El misterio de los monos de la nieve y porque se bañan en aguas termales siempre

Publicado el: 16 de febrero de 2026 a las 15:40
Síguenos
Macacos japoneses bañándose en aguas termales en Jigokudani Snow Monkey Park durante el invierno.

Las imágenes de los llamados monos de la nieve, con los ojos entrecerrados dentro de una piscina humeante en pleno invierno, se han convertido casi en postal oficial de Japón. Ahora sabemos que, mientras se relajan en esas aguas termales, su cuerpo y sus microbios también están cambiando. Y no solo para entrar en calor. Un nuevo estudio señala que este hábito modifica la relación de los animales con parásitos y bacterias, sin aumentar el riesgo de infección.

La investigación, liderada por un equipo de Kyoto University, se ha centrado en los macacos japoneses que viven en el famoso Jigokudani Snow Monkey Park, en la prefectura de Nagano. Allí, durante los meses más fríos, muchos individuos se sumergen a diario en las aguas calientes que brotan del subsuelo. Hasta ahora se sabía que ese comportamiento ayuda a soportar el frío y reduce el estrés, pero nadie había mirado con detalle qué ocurría con los parásitos y el microbioma intestinal.



Un comportamiento raro entre primates

Bañarse en aguas termales es algo excepcional en primates no humanos. El equipo describe este hábito como «uno de los comportamientos más inusuales observados en primates», una rareza que convierte a estos macacos en un modelo ideal para estudiar cómo los gestos cotidianos pueden afectar a la salud.

Los investigadores trabajaron dos inviernos seguidos, entre diciembre de 2019 y marzo de 2021. Siguieron a 16 hembras adultas, nueve que se bañaban de forma habitual y siete que apenas usaban las aguas termales. Anotaron quién entraba en la piscina, cuánto tiempo pasaba dentro y cómo se relacionaban entre ellas. Al mismo tiempo recogieron muestras de heces y registraron el acicalamiento social, esa escena tan típica de los monos que consiste en rebuscar entre el pelo de un compañero.



Detrás hay una idea clave que suena técnica, pero es bastante intuitiva. El estudio habla del macaco como un holobionte, es decir, no solo el animal en sí, sino el conjunto formado por su cuerpo, los parásitos externos y toda la comunidad de microbios que viven dentro y sobre él. En la práctica, algo tan simple como escoger entre meterse en el agua o quedarse fuera puede alterar ese pequeño universo biológico.

Piojos reubicados y bacterias ajustadas

Uno de los primeros resultados se refiere a los piojos. Para estimar su presencia, el equipo midió cuánto tiempo pasaban las hembras quitándose liendres unas a otras. Observaron que las tasas de retirada de piojos diferían entre las hembras que se bañaban y las que no, y también según se tratara de zonas del cuerpo que se sumergen o que permanecen fuera del agua. No implica que los animales bañistas tengan menos parásitos en total, pero sí que su distribución cambia.

En cuanto al microbioma intestinal, la fotografía es parecida. La diversidad global de bacterias, es decir, el número y variedad de especies presentes, resultó muy similar en los dos grupos. Sin embargo, al mirar con más lupa aparecieron matices. El equipo identificó varios géneros bacterianos que eran claramente más abundantes en los individuos que no se bañaban. En otras palabras, el baño no borra ni descontrola la comunidad microbiana, aunque sí parece desplazar el equilibrio en algunos grupos concretos.

Es un poco como cuando una persona cambia algunos hábitos diarios y nota pequeños ajustes digestivos, sin que eso se traduzca en una enfermedad. Aquí el factor ambiental que empuja esos cambios no es la dieta, sino el tiempo pasado en agua caliente compartida.

Sin más infecciones a pesar del agua compartida

Una duda lógica es si tantos animales usando la misma piscina natural no deberían contagiarse más entre sí. El equipo analizó las heces en busca de parásitos intestinales y encontró cuatro tipos de helmintos y al menos un protozoo. La sorpresa fue que no aparecieron diferencias claras ni en la probabilidad de estar infectado ni en la intensidad de la infección entre bañistas y no bañistas.

Los autores insisten en que, al menos en este contexto natural, el uso compartido de las aguas termales no parece disparar el riesgo de infecciones intestinales. El investigador principal resume así la idea central del trabajo cuando señala que «el comportamiento suele tratarse como una respuesta al entorno, pero nuestros resultados muestran que también cambia cómo los macacos interactúan con los parásitos y los microbios que viven sobre y dentro de ellos».

Qué nos dice sobre salud, comportamiento y medio ambiente

Este estudio se suma a trabajos anteriores que ya habían mostrado que los baños termales ayudan a los macacos a soportar el frío y reducen sus niveles de estrés. La novedad está en que ahora se ve que ese comportamiento también reordena, de forma sutil, su paisaje de parásitos y bacterias sin añadir un coste sanitario evidente.

Los autores sugieren que este tipo de resultados puede ayudar a entender cómo evolucionan ciertos comportamientos relacionados con la salud en animales sociales. Si una costumbre aporta calor, reduce el estrés y, además, no aumenta las infecciones, es razonable pensar que se mantenga y se transmita dentro del grupo. También invitan a mirar de reojo nuestras propias rutinas, desde el baño diario hasta las piscinas o los balnearios, que modifican nuestra exposición a microbios sin que siempre sepamos de qué manera.

El estudio científico completo se ha publicado en la revista Primates.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario