El corcho y sus múltiples beneficios

El tapón de corcho en vinos y cavas contribuye a enriquecer el perfil organoléptico del vino o cava aportando un gran valor añadido; es un producto medioambientalmente sostenible y supone una fuente importante de ingresos y empleo a nivel estatal. A través de la iniciativa Cork, formada por instituciones y patronales españolas del sector del corcho, nos hemos unido para dar a conocer el tapón de corcho y sus principales valores y beneficios, tanto a nivel medioambiental y económico como cultural.

El corcho y el vino: el tándem perfecto

   El 92% de los españoles prefiere el tapón de corcho para botellas de vino y cava y lo considera el mejor cierre, según un estudio elaborado este año entre la población. Y es que el tapón de corcho proporciona al vino y al cava el cierre perfecto porque se adapta perfectamente al cuello de la botella, gracias a la elasticidad y compresibilidad del corcho dejando a su vez microoxigenar el vino. La combinación entre el tapón de corcho y la barrica aporta un valor diferencial importante a los vinos y cavas, ya que permite que éstos evolucionen y maduren de manera natural, aspectos que sólo posibilita el tapón de corcho.

   A nivel de salud y bienestar, los tapones de corcho han probado su inocuidad alimentaria durante centenares de siglos. Es más, en contacto con el vino, éstos pueden generar compuestos saludables como la «acutissimina A», un fuerte agente anticancerígeno.

   Existen gran variedad de tapones de corcho. Por ejemplo, los de vino suelen ser de una sola pieza de corcho natural. Sin embargo, el tapón de cava o vinos espumosos pertenece a la categoría de tapones técnicos, elaborados por un cuerpo de corcho aglomerado y de uno a tres discos de corcho natural en uno de sus extremos.

El corcho es territorio, cultura y medio ambiente

   Desde la extracción hasta la producción, el proceso de producción del tapón de corcho es medioambientalmente sostenible. En su proceso productivo, y teniendo en cuenta el análisis del ciclo de vida, que implica la extracción de la materia prima hasta la distribución final, pasando por la preparación y fabricación hasta su reciclaje éste no tiene ningún competidor.

   Los estudios que miden la huella ecológica de la industria del corcho son contundentes en este sentido. Los bosques de alcornocales son un freno al cambio climático: representan un almacén de CO2, la preservación de valores paisajísticos, un freno a la desertización, el ciclo del agua, entre otros. Su extracción no causa ningún impacto negativo, ya que no requiere la tala del árbol. Los alcornoques tienen la capacidad de regenerar la corteza de corcho que se les ha extraído sin producir contaminación alguna (es una actividad absolutamente sostenible social, ambiental y económicamente). La «saca» del corcho se realiza por medios manuales y no requiere maquinaria muy específica, si no conocimientos y técnica. El corcho es un material natural, orgánico, renovable y biodegradable.  

Industria propia y en constante evolución

   Los sistemas de producción y de gestión de la calidad, además de la tecnología más vanguardista, han convertido esta industria en una de las pioneras del territorio español, con una importante inversión en I+D.

   La producción del tapón de corcho es un complejo proceso que exige un riguroso control en las diversas fases del producto. La garantía de dicho control en la fabricación del tapón de corcho tiene como principales objetivos obtener una funcionalidad adecuada del tapón, la inocuidad del corcho y la eficiencia de los procesos productivos.

   En España existen 506.000 hectáreas de alcornocales que representan un 25% del total mundial, de donde se extraen 88.400 toneladas de corcho. Éstas representan el 30% de la producción de corcho a nivel mundial. A nivel empresarial, el sector cuenta con unas 150 empresas que ocupan en total a alrededor de 2000 trabajadores que asciende a 3000 durante la saca. Produce 3.000 millones de tapones, de los cuales 1.300 millones se destinan a espumosos y 1.700 a los vinos. Del total de la facturación del sector corchero español, 350 millones de euros, más del 50% pertenece a exportación, datos relevantes a tener en cuenta.

   Pero más allá de los puestos de trabajo y de su elevado valor económico y ambiental, el sector del corcho nos enriquece con un patrimonio cultural muy relevante. Nuestra arquitectura, gastronomía, asociacionismo, artesanía, hábitos y costumbres, modismos lingüísticos y un largo etcétera conforman un legado que está muy vivo y que entre todos debemos saber conservar y enriquecer.

   «El corcho no solo es el mejor cierre posible técnicamente, sino que representa unos valores, una manera de entender la vida y una voluntad de proteger el territorio y convivir con él».

   Sergi Sabrià es el portavoz de la iniciativa Cork.

ECOticias.com – ep

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