No hace falta dramatizar todavía, pero los científicos han encontrado microplásticos en la bilis humana por primera vez y los han vinculado al daño celular

Publicado el: 5 de mayo de 2026 a las 09:36
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Muestra de bilis analizada en laboratorio con presencia de microplásticos en estudio científico.

La contaminación por plásticos ya no se queda en playas, ríos o mares. Cada vez aparecen más pruebas de que esas partículas diminutas entran en el cuerpo humano y pueden terminar en lugares que hasta hace poco casi no se miraban. Ahora, un estudio de investigadores chinos ha encontrado microplásticos en todas las muestras de bilis humana analizadas. Y eso cambia el foco.

No hace falta caer en el alarmismo, pero tampoco mirar hacia otro lado. La investigación sugiere que la bilis puede actuar como un reservorio de microplásticos y que estos materiales podrían afectar a las células de los conductos biliares. En la práctica, hablamos de una zona clave para la digestión y para el funcionamiento del hígado. No es poca cosa.



Qué han encontrado en la bilis humana

El trabajo fue publicado en la revista Environmental Science and Ecotechnology y analizó muestras de pacientes del Hospital Popular de Dongguan, en China. Los investigadores detectaron microplásticos en todas las muestras estudiadas, tanto en personas con cálculos biliares como en el grupo de control.

Entre los materiales detectados aparecen polímeros muy comunes en la vida diaria. El estudio destaca la presencia de tereftalato de polietileno, conocido como PET, y polietileno, dos plásticos asociados a envases, botellas y bolsas. Es decir, objetos que cualquiera ha tenido en la mano más de una vez.



Lo más llamativo es la diferencia entre grupos. Los pacientes con cálculos biliares presentaban una carga mayor de microplásticos que quienes no tenían esa patología, según los datos del estudio. Esto no significa que los microplásticos sean la única causa de las piedras en la vesícula, pero sí abre una pregunta incómoda.

Por qué la bilis importa tanto

La bilis no es un líquido cualquiera. Ayuda a digerir las grasas y forma parte de un circuito que conecta hígado, vesícula, intestino y metabolismo. Si algo se acumula ahí, los científicos quieren saber qué hace y cuánto tiempo permanece.

Hasta ahora, buena parte de la atención sobre los microplásticos se había centrado en el intestino, la sangre o incluso los pulmones. Este nuevo trabajo apunta a otro lugar del cuerpo que podría estar funcionando como una especie de zona de paso y almacenamiento. Y ahí entra el sistema biliar.

¿Qué significa esto para una persona normal? Que la contaminación por plásticos no solo es un problema ambiental que vemos cuando aparece basura en una playa. También puede estar relacionada, en buena parte, con procesos internos que aún estamos empezando a entender.

El vínculo con los cálculos biliares

Los cálculos biliares se forman cuando ciertas sustancias de la bilis, como el colesterol, se agrupan y se solidifican. A veces no dan síntomas, pero otras provocan dolor, inflamación y operaciones. Quien lo ha sufrido sabe que no es una molestia menor.

En este estudio, la bilis de pacientes con cálculos tenía más carga de microplásticos que la del grupo sin cálculos. Los autores plantean que estas partículas podrían influir en la fluidez de la bilis o facilitar procesos que favorezcan la formación de piedras. Pero aquí conviene ser prudentes.

El estudio no demuestra por sí solo que los microplásticos causen cálculos biliares en humanos. Lo que sí hace es señalar una asociación y un mecanismo posible. Y eso, en ciencia, suele ser el primer paso para investigar más a fondo.

El daño que se ha visto en las células

La parte más inquietante del trabajo aparece cuando los investigadores miran lo que ocurre dentro de las células. Según el estudio, una exposición prolongada y a bajas dosis de nanoplásticos puede empujar a los colangiocitos hacia un estado de senescencia. Dicho de forma sencilla, son células que envejecen antes de tiempo y dejan de funcionar bien.

Los colangiocitos recubren los conductos biliares. Si estas células sufren, el tejido también puede resentirse. Los investigadores observaron señales de disfunción mitocondrial, con más estrés celular y menos producción de energía. Las mitocondrias son como las pequeñas centrales eléctricas de la célula. Si fallan, todo se complica.

La nota científica resume que la exposición a nanoplásticos provocó aumento de especies reactivas de oxígeno, alteración de la dinámica mitocondrial y reducción de ATP, que es la energía básica de la célula. Suena técnico, pero el mensaje de fondo es claro. El plástico no parece ser un simple pasajero.

La melatonina aparece como posible protección

El estudio también probó la melatonina en modelos celulares. Esta sustancia, conocida sobre todo por su relación con el sueño, actuó como antioxidante y ayudó a reducir parte del daño observado en las células expuestas a nanoplásticos.

Esto no significa que tomar melatonina sea una solución para los microplásticos. Sería un salto demasiado grande y los propios datos no permiten recomendar un tratamiento clínico. De momento, es una pista de laboratorio, no una receta médica.

Aun así, el hallazgo tiene interés. Si una sustancia puede proteger parcialmente las mitocondrias, los investigadores pueden estudiar nuevas estrategias para reducir el daño celular. Pero el reloj corre más deprisa que la política ambiental.

Lo que todavía no sabemos

La investigación tiene una limitación importante. La muestra humana fue pequeña, con 14 donantes, por lo que hace falta repetir el trabajo con más personas, en más hospitales y con poblaciones distintas. Sin eso, no se puede saber hasta qué punto estos resultados se repiten en la vida real.

También quedan preguntas sobre la exposición diaria. ¿Cuánto llega por el agua? ¿Cuánto por los alimentos? ¿Cuánto por el aire que respiramos en ciudades con tráfico, polvo y materiales sintéticos por todas partes? La respuesta probablemente no sea una sola.

Lo que sí parece claro es que reducir el uso innecesario de plásticos sigue siendo una medida sensata. Menos envases de usar y tirar, más control en alimentos y agua, y mejor vigilancia ambiental. No elimina el problema de golpe, pero ayuda a cortar la entrada.

Qué debemos tener en cuenta ahora

La lectura más responsable es esta. El estudio no dice que todas las personas vayan a enfermar por tener microplásticos en la bilis. Tampoco permite señalar un producto concreto como culpable directo. Pero sí muestra que estas partículas llegan a un fluido corporal importante y pueden alterar células clave en modelos experimentales.

Para los ciudadanos, el mensaje es sencillo. Conviene evitar calentar comida en plásticos no adecuados, reducir botellas y envases desechables cuando sea posible, ventilar bien los espacios cerrados y apoyar normas que limiten la contaminación plástica desde el origen. Porque al final, lo que acaba en el entorno puede acabar también dentro de nosotros.

El estudio oficial ha sido publicado en la revista Environmental Science and Ecotechnology.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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