La clave se encuentra «en aprovechar el procesamiento para mejorar los alimentos y hacerlos más nutritivos y seguros», afirma la doctora García. «Son los alimentos muy procesados y altamente procesados los que deberíamos vigilar».
La tendencia hacia lo saludable y lo natural ha llegado también al campo de la nutrición y los usuarios buscan cada vez más productos frescos y de temporada, al mismo tiempo que huyen de grasas, azúcares y alimentos procesados.
Sin embargo, no sólo hay un tipo de productos procesados y no todos a los que se ha sometido a algún tratamiento son perjudiciales para la salud.
«Por supuesto, no todos son malos para la salud», confirma la miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), la doctora Katherine García Malpartida.
De hecho, algunos alimentos han de ser procesados. «Para muchos alimentos es necesario incluso para que podamos aprovechar adecuadamente sus propiedades y nutrientes», explica la doctora García, que especifica que el procesamiento de alimentos es «cualquier cambio intencionado que se produce en un alimento antes de que esté disponible para ser consumido».
«Enlatar y congelar los alimentos, como carnes frutas y verduras ayuda a que permanezcan más tiempo frescos», continúa la doctora García. En cuanto a los nutrientes, un proceso como la congelación puede ayudar en este sentido.
«Las verduras congeladas pueden ser más nutritivas que las frescas, ya que estas son seleccionadas y congeladas en su punto nutricional más alto», agrega la experta. Además, el procesamiento puede influir en la seguridad de determinados alimentos. «Por ejemplo, la pasteurización es un proceso común aplicado a la leche para matar los organismos dañinos», indica la doctora García.
Estos cambios que se llevan a cabo en los alimentos pueden ser simples, como la congelación ya mencionada, o más complejos.
«Los alimentos procesados pueden ser colocados en un continuo que va desde los elementos mínimamente procesados a preparaciones más complejas que combinan ingredientes tales como edulcorantes, especias, aceites, saborizantes, colorantes y conservantes, con muchas variaciones en medio», según la experta.
Desgraciadamente, a veces se utiliza este procesamiento para hacerlos menos saludables «añadiendo cosas que no son necesarias, como el exceso de sal o azúcares«, lamenta la miembro de la SEEN.
De acuerdo a su grado de manipulación pueden establecerse cinco tipos de alimentos procesados.
La doctora García alude en primer lugar a los mínimamente procesados, los preparados «para facilitar su consumo». Son, por ejemplo, los frutos secos sin cáscara o las hortalizas o verduras listas para consumir o preparar, como lechugas lavadas y cortadas en bolsa, sin ingredientes añadidos de ningún tipo.
Por otra parte se encuentran los alimentos sometidos a algún tipo de tratamiento y «se han visto afectados por algún proceso tecnológico», según la miembro de la SEEN. Es el caso de alimentos congelados, ya cocidos o latas de conservas.

Tras estos pueden encontrarse los alimentos con ingredientes añadidos. «Se trata de alimentos que incorporan ciertos añadidos que alteran o mejoran sus propiedades con el fin de potenciar su sabor o apariencia. Es el caso de edulcorantes, colorantes y conservantes muy usuales en, por ejemplo, salsas ya preparadas», informa la experta.
Los muy procesados y los altamente procesados (ultraprocesados)
Los alimentos muy procesados son los «aptos para su consumo inmediato, que han sido sometidos a un alto nivel de procesamiento», indica la doctora García, que cita galletas, dulces, patatas fritas, cereales o embutidos.
Los altamente procesados, en cambio, son todos los platos «listos para introducir en el microondas», como las pizzas congeladas, matiza la experta de la SEEN.

Para ello, la doctora aconseja revisar «cuidadosamente» su etiquetado nutricional para evitar una ingesta excesiva de sal, azúcares o grasas no saludables.





















