Un bonobo demuestra que la imaginación no es solo humana y cuestiona nuestra esencia humana

Publicado el: 16 de febrero de 2026 a las 18:45
Síguenos
Kanzi, el bonobo que demostró imaginación en un estudio publicado en la revista Science.

Kanzi, un bonobo de 43 años que vive en el centro de investigación Ape Initiative, acaba de añadir una grieta inesperada a la frontera que separaba la mente humana de la del resto de animales. Un trabajo publicado en la revista Science muestra que este simio es capaz de seguir la pista de objetos fingidos en juegos de ficción compartida, una capacidad que hasta ahora se consideraba exclusiva de nuestra especie. El hallazgo sugiere que una parte esencial de lo que llamamos imaginación podría tener raíces evolutivas mucho más antiguas.

El experimento central tiene una puesta en escena mínima y, quizá por eso, más desconcertante. Dos vasos transparentes vacíos, una jarra sin contenido visible y un investigador que gesticula como si estuviera llenando ambos vasos con zumo que no existe. Después simula vaciar uno de ellos mientras Kanzi observa la secuencia. Ante la pregunta «¿Dónde está el zumo?», el bonobo señala de forma sistemática el vaso que, dentro de la ficción compartida, conserva el contenido imaginario. Lo hace en 34 de 50 ensayos sin recibir recompensa cuando acierta, una tasa claramente superior al azar que se mantiene desde el primer intento.



La imaginación no es exclusiva de los humanos | Vídeo: Scientific American

La clave de este resultado está en un concepto de la psicología cognitiva conocido como la representación secundaria. El estudio define estas representaciones como estados mentales que permiten mantener en la cabeza una situación alternativa que no coincide con la realidad percibida y que, sin embargo, guía la conducta sin confundirse con ella. Es la misma operación mental que hace posible que un niño juegue a servir té de mentira sabiendo que la taza está vacía. Según los autores, seguir el juego de ficción con el zumo implica que Kanzi maneja a la vez el mundo real (los vasos vacíos) y un mundo imaginado compartido con el experimentador.

El equipo, liderado por Amalia P. M. Bastos y Christopher Krupenye de la Universidad Johns Hopkins, dedica buena parte del trabajo a desmontar explicaciones alternativas más sencillas. Puede que el bonobo creyera que el zumo existía realmente aunque no lo viera. Para comprobarlo, se le ofreció una elección entre un vaso con zumo real y otro donde el líquido solo se había fingido. Si confundiera realidad y ficción, sus respuestas deberían repartirse sin patrón claro. En cambio, eligió con preferencia el vaso con contenido real y fue capaz de distinguir entre ambos contextos, lo que descarta un simple error perceptivo.



También se probó si Kanzi se limitaba a seguir la mano del investigador o a escoger el objeto manipulado más recientemente, un atajo conductual frecuente en estudios con animales. En este caso esa estrategia le habría llevado una y otra vez al vaso equivocado, ya que el experimentador insistía en gesticular sobre el vaso que, dentro del juego, quedaba vacío. El patrón observado fue el opuesto, lo que refuerza la idea de que el bonobo estaba siguiendo la lógica interna de la ficción y no una simple pista motora. Los investigadores repitieron el diseño con otro «objeto» imaginario, una uva inexistente que se fingía colocar en uno de dos recipientes, y el rendimiento de Kanzi fue incluso algo mayor que con el zumo.

Para calibrar el alcance del hallazgo conviene compararlo con el desarrollo humano. El juego simbólico aparece muy pronto en la infancia y hacia los dos años muchos niños ya participan en escenas de ficción sencillas, responden a preguntas sobre ellas y muestran sorpresa cuando un adulto rompe las reglas del juego. Numerosos trabajos han relacionado esta clase de juego con el desarrollo de habilidades como la teoría de la mente, el razonamiento contrafactual y la capacidad de imaginar escenarios alternativos que no han sucedido..

Hasta ahora, la mayoría de especialistas defendía que el manejo explícito de representaciones secundarias en contextos de ficción requería lenguaje humano pleno y, por tanto, se situaba en el lado humano de la frontera cognitiva. El estudio de Kanzi no demuestra que todos los bonobos desempeñen juegos de ficción igual que un niño ni que su vida mental sea idéntica a la nuestra. Sí muestra, en cambio, que al menos un individuo de otra especie puede seguir objetos inexistentes a través de desplazamientos novedosos dentro de una situación ficticia compartida, lo que obliga a revisar qué capacidades consideramos realmente exclusivas.

Las implicaciones evolutivas son profundas. Si un bonobo actual puede formar y usar estas representaciones secundarias, es razonable plantear que la capacidad ya estuviera presente, al menos en forma embrionaria, en el ancestro común que compartimos con los grandes simios, que vivió entre seis y nueve millones de años atrás. En ese caso, la imaginación dejaría de ser una chispa reciente ligada solo a la aparición del lenguaje moderno y se convertiría en una herramienta cognitiva anterior sobre la que se ha construido parte de nuestra sofisticación mental.

El propio perfil de Kanzi introduce, sin embargo, matices importantes. No es un bonobo típico. Lleva décadas participando en investigaciones sobre comunicación y utiliza un sistema de símbolos gráficos para responder a instrucciones en inglés. Las investigaciones previas han sugerido que este entorno de «enculturación» facilita la comprensión de gestos, la estructura básica de frases y ciertas reglas gramaticales, algo que no se ha observado con la misma claridad en otros simios sin ese entrenamiento intensivo.

Los autores del trabajo reconocen estas limitaciones y plantean varios escenarios. Puede que los bonobos posean de base la capacidad de manejar representaciones secundarias y que el entrenamiento de Kanzi solo haya hecho visible algo que ya estaba ahí. También es posible que la exposición prolongada a símbolos y a interacción humana compleja haya potenciado de forma notable un rasgo latente. Para aclarar cuánto hay de común y cuánto de excepcional será necesario repetir el diseño con otros grandes simios, con y sin entrenamiento simbólico, y adaptar pruebas similares a especies más alejadas del ser humano.

Lo que sí resulta más difícil de sostener, a la luz de estos datos, es la imagen de los animales como criaturas atrapadas en el presente, que reaccionan de forma casi automática a lo que tienen delante. El comportamiento de Kanzi sugiere que, al menos en algunos casos, la mente animal puede operar en un plano más abstracto, donde se combinan realidad y ficción compartida. En palabras de Krupenye, recogidas en medios especializados, estos resultados deberían empujarnos a cuidar de criaturas con «mentes ricas y bellas» y a garantizar que sigan existiendo. La escena del té imaginario dura apenas unos segundos, pero la pregunta que deja en el aire sobre lo que nos hace humanos seguirá ocupando durante tiempo a filósofos, psicólogos y biólogos evolutivos.

El bonobo, además, es una especie amenazada en libertad, con distribución restringida a la República Democrática del Congo y catalogada como «en peligro» por la UICN, un recordatorio de que la discusión científica sobre su mente convive con una urgencia de conservación.

En ese contexto, el hallazgo encaja con el debate social y político sobre el estatus moral de los grandes simios y con campañas de sensibilización que han ganado fuerza en 2025, como el Día Mundial del Mono y el Día Internacional de los Primates, que subrayan su inteligencia y el papel ecológico de estos animales.

En paralelo, la conversación pública sobre chimpancés ygorilas en 2025 ha insistido en una idea que el caso de Kanzi vuelve más incómoda, que comprender mejor sus capacidades obliga a afinar las fronteras entre «lo humano» y «lo animal» sin caer en simplificaciones complacientes.

El estudio ha sido publicado en Science.

Foto: National Geographic

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario