Secuestrando CO2 de forma ‘natural’

Publicado el: 23 de noviembre de 2017 a las 07:58
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Secuestrando CO2 de forma ‘natural’

“El secuestro biológico es la absorción de las emisiones de CO2 mediante el crecimiento de la vegetación y el almacenamiento continuo de una parte importante del carbono en los tejidos vegetales y en los materiales orgánicos derivados de los mismos.”

Generalidades

Existen dos tipos diferentes de forma de secuestro biológico del CO2: la que se basa en la premisa de conservar la vegetación (evitar la deforestación y la degradación de las selvas y bosques y la que tiende a aumentar el almacenamiento.



Esta última fomenta la reforestación y la conversión de tierras no forestales en montes y bosques, la correcta gestión forestal y la de los suelos, lo que implica que las técnicas que se apliquen aumenten las reservas, un ejemplo de ello es la agricultura sin labranza.

 



Los “proyectos de plantación de árboles” suelen ser los métodos más conocidos, ya que si se hacen de forma correcta consiguen ecosistemas prístinos y saludables. Pero, en realidad, lograr una captura de carbono forestal eficiente y sostenible, es una tarea mucho más compleja.

La cantidad de CO2 que puede ser secuestrado por los bosques dependerá de una serie de factores, que incluyen la tasa de crecimiento de cada árbol, la edad de los mismos, la calidad de los suelos y el clima local.

 

El impacto del Cambio Climático sobre la salud de los bosques y su capacidad para almacenar carbono, es una triste realidad. Factores como la variación al alza de las temperaturas, la alteración de los patrones de precipitación y los cambios en los denominados “regímenes de perturbación” (enfermedades, incendios, insectos, etc.), son muy perjudiciales.

Aunque los bosques en general suelen recuperarse con relativa rapidez de las perturbaciones naturales, pero todas aquellas que tienen su origen en el ser humano (acciones directas como la deforestación o indirectas como el Cambio Climático) pueden impedir o ralentizar su recuperación.

 

Hay quienes abogan por reconvertir los bosques más viejos y repoblarlos con árboles jóvenes y de rápido crecimiento, puesto que éstos últimos tienen la mayor tasa bruta de absorción del CO2, pero serán necesarios muchos años (a veces décadas) para que, tras la tala y la plantación, el nuevo bosque resulte un sumidero neto y efectivo de carbono.

 

Fugas

La fuga, es decir, la pérdida imprevista de reducciones fuera de los límites del proyecto, es una preocupación importante a la hora de gestionar los planes de secuestro biológico. Un ejemplo de ello es la reforestación de los pastizales, que muchas veces tiene como resultado, que ganaderos y agricultores despejen otras zonas para el mismo fin.

Estas fugas pueden prevenirse, mediante una cuidadosa planificación y un diseño adecuado de los planes de secuestro biológico del CO2 y ante su realidad, las mismas deben contabilizarse y restarse, para que los cálculos del proyecto resulten creíbles y precisos.

 

Impermanencia

Otro de los obstáculos de estos proyectos constituye la permanencia, es decir, el regreso del CO2 a la atmósfera, por reversión del secuestro (cuando las emisiones superar a lo que se elimina). Por esta razón es fundamental realizar un monitoreo muy preciso de los proyectos de este tipo.

 

Beneficios adicionales

Los proyectos de captura de carbono forestal resultan muy útiles porque los bosques son el seno de infinidad de ecosistemas. Además, moderan los flujos de agua, la limpian, resultan el hábitat de muchas otras especies y proporcionan a millones de personas, un medio de subsistencia que perfectamente puede ser sostenible.

 

REDACCION/ECOTICIAS.COM

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