La desigualdad económica incrementa los trastornos mentales

Países con altos niveles de desigualdad como Estados Unidos y Reino Unido tienen una proporción mayor de enfermos mentales que Nigeria, Noruega o Países Bajos

La estrecha relación existente entre pobreza y salud es evidente. Las personas más pobres enferman más y mueren antes que las ricas, un hecho que ha sido estudiado en las últimas décadas por la comunidad científica internacional a partir de diversas variables y desde distintos puntos de vista. Uno de ellos es la correlación entre desigualdad económica y enfermedad mental, un objeto de investigación que ha dado resultados muy significativos en los últimos años. Así, estudios recientes ponen de manifiesto que países desarrollados con altos niveles de desigualdad, como Estados Unidos y Reino Unido, tienen una proporción mayor de enfermos mentales que países como Nigeria, Dinamarca o Noruega, con una brecha menor.

 

El doctor en Psicología Fernando Pérez del Río, coordinador Terapéutico de Proyecto Hombre Burgos, ha publicado un artículo en el último número de la revista Norte de Salud Mental, de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN), en el que revisa todos los trabajos publicados sobre desigualdad y salud mental en la última década. Según explica a DiCYT, se trata de investigaciones realizadas mayoritariamente por países anglosajones en las que se analizan las mismas variables.

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“He localizado 20 estudios, ninguno de ellos en castellano, y dos variables que son importantes. La primera es que una mayor desigualdad entre ricos y pobres aumenta el porcentaje de enfermedad mental. La cohesión social se rompe y la desigualdad genera mucha tensión. La segunda variable se relaciona con los valores que tenga esa sociedad, ya que no es lo mismo ser pobre en un país pobre que ser pobre en un país rico. Es mucho más problemático y enfermizo ser pobre en un país rico”, detalla.

 

En relación con la primera de las variables, el estudio concluye que el grado interno de igualdad o desigualdad económica que presenta un país condiciona directamente la salud mental de sus ciudadanos. Por ello, Estados Unidos o Reino Unido presentan más problemas de salud mental que Suecia, Finlandia o los Países Bajos, por ejemplo, países con bajos niveles de desigualdad. “La desigualdad económica favorece el aumento de los trastornos mentales y contribuye a crear una sociedad ansiógena, estresada y frágil. No olvidemos que el trastorno mental también es una construcción social”, apunta el investigador.

 

Respecto a la segunda de las variables, la asociada con los valores de la sociedad, “está demostrado que ser pobre y vivir en una zona rica puede resultar más dañino para la salud que ser aún más pobre pero vivir en una zona de extrema miseria”. Esto tiene que ver, agrega, con la visión de la pobreza y el fracaso en cada una de estas sociedades. “Cuando se desprecia esa situación, las personas pobres sienten vergüenza y tienden a aislarse de los demás y a alejarse de la comunidad, puesto que el fracaso se tiende a esconder, tanto más si ese fracaso está asociado al estigma de ser un dependiente o un parásito social”. Por ello, “cuanto menos se desprecia la pobreza o el fracaso más sana es una sociedad”.

 

En la misma línea, Pérez del Río concluye que los países más comunitarios y con menos diferencias económicas entre sus habitantes, aquellos que dan más importancia al grupo y gozan de mayor movilidad social (entendida como movimientos individuales o grupales que se producen en el sistema de clases), “son a la postre los países más sanos”.

 

Enfoque comunitario de las enfermedades mentales

 

En opinión del investigador, el abordaje de esta situación pasa por favorecer políticas comunitarias que primen la cohesión y la igualdad. “Debemos dar importancia a los aspectos sociales más educativos que terapéuticos, a los tratamientos integrales y no parcializados, al apoyo grupal y familiar y a los grupos de apoyo mutuo y, a la colaboración de los voluntarios en los dispositivos asistenciales”. En definitiva, añade el autor, estos trabajos “invitan a poner en práctica un enfoque comunitario de las enfermedades mentales frente a modelos individualistas y deterministas”.

 

En cuanto a los próximos pasos a dar en esta línea de investigación, Pérez del Río considera que se debería abordar el tipo de enfermedades mentales asociadas a la desigualdad económica. Asimismo, está interesado en profundizar en la relación entre desigualdad y consumo de drogas. La hipótesis de partida sería que a mayor desigualdad social mayor consumo de drogas, tesis a la que apuntan los pocos estudios realizados en esta línea.

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