Investigadores del Centro de Astrobiología, imparten una conferencia en el Museo de la Ciencia de Valladolid

En declaraciones a DiCYT, el ponente recuerda que para poder observar el cosmos los astrónomos han tenido que desarrollar tecnologías punteras, “en el límite del conocimiento”. “Básicamente, el objetivo de los astrónomos ha sido siempre ir al límite

A lo largo de la historia, los astrónomos se han mantenido a la vanguardia de la tecnología. Gran parte de esos desarrollos que, en un principio, tuvieron un fin netamente científico, se usan hoy en la vida cotidiana como el GPS, el microondas o el WIFI. Así lo recuerda el investigador del Centro de Astrobiología (CSIC- INTA) José Miguel Mas Hesse, quien imparte a las 19 horas de hoy junto a su compañera Natalia Ruiz Zelmonovitch la última de las conferencias del ciclo Universo Fascinante que organiza el Museo de la Ciencia de Valladolid.

En declaraciones a DiCYT, el ponente recuerda que para poder observar el cosmos los astrónomos han tenido que desarrollar tecnologías punteras, “en el límite del conocimiento”. “Básicamente, el objetivo de los astrónomos ha sido siempre ir al límite, llegar a ver las estrellas más débiles, las galaxias más lejanas o los rangos de energía menos habituales, y para ello han estado al borde del conocimiento tecnológico en cada momento. Los astrónomos siempre han presionado a los ingenieros y a los tecnólogos para que fueran desarrollando un poco más la instrumentación y tener así más capacidad”, explica.

Así, mientras hace varios siglos la sociedad civil solo tenía pequeños catalejos marinos, los astrónomos motivaron la construcción de los primeros telescopios, “unas máquinas enormes de varios metros de tamaño”. En tiempos más recientes, “la presión por salir al espacio y poner nuestros observatorios en él, telescopios de seis metros a un millón de kilómetros de la Tierra, necesita un desarrollo tecnológico tremendo que podemos aprovechar en gran medida para aplicaciones normales”.

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De este modo, la carrera espacial ha requerido por ejemplo “el desarrollo de una serie de productos y técnicas para que los astronautas pudieran sobrevivir y que ahora son muy habituales, como la comida deshidratada o el tubo de la pasta de dientes; o cosas más tecnológicas como los CCD o las baterías de ión de litio que llevamos ahora en los móviles, que no se inventaron para la astronomía pero que fue su uso aquí lo que le dio el impulso y el desarrollo para que luego se emplearan comercialmente”.

Otro ejemplo, recuerda, son los satélites de comunicaciones. “Ahora se da por sentado que haya un satélite y que puedas ver la televisión o puedas hablar con otro continente, pero se desarrollaron solo cuando las tecnologías de la telecomunicación, las recepciones o los detectores de radio que habían desarrollado los astrónomos fueron lo suficientemente maduros y asequibles estas aplicaciones comerciales”, subraya.

Estudio de mercurio

 

José Miguel Mas Hesse, que actualmente dirige el Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología, participa actualmente en la construcción de un telescopio de rayos X para el estudio de la superficie de Mercurio, en el marco del programa AstroMadrid. “Queremos estudiar la composición química de la superficie de mercurio porque es un planeta que está cerca del Sol y ha sido bombardeado por cometas frecuentemente a lo largo de la historia. Conocer la distribución de todo lo que ha caído en él es importante para estudiar mejor cómo ha evolucionado el Sistema Solar”, asegura.

 

Por otro lado, recientemente ha comenzado una nueva misión aprobada por la ESA (siglas en inglés de Agencia Espacial Europea), la misión PLATO que se lanzará en 2024 y que tiene como objetivo la caracterización y estudio de los denominados análogos terrestres, “planetas parecidos a la Tierra, entorno a estrellas parecidas al Sol y con un periodo de un año también, en los que tiene que haber agua y atmósfera y que serán los candidatos para, a partir de la próxima década, hacer búsquedas más sistemáticas de vida”, concluye.

 

Asimismo, el grupo de Mas Hesse colabora con la Unidad Asociada UVA-CSIC al Centro de Astrobiología, dirigida por el catedrático de Cristalografía y Mineralogía en la Universidad de Valladolid Fernando Rull, en la puesta a punto del espectómetro Raman que forma parte de la misión Exomars que, previsiblemente, se pondrá en marcha en 2018 y que permitirá “hacer un estudio químico muy detallado de los componentes de las rocas marcianas”.

DiCYT

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