La Luna era parte de la Tierra

El gran impacto que, se cree, formó el sistema Tierra-Luna ha sido aceptado como canónico.

Un nuevo estudio llevado a cabo por el Southwest Research Institute (SwRI) de Estados Unidos da cuenta de la similitud en la composición isotópica de oxígeno entre la Tierra y la Luna, algo que ayuda reafirma la teoría acerca de que el satélite se formó tras un gran impacto.

   El gran impacto que, se cree, formó el sistema Tierra-Luna ha sido aceptado como canónico. Sin embargo, un gran desafío para la teoría ha sido que la Tierra y la Luna tienen las mismas composiciones isotópicas de oxígeno, a pesar de que los  anteriores modelos del impacto indicaban que debería diferir sustancialmente.

   En el escenario de un gran impacto, la Luna se habría formado con escombros expulsados y organizados en un disco que orbita la Tierra, tras la colisión de un proto-planeta menor contra la Tierra primitiva. Los modelos anteriores encontraron que la mayor parte del material de este disco se habría originado desde un cuerpo impactante del tamaño de Marte, cuya composición probablemente difiere sustancialmente de la de la Tierra.

   Los nuevos modelos desarrollados por el equipo de SwRI, dirigido por Robin Canup, implican cuerpos de impacto mucho mayor de los que antes se consideraban. En las nuevas simulaciones, publicadas por ‘Science’, tanto el impactador como el destino son de masa comparable, con cada uno conteniendo alrededor de 4 a 5 veces la masa de Marte.

   La simetría de la colisión provocó la composición del disco, al ser extremadamente similar a la del manto del planeta definitivo, sobre una gama estudiada de ángulos de impacto y velocidad relativamente amplia, y en consonancia con las similitudes de composición Tierra-Luna.

   Los nuevos impactos habrían producido que la Tierra girara de 2 a 2,5 veces más rápido de lo que implica el actual momento angular del sistema Tierra-Luna, contenido tanto en la rotación de la Tierra como en la órbita de la Luna.

   Sin embargo, en un documento adjunto elaborado por las investigadoras Matija Cuk y Sarah T. Stewart, demuestran que la interacción resonante entre la Luna y el Sol temprano -conocida como la resonancia de evección- podría haber disminuido el momento angular del sistema Tierra-Luna poco después del impacto que formó el satélite.

   «Al permitir un impulso inicial mucho más alto del sistema angular Tierra-Luna, el trabajo de Cuk y Stewart permite que, por primera vez, los impactos puedan producir directamente un disco apropiadamente enorme, y con una composición igual a la del manto del planeta», dice Canup.

   «La probabilidad final de cada escenario de impacto deberá ser evaluada para mejorar los modelos de formación de planetas terrestres, así como una mejor comprensión de las condiciones necesarias para el mecanismo de resonancia de evección», ha concluido.

innovaticias.com – ep

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