Exceso de sudoración por el uso de calzado de mala calidad

Ángel Orejana, responsable del Servicio de Patología de la Clínica Universitaria de Podología de la Universidad Complutense de Madrid, profundiza en la podología pediátrica

Dentro de la especialidad de la podología hay un ámbito poco conocido, el que se ocupa del pie del niño y de sus afecciones más comunes. Se trata de la podopediatría o podología pediátrica, una subespecialidad compleja y a la vez con grandes posibilidades ya que los especialistas se encuentran a tiempo de mejorar patologías que, de tratarse en edad adulta, solo podrían acogerse a medidas de carácter paliativo o quirúrgico. Ángel Orejana, responsable del Servicio de Patología de la Clínica Universitaria de Podología de la Universidad Complutense de Madrid, ha participado en el 43 Congreso Nacional de Podología que se celebra desde hoy en Valladolid y ha explicado a DiCYT las particularidades de este ámbito clínico.

 

Pregunta. ¿En qué consiste la subespecialidad de la podología pediátrica? ¿de qué edades se ocupa?
Respuesta. Dentro de lo que es la edad pediátrica, hasta los 14 años aproximadamente, se distinguen dos o tres bloques diferenciados. Uno son los neonatos, durante el primer año de vida, donde el principal campo de diagnóstico y tratamiento son las deformidades congénitas o las malformaciones en los pies. En un segundo bloque están los niños en torno a los 3-8 años donde los principales motivos de consulta y problemas que se abordan son los pies planos y los patrones rotadores internos durante la marcha, es decir, que el niño camine con los pies o las puntas de los pies volcadas hacia dentro. Luego habría un tercer bloque de niños desde los 8 hasta el final del crecimiento, aproximadamente los 14 años, donde priman las consultas vinculadas a dolor, la presencia de centros de osificación que están o bien apareciendo o bien en desarrollo, sobre todo en el calcáneo, y patologías que no han sido tratadas durante periodos anteriores y que se están empezando a manifestar clínicamente en forma de dolor, dificultades en la práctica deportiva, cansancio, fatiga o molestias en las piernas.

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P. ¿Cómo se tratan las patologías que aparecen en los primeros años de vida?
R.
Hay unas edades en las que parece que se puede tratar todo simplemente con crecer. Ahí hay una ventana de discusión y de duda profesional, si se deben tratar o no, y el mensaje que llega muchas veces a la sociedad es que es pronto para tratar, pero en ocasiones también te encuentras con que cuando llegan a la consulta hay posibilidades de corrección con métodos no cruentos. Pienso que esa ventana debería explorarse un poco mejor con estudios que nos aclararen los criterios de intervención, eso es quizá una de las cosas que se debería pulir de cara a dar mejor cobertura sanitaria a la sociedad.

P. ¿Se ha avanzado en los últimos años en estos métodos de corrección?
R. Hay dos tipos de métodos de corrección, los conservadores y los quirúrgicos. En los últimos años la evolución de los tratamientos ortopédicos ha ido fundamentalmente enfocada a diseñar nuevas plantillas y materiales más tolerables por parte del paciente. Se trata así de evitar las complicaciones dolorosas o dérmicas que producían las plantillas en las primeras semanas de adaptación y que permiten mantener el pie en una posición adecuada para lograr los objetivos de corrección. A nivel de férulas y otros tratamientos ortopédicos la evolución ha sido más escasa y también han evolucionado más las terapias infantiles de fisioterapia.

P. ¿Qué prevalencia tienen las patologías podológicas en edad infantil?
R. Hay pocos datos numéricos, aunque claramente hay dos malformaciones comunes al nacer. Una es el pie equinovaro, la malformación por excelencia del pie de la que hay muchos artículos científicos publicados. En esta patología en los últimos 10 años sí ha habido un importante cambio en la tendencia terapéutica. Si revisas artículos de hace más de 10 años la tendencia era cirugía en un porcentaje superior al 50 por ciento y en los últimos años, con la instauración del método Ponseti, la tendencia es un tratamiento conservador con yesos seriados que han reducido el número de cirugías y sobre todo la trascendencia del gesto quirúrgico, pequeños gestos asociados a un tratamiento conservador que reduce muy bien la mayor parte de la deformidad. La segunda malformación más importante es el metatarso aducto que, si se trata antes de que el niño empiece a caminar, tiene un pronóstico excelente independientemente de la severidad de la misma. A partir del segundo año de vida más de un tercio de los casos no se corrige bien.

P. ¿Notan un aumento en el número de patologías vinculadas al uso de calzado de mala calidad?
R. Hay un incremento de patología vinculada al exceso de sudoración en edades infantiles debido al uso de calzados con mala transpiración. Creo que es importante entender que calzado con mala transpiración no es sinónimo de deportivo, sino de la calidad del material. Es más, probablemente haya más calidad en deportivos que en zapatos de vestir de gama baja, pero en cualquier caso sí notamos un incremento de las patologías vinculadas al exceso de sudoración.

P. ¿Cuáles son los síntomas clínicos de estas patologías?
R. Muchas veces los síntomas clínicos no son molestos para el niño. Fundamental es el mal olor, el mayor riesgo de infecciones fúngicas a nivel del pie y a nivel de las uñas. Luego la predisposición a la presencia de lesiones por maceración de la planta del pie. Por ello el niño no se queja especialmente, es más el padre o la madre el que se da cuenta. En ocasiones también ese exceso de sudoración produce eczemas, que son más visibles y evidentes y algunas veces dan lugar a fisuras en la piel, grietas o heridas que sí son más sintomáticas. A partir de los 5-8 años, cuando se produce un mayor incremento de la sudoración, y luego en el periodo adolescente, coincide con los picos de mayor incidencia de lesiones infecciosas como papilomas, de modo que algunas veces el no tener un control de esta sudoración puede favorecer la aparición de este tipo de infecciones.

P. ¿Cada cuánto tiempo se debe llevar a un niño al podólogo?
R. Según está e sistema sanitario en España, en principio los screening más importantes van a ser siempre realizados a través de una consulta de pediatría. No obstante, sí es cierto que en torno al tercer año de vida es el momento más interesante para empezar a acudir a revisiones. Después, la periodicidad de las revisiones la tiene que marcar el podólogo en función de los datos clínicos del niño, no todos tienen que venir una vez cada seis meses o al año, a veces hay niños que cada dos años el control es suficiente. Lo normal es empezar a los tres años y realizar revisiones de control y evaluación del tratamiento cada seis meses o un año. Antes de los 3 años lo normal es que haya un motivo clínico que, fundamentalmente, no es el pie volcado hacia dentro sino la punta del pie metida hacia dentro. Las marchas con patrón rotador interno son normalmente las enfermedades que más se dan en esta ventana de tiempo entre el año y los 4 años y que menos se manejan terapéuticamente porque los ángulos de rotación del miembro inferior por evolución fisiológica tienden a abrirse. Hay niños que con ese patrón de marcha, sobre todo si es de origen tibial, necesitan tratarse desde el primer año de vida porque los pronósticos de corrección son mejores.

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