Los ecologistas lo celebran: EEUU, China y Alemania consiguen convertir el plástico usado en gasolina

Publicado el: 1 de abril de 2026 a las 20:42
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Boquilla de combustible vertiendo gasolina tras proceso de conversión de plástico usado en hidrocarburos.

Cada vez que vaciamos la bolsa de envases o cambiamos un cable viejo, una parte de ese plástico termina lejos de nuestra vista. Y el problema es que, a escala global, el reciclaje real sigue siendo minoritario y gran parte del residuo acaba en vertederos, incineradoras o mal gestionado.

Un equipo internacional con investigadores de East China Normal University, Pacific Northwest National Laboratory, la Universidad de Columbia y la Universidad Técnica de Múnich propone una salida diferente. Su estudio, publicado en Science, describe cómo convertir mezclas de residuos (incluido el PVC) en hidrocarburos del rango de la gasolina y recuperar el cloro como HCl en una sola etapa y a baja temperatura. ¿Podría esto abrir una puerta para ese plástico que hoy no tiene salida?



Por qué el PVC es el mayor dolor de cabeza

El PVC está en tuberías, perfiles, suelos vinílicos y en muchos aislamientos de cableado. Es un material útil, pero su final de vida se complica cuando llega mezclado con otros plásticos, con aditivos o con suciedad.

La razón es el cloro. El propio trabajo recuerda que rutas como la incineración o la pirólisis, y buena parte del reciclaje químico del PVC, suelen exigir una descloración previa y a alta temperatura para evitar la liberación de compuestos clorados peligrosos.



La idea clave del proceso

La propuesta se basa en una reacción “en tándem” que junta varios pasos que normalmente se harían por separado. El objetivo es acoplar la eliminación del cloro y la ruptura de enlaces carbono carbono con reacciones que aporten hidrógeno y ayuden a que el balance energético sea favorable.

Para lograrlo, el equipo utiliza líquidos iónicos cloroaluminatos como catalizadores y añade isoalcanos ligeros (isobutano o isopentano) que se obtienen como subproductos de refinería. Los autores plantean que así podría encajar con operaciones ya existentes en el mundo del refino.

Las cifras que están llamando la atención

En su propia descripción, el equipo habla de “upgrading discarded PVC into chlorine-free fuel range hydrocarbons and HCl in a single-stage process”. Dicho en sencillo, transformar PVC desechado en hidrocarburos sin cloro y recuperar HCl sin ir saltando de etapa en etapa.

En residuos postconsumo, la figura del estudio muestra un 95% de conversión sólida para tubería blanda a 30 ºC en 25 minutos y hasta un 99% para tubería rígida (30 ºC, 30 minutos) y cable de PVC (30 ºC, 2 horas). Cuando se mezcla PVC con botellas de polietileno, reportan un 96% de conversión sólida a 80 ºC en 2 horas. No es poca cosa.

El papel del HCl en la economía circular

Aquí está el giro del PVC. En lugar de dejar que el cloro contamine la corriente orgánica, el proceso intenta sacarlo y recuperarlo como HCl, que en agua se convierte en ácido clorhídrico.

Los autores señalan que ese HCl recuperado puede neutralizarse o reutilizarse en procesos como la oxicloración para producir nuevo PVC, además de sus usos industriales habituales (tratamiento de agua o metalurgia, por ejemplo). Eso, al menos sobre el papel, ayuda a cerrar el ciclo del cloro en vez de tratarlo como un residuo peligroso sin salida.

Lo que implica para el CO2 (y lo que no)

Conviene no confundir “reciclar en combustible” con “eliminar emisiones”. Si ese combustible se quema, el carbono vuelve a la atmósfera como CO2, así que no sustituye a reducir el consumo de plástico desde el origen.

El matiz es que apunta a flujos que hoy no se reciclan bien por estar mezclados o contaminados. Si consigue desplazar parte de la demanda de materias primas vírgenes en ciertos usos, puede mantener el carbono ya extraído circulando durante más tiempo, aunque no sea la solución perfecta.

Qué falta para verlo en plantas de reciclaje

El salto del laboratorio a una planta es el tramo difícil. En mezclas reales entran aditivos e impurezas que pueden cambiar la velocidad de reacción o acumularse en la fase del líquido iónico, y eso obliga a estudiar estabilidad y regeneración del catalizador.

También hay detalles de ingeniería que pesan. En los ensayos se usa diclorometano (DCM) para diluir el líquido iónico y bajar la viscosidad, y el propio artículo indica que puede reciclarse por destilación, pero eso hay que demostrarlo con números y equipos a escala.El siguiente paso lógico son proyectos piloto y análisis completos de coste y huella. 

El estudio ha sido publicado en Science.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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