El brote de hantavirus Andes vinculado al buque MV Hondius ha reabierto una pregunta incómoda. Cuando sube la temperatura, se talan bosques y las ciudades avanzan sobre espacios naturales, ¿también aumenta el riesgo de nuevas enfermedades?
La respuesta que deja la ciencia no cabe en un titular fácil. La OMS no atribuye este brote concreto al cambio climático, pero sí advierte de que el clima, la pérdida de biodiversidad y los cambios en el uso del suelo están moviendo las piezas del tablero. Animales, virus y personas coinciden cada vez más en espacios nuevos. Y ahí empieza el problema.
Lo que sabemos del brote
El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades informó de que, hasta el 26 de mayo, se habían notificado 13 casos asociados al MV Hondius, 11 confirmados y 2 probables, con 3 fallecimientos. El virus identificado es hantavirus Andes, una variante conocida por poder transmitirse de forma limitada entre personas en contactos estrechos y prolongados.
La OMS explicó que la hipótesis de trabajo apunta a que el primer caso se infectó antes de embarcar, por una exposición en tierra, y que después se produjo transmisión a bordo. No es poca cosa, pero tampoco significa que estemos ante una nueva COVID. De hecho, tanto la OMS como el ECDC han señalado que el riesgo para la población general es bajo o muy bajo.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, lo resumió con una frase clara. «Aunque se trata de un incidente grave, la OMS evalúa el riesgo para la salud pública como bajo». También añadió que, por el periodo de incubación, podían aparecer más casos. Y eso es justo lo que obligó a mantener la vigilancia.
El hantavirus no funciona como otros virus
Los hantavirus son virus que circulan de forma natural en roedores. La infección humana suele producirse al entrar en contacto con orina, excrementos o saliva de animales infectados, sobre todo al limpiar lugares cerrados, graneros, almacenes o viviendas con presencia de roedores. No es una transmisión típica de calle, metro o supermercado.
La OMS recuerda que el hantavirus puede causar enfermedades graves, desde cuadros respiratorios hasta afectación renal, según la variante y la región. En América, el síndrome cardiopulmonar por hantavirus puede ser muy grave, mientras que en Europa y Asia predominan otros cuadros. El virus Andes es especial porque sí se ha documentado transmisión limitada entre humanos, pero ligada a contactos muy próximos.
En España, Sanidad subrayó desde el inicio que el riesgo para la población general era muy bajo y que la transmisión interpersonal del hantavirus andino es «extremadamente infrecuente». Por eso se activaron cuarentenas, PCR, habitaciones individuales y vigilancia de síntomas en las personas evacuadas. Prudencia, sí. Alarmismo, no.
Qué pinta el clima en todo esto
El cambio climático no crea un virus de la nada. Lo que hace, en buena parte, es alterar las condiciones que permiten que animales, vectores y patógenos se muevan, sobrevivan o coincidan en lugares donde antes era menos probable. Es como cambiar las reglas del barrio sin avisar a nadie.
La OMS considera que el cambio climático aumenta el riesgo de aparición y propagación de enfermedades infecciosas, incluidas zoonosis y enfermedades transmitidas por agua, alimentos o vectores. También advierte de que las temperaturas y las lluvias cambiantes favorecen la expansión de enfermedades transmitidas por mosquitos, garrapatas y otros vectores.
En Europa ya vemos señales conocidas. El observatorio europeo Climate-ADAPT explica que el calentamiento está alterando la distribución y actividad de mosquitos, garrapatas y flebótomos, con brotes de dengue, chikungunya, virus del Nilo Occidental y enfermedades transmitidas por garrapatas en nuevas zonas. Quien haya sufrido el mosquito tigre en verano entiende rápido la parte cotidiana del problema.
Biodiversidad bajo presión
El otro gran factor es la pérdida de biodiversidad. Cuando se talan bosques, se fragmentan hábitats o se intensifica la ganadería, aumentan los puntos de contacto entre fauna silvestre, animales domésticos y personas. Y cuando ese contacto se repite muchas veces, el azar deja de ser tan azar.
El informe de IPBES sobre biodiversidad y pandemias señala que las causas profundas de muchas pandemias son los mismos cambios ambientales que impulsan la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. Entre ellos están el cambio de uso del suelo, la expansión agrícola, la intensificación de la producción y el comercio y consumo de fauna silvestre.
El mismo informe citado por la Convención sobre la Diversidad Biológica calcula que podrían existir 1,7 millones de virus aún no descubiertos en mamíferos y aves, de los cuales hasta 850 000 podrían tener capacidad para infectar a personas. No significa que todos vayan a saltar mañana. Significa que conviene no seguir empujando la puerta.
Una señal para prevenir antes
La prevención no empieza cuando un paciente entra en urgencias. Empieza mucho antes, en cómo se ordena el territorio, cómo se protegen los bosques, cómo se gestionan los residuos, cómo se vigilan los roedores y cómo se controla el comercio de animales. Suena menos espectacular que una vacuna, pero puede ahorrar mucho sufrimiento.
Un estudio publicado en Nature modelizó cómo el cambio climático y el uso del suelo pueden favorecer nuevos encuentros entre especies de mamíferos que antes estaban separadas. Según sus autores, esos contactos pueden aumentar las oportunidades de intercambio de virus entre especies, especialmente en zonas con alta biodiversidad y población humana.
En la práctica, esto pide una mirada de «Una sola salud», donde salud humana, salud animal y medio ambiente se estudian juntos. La OMS también promueve ese enfoque para el hantavirus, porque no basta con tratar a los pacientes. Hay que entender los roedores, los ecosistemas y las condiciones que facilitan el salto.
La lección que deja el hantavirus
El brote del MV Hondius no demuestra por sí solo que el calentamiento global cause cada nueva alerta sanitaria. Esa sería una conclusión demasiado rápida. Lo que sí muestra es que vivimos en un mundo más conectado, más caliente y con ecosistemas más presionados.
La diferencia importa. No se trata de culpar a un roedor, a un barco o al clima en abstracto. Se trata de reconocer que nuestras decisiones sobre energía, agricultura, ciudades y naturaleza también influyen en la salud pública. A veces, esa relación parece lejana. Hasta que aparece en una noticia.
El comunicado oficial más reciente sobre la evolución del brote de hantavirus Andes asociado al MV Hondius ha sido publicado por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades.













