El plástico que ensucia el mar suele aparecer como parte del problema. Esta vez, sin embargo, unas pequeñas botellas PET reutilizadas han servido para reducir en un 88 % la captura accidental de delfines en redes de pesca colocadas cerca del fondo frente al sur de Brasil. La pesca comercial de las especies objetivo, además, no disminuyó.
La idea parece casi demasiado sencilla, pero tiene una base física clara. El aire atrapado dentro de las botellas refleja los clics de ecolocalización de los delfines y hace que una red de nailon, casi invisible bajo el agua, resulte más fácil de detectar. Eso sí, el resultado no puede trasladarse sin más a cualquier pesquería.
Una red casi invisible
Las redes de enmalle forman una pared de hilos finos que atrapa a los peces cuando intentan atravesarla. Para un delfín o una marsopa, esa barrera puede devolver una señal acústica muy débil, sobre todo si el animal está buscando alimento o se mueve en un entorno con mucho ruido.
El problema es serio porque estos mamíferos necesitan salir a la superficie para respirar. Cuando quedan enredados, pueden lesionarse o morir ahogados, y la captura accidental es una de las mayores amenazas para numerosos cetáceos costeros. Entre ellos está la franciscana, una especie vulnerable que vive frente a Brasil, Uruguay y Argentina.
Cómo funciona una botella
Las botellas utilizadas estaban vacías, cerradas y conservaban aire en su interior. Ese pequeño volumen de aire funciona como un reflector pasivo, ya que devuelve mejor el sonido de los clics del delfín y puede advertirle de que delante hay una red. No emite una alarma electrónica ni pretende expulsar al animal de la zona.
Los investigadores también probaron botellas de vidrio con una pieza metálica en su interior para producir un sonido al moverse. Pero el resultado más sólido llegó con botellas PET pequeñas usadas como reflectores en redes de fondo. Según la Universidad de Newcastle, quedaron sujetas con firmeza y no se perdió ninguna durante los ensayos.
El dato del 88 %
El estudio principal siguió operaciones pesqueras realizadas entre noviembre de 2020 y abril de 2025. Los científicos compararon 170 lances sin botellas con 148 lances equipados con estos reflectores, un total de 318. Al ajustar los datos según la longitud de la red y el tiempo que permaneció en el agua, la captura accidental de delfines cayó un 88 %.
La pesca útil para las embarcaciones se mantuvo estable. La captura media fue de 107 kilos en las redes de control y de 118 kilos en las redes con botellas, una diferencia que no resultó estadísticamente significativa. Para un pescador que vive de lo que llega a puerto, no es un detalle menor.
Los delfines seguían allí
Los equipos de seguimiento acústico registraron una presencia similar de clics de franciscanas cerca de las redes con botellas y de las redes convencionales. Esto sugiere que los reflectores no alejaron a los animales de su hábitat, sino que les ayudaron a reconocer el peligro y esquivarlo con más tiempo.
No es una grabación directa de cada maniobra del delfín, por lo que conviene mantener el matiz. Pero la combinación de una actividad acústica parecida y una captura accidental mucho menor encaja con la explicación propuesta por los autores. El mar seguía siendo suyo, pero la red dejaba de ser una trampa tan silenciosa.
No funciona en cualquier red
Un trabajo anterior probó botellas de plástico y de vidrio en 1668 lances realizados en Zanzíbar, Perú y Brasil. En las pesquerías con redes próximas a la superficie no se observó una reducción de la captura accidental de delfines, marsopas o tortugas. En Zanzíbar, de hecho, no se capturó ningún delfín ni en las redes de control ni en las tratadas.
Los investigadores creen que el agua superficial es un entorno acústico más ruidoso y dinámico, capaz de ocultar parte del eco que devuelve la botella. También aparecieron efectos distintos sobre otras capturas, como más atunes en Zanzíbar y más tiburones con botellas de plástico en Perú. Por eso, cada arte, profundidad y especie necesita su propia prueba antes de adoptar el sistema.
Una opción para la pesca artesanal
Los dispositivos acústicos electrónicos ya se utilizan para advertir a algunos cetáceos, pero su precio, las baterías y el mantenimiento dificultan su expansión en muchas flotas pequeñas. Una botella reutilizada no necesita electricidad y puede conseguirse casi en cualquier puerto. En el fondo, lo que busca el proyecto es una medida que proteja a los animales sin poner en riesgo el sustento de los pescadores.
«Es una solución sencilla que beneficia tanto a los delfines como a los pescadores que utilizan estas artes», explicó Per Berggren, profesor emérito de conservación de megafauna marina en la Universidad de Newcastle. La participación de las comunidades pesqueras también fue esencial, ya que los ensayos se realizaron durante jornadas reales de trabajo.
Una buena idea con límites claros
Los resultados abren una vía barata y fácil de probar, especialmente en redes asentadas cerca del fondo. Aun así, falta comprobar su duración durante años, su eficacia en otras especies, la separación adecuada entre botellas y el riesgo de efectos no deseados sobre tiburones u otros animales. Ya hay nuevas pruebas en marcha en pesquerías de Camboya y Congo.
Tampoco significa que el plástico se haya vuelto inocuo para el océano. Aquí se reutiliza un residuo ya existente, se fija al aparejo y se controla para que no termine flotando a la deriva. La clave no es llenar el mar de botellas, sino aprovechar el aire que contienen para hacer visibles unas redes que hoy son demasiado fáciles de no ver.
El estudio principal ha sido publicado en Marine Mammal Science y el ensayo internacional previo puede consultarse en Fisheries Research.



