Un camión de basura por segundo: así crecerá la contaminación por plásticos en el planeta si no se actúa antes de 2040, según un nuevo informe global

Publicado el: 24 de enero de 2026 a las 18:44
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Montones de basura plástica desbordando contenedores en una calle urbana, símbolo del colapso del sistema de residuos

Si el mundo sigue funcionando como hasta ahora, en 2040 cada segundo caerá al medio ambiente el equivalente a un camión de basura lleno de plásticos. La actualización del informe global de The Pew Charitable Trusts, “Rompiendo la ola de plástico 2025” (“Breaking the Plastic Wave 2025”), estima que la contaminación anual pasará de 130 a 280 millones de toneladas métricas en solo 15 años.

¿Y qué significa esto en la práctica para alguien que vive en la UE o en cualquier ciudad costera de España? Que no hablamos solo de bolsas en la playa, sino de lo que respiras, lo que comes y la salud de tus pulmones y tu corazón.



El informe no se queda en las bolsas de supermercado. Pew calcula que los impactos en la salud asociados a la producción, los residuos y la contaminación del plástico harán que la población mundial pierda 5,6 millones de años de vida saludable en 2025 y 9,8 millones en 2040, un aumento del 75 %. El plástico está presente a lo largo de todo su ciclo de vida, desde las chimeneas de las petroquímicas hasta el humo de las quemas a cielo abierto que respiran las comunidades más vulnerables.

El informe “Rompiendo la ola de plástico 2025” advierte que, sin medidas, la contaminación plástica crecerá más del 100 % en 15 años (The Pew Charitable Trusts).

Detrás de cada envase o envoltorio hay química. El informe identifica más de 16.000 sustancias presentes en productos plásticos y más de una cuarta parte se consideran potencialmente dañinas para la salud humana. Muchas son disruptores endocrinos que interfieren con el sistema hormonal y se usan en envases de alimentos, utensilios de cocina, juguetes o cosméticos. Estudios citados por Pew relacionan este cóctel con cáncer, enfermedades cardiovasculares, asma, problemas de fertilidad y alteraciones del desarrollo cognitivo.



El problema no es solo lo que tiramos, sino cuánto seguimos produciendo. En el escenario de “seguir como siempre”, la producción anual de plástico virgen sube un 52 %, de 450 a 680 millones de toneladas de aquí a 2040, mientras que la capacidad de gestión de residuos solo crece un 26 %. Resultado en la vida real, más contenedores desbordados, más vertederos saturados y más residuos que acaban en ríos, suelos o quemados a cielo abierto.

En términos de clima, el dato es igual de incómodo. Si el sistema global del plástico fuese un país, en 2040 sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del planeta. Las emisiones asociadas al plástico aumentarían un 58 %, hasta 4,2 gigatoneladas de CO₂ equivalente al año, y el 86 % proviene de la propia producción de plástico. Es decir, no basta con reciclar mejor, hay que abrir el grifo de la producción y cerrarlo en parte.

La buena noticia es que el informe no se queda en la alarma. En su escenario de “Transformación del sistema”, aplicando políticas conocidas a lo largo de todo el ciclo de vida del plástico, la contaminación global podría reducirse un 83 % para 2040. La producción de plástico virgen bajaría un 44 % respecto a la trayectoria actual, y las emisiones anuales de gases de efecto invernadero vinculadas al plástico se reducirían un 38 %. Los impactos en salud caerían un 54 %, los gobiernos ahorrarían 19.000 millones de dólares al año en gestión de residuos y se crearían 8,6 millones de empleos. No es poca cosa.

El capítulo más esperanzador está en los envases, la parte que vemos cada día en la compra. La contaminación procedente de envases plásticos, hoy la mayor fuente de residuos, podría caer un 97 % hasta quedar en menos de 1,7 millones de toneladas si se generalizan sistemas de retorno y rellenado y se eliminan los plásticos de un solo uso de baja utilidad. La reutilización explica dos tercios de esa reducción y obligaría a redirigir cerca de 570.000 millones de dólares del gasto privado desde envases desechables hacia modelos reutilizables, con nuevos negocios y empleos asociados. En otras palabras, volver (actualizado) a algo tan familiar como la botella que se devuelve, se lava y se rellena.

Los microplásticos son el capítulo más escurridizo. Según Pew, ya representan el 13 % de la contaminación plástica global y podrían pasar de 17 a 26 millones de toneladas anuales en 2040, con fuentes principales en el polvo de neumáticos, la pintura, los plásticos agrícolas y el propio reciclaje. En las economías de altos ingresos llegarían a suponer el 79 % de toda la contaminación plástica. El informe muestra que políticas específicas (neumáticos menos abrasivos, textiles que desprendan menos fibras, alternativas al acolchado plástico en agricultura, filtros en plantas de reciclaje y depuradoras) podrían recortar estos flujos un 41 %, pero más de la mitad seguiría sin control.

Para cambiar de rumbo, los autores plantean cuatro grandes líneas de acción. Reducir la producción y el uso de plástico, eliminando subsidios, fijando objetivos de reducción y frenando nuevas plantas cuando ya hay capacidad de sobra. Repensar la química y el diseño de los productos, con listas de sustancias más seguras, pruebas antes de que los aditivos salgan al mercado, envases pensados para la reutilización y la reciclabilidad y menos tipos de polímeros para no volver loco al reciclaje. Ampliar sistemas de gestión de residuos que integren a los recicladores informales que hoy recuperan gran parte del plástico en países de renta baja. Y, por último, exigir transparencia a lo largo de toda la cadena de suministro para saber qué se produce, con qué químicos y dónde terminan esos materiales.

Hay un detalle que el informe subraya y que a menudo se pasa por alto. Retrasar cinco años el inicio de esta transformación significaría fabricar 1.100 millones de toneladas extra de plástico virgen, añadir 540 millones de toneladas más de plástico al medio ambiente y emitir 5,3 gigatoneladas adicionales de CO₂ equivalente de aquí a 2040, además de encarecer un 23 % las facturas públicas de recogida y eliminación de residuos. El problema es que el reloj corre más deprisa que la política.

Mientras tanto, cada decisión cuenta. El tipo de envase que elegimos, la presión que ponemos a las marcas para que ofrezcan opciones reutilizables, el apoyo o rechazo a leyes que limiten el plástico innecesario y sus químicos más tóxicos. Pero, sobre todo, la señal que enviamos a quienes negocian el futuro tratado global sobre plásticos, que necesitará apoyarse en datos como estos y no en buenas intenciones vacías.

El informe completo “Breaking the Plastic Wave 2025 (Rompiendo la ola de plástico 2025)” ha sido publicado en The Pew Charitable Trusts.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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