El análisis de imagen de un chicle masticado mide la capacidad de triturar alimentos

Investigadores de la Clínica Odontológica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca han desarrollado un sistema pionero

Investigadores de la Clínica Odontológica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Salamanca han desarrollado un sistema pionero de análisis de imagen que, a partir de un chicle masticado, determina el rendimiento masticatorio que tiene un paciente. El test es muy sencillo, porque el sujeto sólo tiene que masticar el chicle y gracias a programas informáticos los profesionales pueden saber de manera objetiva si tiene una capacidad de masticar aceptable con una prótesis, un implante o cualquier otro tratamiento dental al que haya sido sometido.

 

Javier Montero, investigador de la Clínica Odontológica, intenta evaluar desde hace tiempo el grado de satisfacción que ofrecen las terapias, pero generalmente la valoración es subjetiva, ya que es muy difícil establecer parámetros que se puedan medir externamente. En este caso, un trabajo de fin de grado de su alumno Juan Delgado Martínez propone un sistema para realizar una valoración funcional, “una prueba de rendimiento masticatorio que se puede contrastar con el nivel de bienestar expresado por el paciente”, asegura el investigador en declaraciones a DiCYT.

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“Es una prueba agradable, utilizamos chicles sin azúcar y la parte novedosa que hemos aportado, en colaboración con el Servicio de Medios Audiovisuales de la Universidad de Salamanca, es ofrecer un dato objetivo utilizando software libre para que todo el mundo pueda utilizarlo y replicarlo”, comenta Javier Montero. El trabajo se ha basado en una versión del programa comercial Photoshop, pero también en Image J, que es libre.

Después de que el paciente lo haya masticado una serie de veces, el chicle es aplastado para que ofrezca una cara homogénea que pueda ser analizada por un programa de tratamiento de imágenes. La clave está en emplear una goma de mascar de dos colores, azul y blanco. El programa informático señala el área azul, el área blanca y el área que aparece mezclada y saca un porcentaje de cada una. Si los colores permanecen puros, la capacidad masticatoria del paciente es menor que si están muy mezclados y con este sistema se puede determinar una fracción exacta de ese grado de mezcla.

Esta nueva técnica resulta barata y agradable. En comparación, con otras pruebas, es muy cómoda para el paciente, ya que sólo hay que indicarle la cantidad de veces que debe morder el chicle. “Mide el rendimiento de manera objetiva, porque un paciente puede sentir que mastica mal pero tener una buena capacidad de trituración”, apunta el experto. La prueba que ha desarrollado la Clínica Odontológica podría fijar un porcentaje mínimo de rendimiento para estimar que un tratamiento ha sido satisfactorio, aunque por el momento este avance sólo es una propuesta para valorar el resultado terapéutico desde el punto de vista funcional.

 

Intentos anteriores

 

Tradicionalmente, para intentar medir la capacidad de masticación de los pacientes se utilizan alimentos patrones, como cuadraditos de zanahoria de un determinado tamaño, cacahuetes o almendras. Es decir, se emplean alimentos duros que, para el paciente, requieren un proceso más desagradable a la hora de expulsarlos de la boca y enjuagarse. Después, con unos coladores se mide qué porcentaje del alimento ha podido masticar. El gusto por esos alimentos puede hacer variar el resultado y la estandarización de su dureza presentaba problemas importantes para darle validez al método desde el punto de vista de los investigadores. En definitiva, se trata de un sistema menos práctico, menos higiénico, más complejo y menos fiable.

 

Otros intentos por mejorar esta evaluación han pasado por masticar materiales realizados con silicona artificial o utilizar láminas de parafina de dos colores. José Ignacio Gil Montoya, científico de la Universidad de Granada, introdujo en España la idea de utilizar chicles, pero el sistema de análisis de imagen desarrollado por la Clínica Odontológica de la Universidad de Salamanca ofrece por primera vez la posibilidad de medir si el chicle está bien masticado de una manera objetiva, ofreciendo un dato concreto.

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