Edificios que no arden

Recientemente se ha presentado un nuevo recubrimiento en aerosol, que no solo resulta muy barato, sino que además no es tóxico y podría marcar la diferencia a favor de la seguridad contra incendios en las nuevas edificaciones sostenibles.

Innovación ignífuga

Durante décadas la única solución que los fabricantes han encontrado para evitar que las construcciones sucumbieran al fuego era agregar retardantes a los materiales que se emplean para la construcción, ya fueran plásticos, aceros, cementos, maderas, etc. El problema es que este tipo de productos solían tener altos índices de toxicidad, resultaban muy caros y no siempre eran eficientes.

Un equipo de investigadores procedentes de China y Australia han logrado desarrollar un nuevo retardante para el fuego que, al ser expuesto a altas temperaturas y calor extremo forma una capa de una sustancia cerámica similar a la lava endurecida, de forma que sofoca el fuego y lo detiene, evitando su propagación.

Lo más destacable según sus propios creadores es que los materiales con los que se fabrica este producto no son ni costosos ni tóxicos, por lo que el equipo confía en que su invención se imponga con facilidad y ayude a que los nuevos edificios no solo sean verdes y de construcción sostenible, sino que también resulten seguros contra el fuego.

Un nuevo retardante

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Para conseguir la fórmula de dicho retardante de llama, los investigadores se inspiraron en la lava, ya que antes de conformar las rocas ígneas tras su enfriamiento, ésta es capaz de moverse puesto que sus componentes no sólo toleran el calor, sino que gracias a él pueden fluir. Así nació esta capa no inflamable, que evita que las llamas alcancen los materiales inferiores y que también resiste la conducción del calor.

Con el fin de crear su propia versión de los retardantes los científicos usaron varios polvos de óxidos metálicos (de silicio, calcio, sodio y aluminio) con los que fabricaron una mezcla que recién comienza a derretirse cuando supera los 350ºC y acaba conformando una lámina similar al vidrio. Luego agregaron pequeñas escamas de nitruro de B (Boro) para que le diera capacidad de fluir y finalmente le agregaron una sustancia aglutinante del resto de los componentes.

La mezcla conseguida es soluble en agua produciendo un líquido de color blanco lechoso, que puede rociarse en una gran variedad de superficies y materiales, como metales, maderas, espuma aislante y un largo etc. Para probar su eficacia rociaron varias muestras de distintas materias primas y una vez secas aplicaron un soplete de butano a 1100ºC durante medio minuto. En todos los casos el recubrimiento se derritió en un líquido viscoso, que acabó formando una lámina vítrea continua.

No se emitieron gases combustibles y al quemarse, el revestimiento aumentó su densidad y una vez que se enfrió formó una capa de carbón no combustible y uniforme, que detuvo eficazmente la propagación de las llamas impidiendo que llegasen hasta los materiales que se encontraban debajo.

Resultados esperanzadores

Uno de los productos más novedosos y con mayor eficacia que se consiguieron fue el aislante fabricado con espuma de polímero rígido pulverizado con el nuevo retardante de llama, puesto que se consiguió un nivel de eficacia muy superior al esperado, por lo que los científicos afirman que la protección que brinda es significativamente mejor a la que ofrecen los aislantes comunes.

En principio no solo no es tóxico y tiene una gran eficiencia, sino que además resulta muy sencillo de aplicar y tiene un rendimiento muy bueno, lo que lo hace aún más económico. Sus descubridores creen que podría convertirse en un aliado estratégico universal, a la hora de proteger los edificios de todo el mundo contra el fuego.

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