Greenpeace denuncia que los grandes barcos dedicados a la pesca de arrastre son los «verdaderos asesinos de los océanos» ya que destruyen corales milenarios, capturan especies no deseadas y amenazan ecosistemas que tardan siglos en recuperarse.
En la pesca también hay «asesinos de océanos» como remarcan desde Greenpeacce para poner nombre y apellidos a la práctica del arrastre de fondo. La organización ecologista ha llevado su protesta hasta el puerto de Marín, en Pontevedra, para denunciar la labor que hacen los grandes arrastreros a la hora de acabar con la biodiversidad que está bajo las aguas.
Esta protesta con todas sus letras ha tenido como destinatario el Voyager, un buque de 79 metros de eslora que se construye en Galicia para la compañía pesquera neozelandesa Talley’s y que está llamado a convertirse en el mayor arrastrero de su flota. Un «asesino del océano» que supone una amenaza para la vida que hay en los fondos marinos.
La industria de la pesca que arrasa con el océano
La protesta no es una simple acción simbólica. «Mientras científicos y organizaciones ambientales reclaman proteger los ecosistemas submarinos, la industria siga invirtiendo en barcos cada vez mayores y con capacidad para intensificar la extracción de recursos. El objetivo de la campaña es reclamar a Nueva Zelanda que prohíba la pesca de arrastre de fondo en sus montes submarinos y en las aguas internacionales del Pacífico Sur», explican los responsables de Greenpeace.
Tal y como apuntan desde esta organización ecologistas, las redes que se usan en esos casos no hacen sino seguir arrastrando fondos marinos que quedan totalmente devastados. Todos los hábitats que encuentran a su paso se acaban convirtiendo en un simple recuerdo hasta que ya no queda nada de arrecifes de coral que en algunos casos incluso son milenarios.
Pero el daño es mucho mayor y no solo va a la parte física del fondo de los océanos. Las redes acaban de igual manera desgarradora con numerosas especies que quedan atrapadas. Basta un dato del horror: según el informe MAS de Greenpeace, publicado el verano del año pasado, los arrastreros congeladores pueden llegar a descartar hasta el 62,3% de sus capturas.
El negocio al que nada le importa y sigue con ingresos millonarios
Las redes que se usan en esos casos no hacen sino seguir arrastrando fondos marinos que quedan totalmente devastados. Todos los hábitats que encuentran a su paso se acaban convirtiendo en un simple recuerdo hasta que ya no queda nada de arrecifes de coral que en algunos casos incluso son milenarios.
La organización también señala el historial de la compañía Talley’s. Según Greenpeace, algunos de sus barcos han protagonizado episodios controvertidos: el Amaltal Apollo faenó en 2018 en una zona protegida del Lord Howe Rise, mientras que el Amaltal Mariner fue condenado en 2019 por pescar con redes de arrastre en una reserva marina de Nueva Zelanda.
«Construir un nuevo superarrastrero supone apostar por la continuidad de un modelo que debería transformarse. No tiene sentido seguir aumentando la capacidad extractiva mientras los ecosistemas marinos necesitan protección urgente», reclaman desde Greenpeace, al tiempo que abogan por defender la pesca artesanal que tiene menos impacto ambiental. Sin embargo, no recibe el mismo apoyo que la pesca industrial.
Por tanto, la solución que se pone sobre la mesa es sencilla y la pelota que se lanza a las administraciones para que tomen medidas más pronto que tarde: prohibir la pesca de arrastre en los ecosistemas más vulnerables, ampliar las áreas marinas protegidas y destinar recursos a modelos pesqueros más sostenibles. De esta manera no sería necesario hacerse la pregunta de si es sostenible seguir con un modelo de pesca que destruye los hábitats de los fondos marinos.












