Centros de autofabricación a nivel local Una opción más sostenible

Barcelona abrirá dos ateneos de fabricación para reactivar la producción local. Pero, ¿qué quiere decir «ateneos de fabricación»? Últimamente, el rapid manufacturing, autofabricación o impresión 3D ha dejado de ser un concepto, cercano a la ciencia ficción, y comienza a ser una realidad cada vez más aplicada en productos concretos. Pero, ¿qué es la impresión 3D? ¿Y por qué puede suponer una nueva revolución industrial, tal como explica Chris Anderson en su libro Makers. The new industrial revolution?

La fabricación directa consiste en un conjunto de técnicas, tecnologías y métodos que permiten la manufactura rápida, flexible y competitiva de piezas y prototipos, moldes, matrices, productos finales, etc.; directamente a partir de información electrónica. Se trata, en definitiva, de la impresión directa de sólidos. Fabricar lo que quieres y necesitas, cuando quieres y como quieres. Los colores, los tamaños (aunque no demasiado voluminosas, por piezas), y el material; lo eliges tú. La primera reacción cuando escuchas o lees esta definición es: «guau, yo quiero una impresora de esas y poder fabricar ese vestido que no existe, esa silla con la base más amplia, aquella cama de medidas inexistentes, aquella cuchara más larga, o aquel zapato más ancho y con agujeros «. En realidad, todos somos diseñadores en potencia. Nos adaptamos a los productos que nos ofrece el mercado. Somos poco o nada proactivos, pero ¡es que no podemos! Escogemos aquellos productos que más se parecen a lo que tenemos en mente, pero pocas veces, por no decir nunca, encontramos aquel «render» mental … nos conformamos con los diseños que existen … porque no tenemos alternativa. Pero, ¿y si esta alternativa existiese?.

Por otra parte, la impresión 3D también puede suponer una revolución en cuanto a la reutilización de materiales ya existentes, los cuales han tenido la mala suerte de formar parte de productos mal diseñados, que no han pensado en qué pasará con ellos cuando finalice su ciclo de vida. Resulta que estos materiales (de momento, el cobre, el plástico y la madera) pueden ser reutilizados y reciclados en la fabricación directa de nuevos productos. De hecho, uno de los primeros ecodiseños que escribí para Sostenible.cat fue la RD4, la silla fabricada 100% con plástico reciclado. Aunque no se trataba de impresión 3D, sí recuerda a la reutilización de materiales en desuso para la creación de nuevos productos. Un proceso cíclico y cerrado. Naturalmente, habrá que evaluar a nivel ambiental los procesos necesarios para reutilizar los materiales ya existentes (su transporte, su transformación, etc.). ¿Resultará muy caro? ¿Ambientalmente el balance será positivo? ¿Se generarán puestos de trabajo dedicados a este nuevo sector industrial?

En definitiva, si unimos fabricación local, con materiales locales y reciclados, con la opción de crear objetos propios… surge una nueva revolución industrial y una nueva generación de «makers».  No obstante, esta tecnología todavía resulta demasiado cara, aunque su precio está bajando de manera acelerada. Según el artículo de Technology Review «Se busca: Un botón de imprimir para los objetos en 3D» : «A la tecnología aún le queda un largo camino que recorrer, ya que fabricar objetos en impresoras domésticas es lento y caro. Para imprimir una manzana de plástico sólido en la impresora doméstica de MakerBot que cuesta 2.000 dólares (unos 1.500 euros), se tardan siete horas y loa materiales cuestan 50 dólares (unos 38 euros), así que no es competencia para los artículos de plástico baratos que se fabrican en China».

Además, no todos somos capaces de diseñar un modelo 3D. De momento, podemos imprimir modelos ya hechos, pero no es lo mismo. En el anterior artículo de Technology Review destacan que «el mayor obstáculo para una revolución de la impresión 3D es que pocos consumidores o diseñadores son capaces de manejar el software utilizado para renderizar objetos y convertirlos en archivos imprimibles» y que por lo tanto «el gran cambio se dará en cómo aprende la gente a usar la tecnología para desarrollar todo su potencial».

Tomás Díez, director del Fab Lab Barcelona (Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya), propone la reutilización de los residuos para que vuelvan a formar parte de la cadena productiva. El plástico, el metal y muchos otros materiales ya usados suponen una potencial materia prima. En este sentido, el potencial reciclador de la impresión 3D está por descubrir, y para ello se abrirán los dos primeros ateneos de fabricación, situados en los barrios barceloneses de Les Corts y Ciudad Meridiana. Estos formarán parte de la red mundial de FabLab que el Massachusetts Institute of Technology (MIT) creó en 2000 y que hoy se compone de más de 130 laboratorios en todo el mundo. El objetivo es que «en el futuro haya, al menos, un FabLab por distrito, es decir, unos 10 para toda la ciudad». Centros de fabricación local que aprovechen los recursos y «residuos» locales para crear productos específicos autodiseñados. Eso sí que suena a revolución industrial, pero esta vez, a escala local. De manera distribuida. Implicando a todos los agentes sociales. Aprovechando todos los recursos existentes. Los próximos meses (mayo y junio), el Fab Lab Barcelona organiza diversos workshops relacionados con esta tecnología: construir un skate desde el principio hasta el final, diseñar textiles a través de la tecnología digital, y acercar la autofabricación a los más pequeños; son algunos de los talleres que acercarán la impresión 3D a profesionales del diseño y a la ciudadanía en general (y a las futuras generaciones).

* Adaptación del artículo «La impresión 3D, una manera de reciclar más productiva» de la web de diseño sostenible y social, Quincalla.org.

 

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