no es nativo de la península sino un cangrejo italiano que llegó a los estanques reales de Felipe II en 1588 y que desde allí se extendió por los ríos ibéricos.
La investigación combina archivos de corte y análisis ecológico para documentar por primera vez la introducción exitosa del cangrejo de río italiano Austropotamobius fulcisianus desde la región de Toscana hasta Madrid. Los autores han localizado una docena de documentos entre 1563 y 1588 que recogen los intentos de abastecer de cangrejos vivos los Reales Sitios y un pago de 300 ducados ordenado por el monarca a un emisario del Gran Duque de Toscana, cantidad similar al sueldo anual de un médico de la época, por haber logrado transportar los animales vivos hasta la corte. Universidad de Murcia
El hallazgo choca con el marco legal que ha guiado durante años la gestión de este crustáceo. La Estrategia para la conservación del cangrejo de río ibérico en España impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y aprobada por la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente en 2024 lo describe como especie autóctona de la fauna española, vinculada al complejo Austropotamobius pallipes, y fija como objetivo reducir de forma drástica su riesgo de extinción.
El documento del ministerio se apoya en trabajos genéticos recientes que interpretan la diversidad de haplotipos del cangrejo ibérico como prueba de un origen nativo en la península y consideran poco probable una introducción histórica desde Italia. La nueva investigación replantea ese relato al mostrar que el cangrejo que hoy ocupa los arroyos españoles comparte linajes con las poblaciones de la Toscana y que su llegada a los estanques de la corte está mejor documentada que muchas introducciones modernas.
La duda no es solo académica. La Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad define las especies exóticas invasoras como aquellas que se introducen o se establecen en un ecosistema donde actúan como agentes de cambio y representan una amenaza para la diversidad biológica, ya sea por su comportamiento expansivo o por el riesgo de contaminación genética. Si el cangrejo italiano lleva cuatro siglos en los ríos ibéricos y ha pasado a desempeñar un papel ecológico relevante, su encaje en esa definición y las medidas de gestión asociadas se convierten en objeto de discusión entre técnicos y científicos.
El propio documento estratégico recuerda que las poblaciones de cangrejo ibérico se reparten hoy entre trece comunidades autónomas y que la especie soporta una presión combinada de sequías, degradación de los cauces, contaminación, pesca ilegal y, sobre todo, de la afanomicosis conocida como peste del cangrejo, enfermedad ligada a la introducción de otros cangrejos de río exóticos que ha arrasado más del ochenta por ciento de sus poblaciones desde los años setenta. Sobre esa base, la Estrategia plantea reforzar núcleos poblacionales, mejorar el hábitat, controlar la expansión de cangrejos foráneos y desarrollar programas de seguimiento, investigación aplicada, educación ambiental y cría en cautividad.
Miguel Clavero sostiene que esos esfuerzos parten de un diagnóstico equivocado porque protegen un linaje que en realidad procede de Italia. En declaraciones recogidas por la Estación Biológica de Doñana y la Universidad de Murcia recuerda que «no tiene sentido que las administraciones sigan tratando al cangrejo de río italiano como una prioridad de conservación» y reclama que se replanteen las políticas a la luz de la evidencia histórica y biogeográfica disponible.
Otros especialistas recuerdan, sin embargo, que catalogar como invasora una especie asentada desde el siglo XVI podría abrir una caja de Pandora científica y jurídica. Argumentan que el tiempo transcurrido y la integración ecológica deberían pesar tanto como el origen geográfico y que el cangrejo ibérico forma parte de paisajes culturales y de economías rurales que se apoyaron durante décadas en su pesca. Señalan además que la Estrategia estatal y numerosos planes autonómicos se han construido sobre la premisa de que se trata de una especie propia y que un giro brusco podría dejar sin cobertura a las pocas poblaciones que sobreviven en buen estado.
Si el cangrejo italiano se incluyera en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, que desarrolla la Ley 42/2007 mediante el Real Decreto 630/2013, quedarían prohibidas de forma general su liberación en el medio natural, su cría y su comercio y se impondría como objetivo la erradicación, o al menos el control estricto, de sus poblaciones allí donde generen impactos. Ese escenario chocaría de frente con la lógica de los programas vigentes, que buscan mantener e incluso ampliar su presencia en cuencas donde todavía subsiste.
El caso del cangrejo de río resume en un solo animal cinco siglos de relación ambivalente con la naturaleza. Lo que en origen fue un signo de sofisticación cortesana en los jardines de Felipe II se convirtió después en recurso gastronómico campesino, más tarde en símbolo de la pérdida de biodiversidad fluvial y ahora en posible ejemplo de especie exótica protegida por error.
El trabajo de Clavero y Sempere forma parte de una corriente creciente que combina historia y ecología para reconstruir mejor la distribución pasada de la biodiversidad y ajustar las políticas de conservación a esa información. Más allá de si el cangrejo de río ibérico termina considerado autóctono, naturalizado o invasor, el debate obliga a la administración a revisar sus supuestos y al lector a hacerse una pregunta incómoda sobre qué queremos proteger exactamente cuando hablamos de naturaleza.















