En 1999 se plantaron casi 12 hectáreas de robles, fresnos, carpes y tilos sobre un antiguo campo de lino de Hucking Estate, en el condado de Kent, al sureste de Inglaterra. Justo al lado había un bosque antiguo que lleva arbolado de forma continua desde al menos el año 1600.
Un cuarto de siglo después, un equipo de la Universidad de Reading, la organización conservacionista Woodland Trust y Forest Research, el organismo británico de investigación forestal, ha comprobado que el suelo, las plantas del sotobosque y los hongos de la plantación seguían siendo claramente distintos de los del bosque vecino en 2024.
La primera autora del trabajo es Julija Fediajevaite, doctoranda en Ecología de la Universidad de Reading, y lo firman como autores sénior Brian J. Pickles, de la misma universidad, y Nadia Barsoum, ecóloga forestal sénior de Forest Research.
Un experimento que empezó en un campo de lino
La parcela se había cultivado sin interrupción desde al menos 1786 y se había encalado y abonado durante años, de modo que en el suelo no quedaba ningún banco de semillas de plantas de bosque. El bosque antiguo de al lado, en cambio, figura en el inventario oficial de bosques antiguos de Inglaterra.
Para la plantación se eligieron las mismas especies que dominan ese bosque vecino: roble común (45 %), fresno (30 %), carpe (10 %), tilo de hoja pequeña (10 %) y un 5 % de avellanos y espinos albares, con los árboles separados 2,1 metros entre sí.

Los investigadores instalaron 47 parcelas fijas de 8 por 12,5 metros en la zona plantada y otras 22 dentro del bosque antiguo. Los botánicos inventariaron la vegetación en distintos años entre 2001 y 2024, y el suelo se analizó en 2002, 2012 y 2024.
«Es un estudio de observación repetida a largo plazo, valioso y poco común, sobre la forestación de tierras de cultivo, que tiene en cuenta las respuestas combinadas de plantas, hongos y propiedades del suelo», explicó Barsoum en la nota de prensa de Forest Research de mayo de 2026.
El suelo todavía arrastra la cal y el abono
La primera diferencia está en el suelo. El pH mide lo ácido que es un suelo, y cuanto más bajo es el número, más ácido. En la plantación pasó de una media de 7,4 en 2002 a 6,39 en 2024, mientras que en el bosque antiguo la media de 2024 era de 4,57.
Los autores creen que la cal echada durante la etapa agrícola pudo pesar en ese pH elevado. La antigua tierra de cultivo también tenía más fósforo y potasio disponibles, aunque la distancia con el bosque antiguo se fue reduciendo con los años, y según el artículo el exceso de fósforo se debe probablemente al abonado del pasado.
En el carbono y el nitrógeno totales ocurría al revés, con valores más altos en el bosque antiguo. La relación entre ambos elementos, conocida como relación carbono/nitrógeno, fue la variable del suelo que más se asoció con los cambios en la diversidad de plantas.
Las plantas especialistas del bosque antiguo no aparecieron
En los primeros años de la plantación dominaban las plantas que no son de bosque. Su número fue bajando con el tiempo y en el inventario de 2024 ya no se registró ninguna, de modo que el sotobosque quedó ocupado por especies generalistas, capaces de vivir en muchos hábitats.
Las especialistas de bosque son otra historia. «Las plantas especialistas de bosque no aparecieron en las parcelas de la antigua tierra de cultivo a lo largo de 25 años», escriben los autores. En el bosque antiguo, el análisis señaló como indicadoras especies como el jacinto de los bosques, la anémona de bosque y la ortiga muerta amarilla.
La presencia de plantas especialistas de bosque antiguo se asoció con más luz y con la cercanía a su borde. Las comunidades del bosque antiguo se asociaron además con semillas más pesadas, y el equipo recuerda que las especialistas de bosque suelen dispersarse solo a distancias cortas.
La diversidad total de plantas fue mayor en la plantación durante todo el seguimiento, aunque la diferencia se fue estrechando. Allí también se encontraron tres plantas exóticas invasoras, la budleya, el laurel cerezo y un cotoneaster, que no aparecieron en el bosque antiguo.
