Unos científicos echaron tinte rosa en un sumidero del lago Jackson, en Florida, y 35 días después apareció en el manantial de Wakulla, a 30 kilómetros, aunque solo llegó una pequeña parte del colorante y nadie sabe dónde acabó el resto

Publicado el 27 de septiembre de 2026 a las 15:32
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El manantial de Wakulla, en Florida, con un embarcadero y bosque alrededor

Un tinte rosa permitió seguir un viaje invisible bajo Florida. Tras introducirlo en un sumidero del lago Jackson, los investigadores lo detectaron 35 días después en el manantial de Wakulla, situado a unos 30 kilómetros. El resultado aportó pruebas de una conexión subterránea entre ambos lugares.

El experimento se realizó en septiembre de 2017 y se publicó en diciembre de 2024. Su interés va más allá de la curiosidad geológica, porque ayuda a entender cómo pueden desplazarse sustancias por un acuífero que abastece a la población. Sin embargo, solo una pequeña parte del colorante llegó a Wakulla.

Cómo siguieron el rastro

Los investigadores Seán E. McGlynn y Alan W. Niedoroda utilizaron rodamina WT, un marcador fluorescente detectable en cantidades muy pequeñas. El 19 de septiembre de 2017 lo introdujeron durante 6,5 minutos en un sumidero del fondo del lago Jackson, cerca de Tallahassee.

La idea era sencilla. Si el marcador aparecía en los manantiales vigilados, permitiría comprobar que parte del agua había recorrido el trayecto bajo tierra. Para buscarlo, el equipo combinó sensores con captadores de carbón que retenían el colorante a su paso.

Los picos principales aparecieron a los 35 días en Wakulla y en el cercano manantial de Sally Ward. El estudio recoge detecciones en cinco manantiales y estima una velocidad media de desplazamiento de unos 800 metros diarios. Esa cifra corresponde a las condiciones del ensayo, no a una velocidad fija de toda el agua subterránea.

Una red dentro de la roca

¿Cómo puede el agua recorrer tanta distancia sin verse desde la superficie? La respuesta está en el terreno kárstico, donde la disolución de rocas como la caliza ha creado grietas, cavidades y conductos. Por esas aberturas circula buena parte del agua subterránea.


El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que estos acuíferos combinan dos formas de funcionar. Las fracturas y los conductos facilitan el movimiento del agua, mientras que la roca porosa que los rodea almacena gran parte de ella. Es un sistema desigual, con zonas que transmiten el agua mejor que otras.

En el caso del lago Jackson, las detecciones en distintos manantiales apuntan a una red que se ramifica y vuelve a conectarse. El experimento permitió reconocer conexiones entre puntos alejados, aunque no dibujó cada curva del recorrido. Saber dónde aparece el tinte no equivale a disponer de un mapa completo del subsuelo.

El tinte que no llegó

La cantidad detectada en Wakulla fue pequeña respecto a la introducida en el lago. Los autores interpretan que buena parte del colorante se dispersó por la caliza, aunque también pudo circular por conductos que no estaban siendo vigilados.

El trabajo tiene carácter exploratorio y no permite cerrar con precisión el balance del tinte, es decir, determinar dónde terminó toda la cantidad utilizada. Por eso, la conclusión debe mantenerse dentro de lo observado. Parte del agua del lago alcanzó manantiales lejanos, pero no se demostró que toda siguiera ese camino.

Por qué importa al abrir el grifo

El Departamento de Protección Ambiental de Florida recuerda que el acuífero superior Floridano suministra agua potable a los habitantes de los condados de Leon y Wakulla. También alimenta manantiales como Wakulla, de modo que estudiar estas conexiones tiene una utilidad muy cercana. Lo que ocurre bajo tierra importa también en casa.

En agosto de 2021, el Servicio Geológico de Florida anunció otro ensayo en el sumidero Porter Hole, que había quedado expuesto al secarse parte del lago. Aquella investigación empleó fluoresceína verde y buscaba comprobar una conexión sugerida por un trazado anterior. Fue una campaña distinta del experimento con tinte rosa de 2017.

La escala ayuda a entender el interés de estas investigaciones. Según los parques estatales de Florida, la zona que aporta agua a Wakulla abarca aproximadamente 2525 kilómetros cuadrados, entre el norte de Florida y el sur de Georgia. Proteger el manantial exige, por tanto, mirar bastante más allá de su orilla.

Lo que añade la investigación posterior

El trazado con colorante señala vías por las que también podrían desplazarse nutrientes y contaminantes. Eso justifica vigilar las entradas de agua al acuífero, pero el experimento no demuestra por sí solo que el agua potable esté contaminada. Tampoco permite atribuir el mismo comportamiento a todas las sustancias.

Un estudio de Kyle Compare y Ming Ye, publicado en noviembre de 2025, aporta otro matiz. Al analizar los vaciados del lago de 2021 y 2022, encontró cambios químicos temporales en un pozo situado a unos nueve kilómetros, pero no observó esos efectos en Wakulla. Es una diferencia importante entre detectar un trazador y medir cambios en la composición del agua.

El trabajo sobre el tinte rosa se publicó en Journal of Cave and Karst Studies. La investigación posterior sobre los efectos químicos de los vaciados del lago ha sido publicada en Environmental Earth Sciences.

Imagen: Hannes Grobe / Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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