En cuanto abril se asoma, hay un sonido que vuelve a los cielos de campos y riberas. Es el reclamo del abejaruco europeo, un migrador transahariano que regresa entre marzo y abril tras pasar el invierno en África tropical.
Su vuelta no es solo un espectáculo para quien mira al cielo. SEO/BirdLife señala que ya está entrando en la cornisa cantábrica y en zonas bajas de Pirineos, un movimiento que encaja con el calentamiento del clima. Y aunque en Europa figura como especie de preocupación menor con tendencia estable, con una población estimada entre 7,37 y 11,2 millones de ejemplares maduros, en España los seguimientos apuntan a un declive que no conviene ignorar.
De marzo a septiembre
El abejaruco no «aparece» por casualidad. Según SEO/BirdLife, abandona sus territorios de cría hacia mediados de agosto y vuelve al año siguiente en marzo o abril, así que lo normal es verlo durante la primavera y el verano. En la práctica, es ese pájaro que cruza por encima cuando vas en coche por una carretera secundaria o cuando paseas por caminos abiertos.
Es del tamaño de un zorzal y tiene un pico largo algo arqueado, una cola alargada y un plumaje que parece pintado a mano. En una página del Ministerio se describe como un ave esbelta y muy colorida, que suele criar en colonias en zonas de suelos blandos donde excava túneles para anidar. Si lo oyes en vuelo, lo reconocerás enseguida.
El norte se calienta
Durante años, su presencia era casi continua en la península, pero con vacíos claros en Galicia, la región cantábrica y los Pirineos. Eso está cambiando y no es una anécdota. SEO/BirdLife apunta a que la penetración en la cornisa cantábrica y en áreas bajas pirenaicas ya es una realidad que se interpreta en relación con el cambio climático.
El trabajo de 2021 sobre la especie en España recoge que su área de reproducción aumentó un 7% al comparar los atlas de 1998 a 2002 y de 2014 a 2018. Ese mismo resumen habla de un descenso medio anual del 0,8% entre 1998 y 2019 y, aun con estimaciones aproximadas, SEO/BirdLife calcula hoy unos 2,6 millones de ejemplares frente a casi 6 millones en 2004 a 2006. En el fondo, puede estar ganando terreno y, a la vez, perdiendo densidad.
Insectos en el menú
El nombre no engaña, su dieta se basa en insectos que captura al vuelo. SEO/BirdLife destaca que se alimenta sobre todo de abejas y avispas, además de moscardones y libélulas, y por eso a veces entra en conflicto con la apicultura. Nadie quiere perder abejas justo cuando más falta hacen en el campo.
¿Puede un pájaro frenar una invasora? SEO/BirdLife indica que el abejaruco también caza a la avispa asiática (Vespa velutina) y por eso se plantea como «posible colaborador», aunque no sustituye otras medidas. Además, la estrategia del Ministerio sobre Vespa velutina lo incluye entre los depredadores potenciales que conviene estudiar junto a otras aves.
Taludes que valen oro
El abejaruco necesita un detalle muy concreto para criar. Busca cortados y taludes de consistencia arenosa, desde riberas de ríos y barrancos hasta canteras abandonadas o márgenes de carreteras, y ahí excava su nido. Es un recordatorio de que la biodiversidad a veces depende de lugares que pasamos por alto.
La excavación es casi una obra de ingeniería a escala de ave. SEO/BirdLife explica que la pareja cava una galería de 50 a 200 centímetros y que, durante ese trabajo, puede llegar a desgastar hasta un tercio del pico y a sacar unos 10 kilos de tierra, algo que puede llevar de 10 a 14 días. Si en plena época de cría se arregla un camino, se mueve un talud o se abusa de insecticidas, el impacto llega rápido.
Nidos protegidos y multas
Aquí conviene pararse un segundo, porque afecta a cualquiera. La Ley 42/2007 prohíbe actuaciones con el propósito de «darles muerte, capturarlos, perseguirlos o molestarlos», y también la destrucción o deterioro de nidos y lugares de reproducción. La norma también deja claro que esa prohibición alcanza a nidos, crías y huevos, incluso cuando los huevos estén vacíos.
Además, el BOE recoge sanciones que pueden ser serias. La norma fija que las infracciones graves se sancionan con multas de 3.001 a 200.000 euros, según el caso. Si un nido aparece en un talud de una finca, en una obra o cerca de una vivienda, lo prudente es avisar a agentes medioambientales o a la autoridad local y mantener distancia.
El informe «European Red List of Birds 2021», donde se recoge el estatus del abejaruco en Europa y su población estimada, ha sido publicado por BirdLife International.