Bajo tierra viven otros hongos
En 2024 el equipo recogió además muestras de suelo para identificar sus hongos por ADN. Se fijaron sobre todo en los hongos ectomicorrícicos, que forman una asociación con las raíces de muchos árboles y les ayudan a conseguir nutrientes.
Las parcelas plantadas tenían de media 7,63 especies más de estos hongos que las del bosque antiguo, pero las comunidades eran diferentes. En la plantación aparecían géneros que otros estudios consideran colonizadores tempranos, como Hebeloma, Laccaria o Paxillus, y en el bosque antiguo destacaban Russula y Lactarius, que suelen clasificarse como propios de etapas más tardías.
Entre los factores ambientales estudiados, solo el pH influyó en el número de especies de estos hongos, y la variedad de árboles tuvo un efecto positivo débil. Forest Research estudia esta relación entre hongos y restauración en su proyecto Fungi4Restor.
«Este estudio se apoya en un diseño experimental excepcional establecido por Woodland Trust, y nos alegró mucho formar parte de esta singular investigación observacional a largo plazo», dijo Fediajevaite. «Lo aprendido puede ayudar a mejorar las proyecciones del desarrollo de los bosques, sobre todo cuando el objetivo de la gestión es acelerar la transición hacia las condiciones de un bosque antiguo».
Plantar bosques nuevos lleva más de unas décadas
El Reino Unido se ha comprometido a crear cerca de 200.000 hectáreas de bosque en tierras agrícolas de baja calidad antes de 2050, dentro de su estrategia de cero emisiones netas, y en Inglaterra hay planes para plantar hasta 500.000 árboles contra el calor y las inundaciones.
«Con la plantación de árboles a gran escala en marcha en toda Gran Bretaña, todavía tenemos mucho que entender sobre las condiciones necesarias para que se establezcan las comunidades del bosque», advirtió Barsoum.
Los autores también miran a las compensaciones ambientales de Inglaterra, que suelen dar a los promotores unos 30 años para que un hábitat creado alcance cierto estado. A su juicio, la flora característica del bosque y las plantas indicadoras de bosque antiguo «tardan más de unas pocas décadas en establecerse en los bosques de nueva creación».
«Sabemos que los bosques antiguos son hábitats insustituibles, que tardan muchos siglos en desarrollar su complejidad ecológica», dijo John Crawford, responsable sénior de evidencia en conservación de Woodland Trust. «Pero también es vital que entendamos la trayectoria ecológica de los bosques de nueva creación, sobre todo en antiguas tierras de cultivo, donde los árboles han faltado durante muchas décadas o siglos».
Otros proyectos de restauración también se miden en años de trabajo, desde la familia brasileña que devolvió el Bosque Atlántico a sus pastizales y vio volver a los tapires hasta la finca de Queensland donde más de 119.000 árboles plantados ya forman un bosque tropical. Plantar tampoco lo arregla todo, como se vio con los eucaliptos plantados en una finca salina de Australia.
Un solo bosque y varias preguntas abiertas
El propio equipo reconoce que solo estudió un bosque, por lo que sus conclusiones sirven sobre todo para orientar la creación de bosques en el sureste de Inglaterra, aunque los procesos ecológicos de fondo pueden darse en otras regiones.
Los hongos se muestrearon una sola vez, en 2024, así que no hay datos de cómo cambiaron a lo largo del tiempo. Además, el carbono y el nitrógeno del suelo subieron también en el bosque antiguo, algo que los autores no esperaban y que no saben explicar del todo, pese a que el laboratorio y el método fueron siempre los mismos.
Los resultados tampoco hablan de un fracaso, porque el pH, el fósforo, el potasio y la diversidad de plantas se fueron acercando poco a poco a los del bosque antiguo. Lo que el estudio no permite es poner fecha a esa convergencia, y otros trabajos citados por los autores calculan que la llegada de las plantas especialistas de bosque puede tardar siglos.
«Comprender mejor estos procesos puede ayudarnos a gestionar y diseñar mejor los proyectos de creación de bosques, para que la naturaleza prospere en todas las fases del establecimiento de un bosque», añadió Crawford.
El estudio completo se ha publicado en Forest Ecology and Management.
La investigación la financió el Nature for Climate Fund del Gobierno británico, junto con Forest Research y Woodland Trust.
Foto: Forest Research













