Un robot para reemplazar habilidades perdidas

Recientemente, un robot ayudó a un tetrapléjico a afeitarse por primera vez después de 10 años; sin embargo, incluso los mejores ayudantes mecánicos aún necesitan supervisión.

Henry Evans se ha afeitado por primera vez desde que una apoplejía lo dejara mudo y parcialmente paralizado hace 10 años. Este logro se ha producido gracias a las investigaciones realizadas en el campo de la robótica, y no de la medicina, y demuestra el enorme potencial que tienen los robots para ayudar a personas con discapacidades.

Sin embargo, también demuestra cuánto trabajo queda aún por hacer para que los robots puedan trabajar de cerca con los humanos. Cada vez que Evans utiliza el robot, debe estar acompañado por ingenieros listos para intervenir si algo sale mal.

Las técnicas que se están desarrollando para hacer frente a este reto también podrían resultar útiles en fábricas, donde podrían permitir a los seres humanos y a los robots trabajar más estrechamente en tareas de fabricación complejas.

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Evans ha estado utilizando un robot de dos brazos con ruedas conocido como PR2, que fue creado por el laboratorio privado de investigación Willow Garage.

Evans opera el robot moviendo un cursor en la pantalla con movimientos de la cabeza, y haciendo clic en un botón con un dedo. Los ingenieros de Willow Garage y el Laboratorio de Robótica de la Salud del Instituto de Tecnología de Georgia (Georgia Tech , en Estados Unidos) construyeron una interfaz de usuario especial que se ejecuta en el ordenador de Evans para que pueda controlar el robot y las vistas desde las cámaras situadas en la cabeza y los brazos.

Evans puede tomar el control directo y dirigir los movimientos de su base con ruedas y de los brazos. También puede hacer clic en las imágenes de video de la cámara para comunicar al robot dónde posicionar una de sus pinzas, o por dónde agarrar un objeto.

Puede, por ejemplo, rascarse la cara haciendo clic allí donde su cabeza aparece en el video. Eso hace que la pinza del robot se mueva lo suficientemente cerca como para que él frote su cara contra ella. Fue capaz de afeitarse de una manera similar gracias a una afeitadora eléctrica colocada en la pinza del robot. También pudo utilizar el robot para mover objetos y ponerlos en cajones en otra habitación.

«Cada vez que dejamos solo a Henry, es incapaz de hacer ni una sola cosa por sí mismo», afirma Steve Cousins, director general de Willow Garage. «Estamos mostrando cómo los robots podrían devolver la autonomía a las personas en esa situación». Cousins espera reclutar y que se unan al proyecto de investigación más personas que pudieran beneficiarse de la asistencia robótica.

Sin embargo, a pesar de las posibilidades que ofrece la utilización del robot, Evans aún no se puede quedar a solas con PR2. «La primera vez que quiso rascarse la nariz, nos dio miedo», admite Cousins. Los ingenieros deben estar ahí en todo momento por si algo sale mal, afirma, debido a la rudimentaria conciencia del robot y a la vulnerabilidad Evans. «Queda mucho trabajo por hacer hasta llegar a un punto en el que pueda hacer cosas como rascarse o afeitarse por sí mismo», afirma.

Hacer que el robot sea lo suficientemente seguro como para quedarse a solas con Evans requerirá que sea capaz de responder a las órdenes de manera más inteligente, y que haga frente a problemas imprevistos, como que una persona se interponga en su camino.

Algunas de estas mejoras ya están en desarrollo. Los ingenieros de Willow Garage, y un investigador del Instituto Politécnico Rensselaer (EE.UU.), desarrollaron recientemente un software que permite al robot averiguar por sí mismo cómo agarrar mejor un objeto (ver vídeo).

A pesar de los desafíos, el hardware de última generación de Willow Garage muestra el potencial de los robots como ayudantes para personas con discapacidades, asegura Rajiv Dubey, profesor del grupo de Rehabilitación Robótica de la Universidad del Sur de Florida. Su grupo de investigación está trabajando en un brazo robótico que se adhiere a una silla de ruedas y ha realizado experimentos para permitir que personas completamente paralizadas manejen robots utilizando interfaces cerebro-ordenador.

Afortunadamente, los robots no necesitan tener un nivel humano de inteligencia para ayudar a personas como Evans. «No es necesario que todo sea autónomo», explicó Dubey. «Incluimos a un humano en la ecuación y se pueden combinar las capacidades cognitivas de la persona con las computacionales del robot».

En el futuro, esto podría significar que la persona a cargo de un robot tendría que ayudarlo, indicándole exactamente dónde debe estar, o la forma de agarrar algo. Otras veces, el robot es el que sería de ayuda, por ejemplo evitando que una taza se derrame cuando la persona tome el control directo del brazo del robot con el fin de sorber de la taza.

 

www.technologyreview.es – Tom Simonite – Francisco Reyes

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