Eucaliptos para carbón en Brasil: un cálculo estima que el agua subterránea bajó 4,5 metros en 45 años

ECOticias.com El periódico verde
Publicado el 17 de octubre de 2026 a las 12:36
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Plantación de eucalipto junto a un camino de tierra roja en el Alto Jequitinhonha, Brasil

Un informe regional calcula que en las zonas de monocultivo de eucalipto del Alto Jequitinhonha, en el estado brasileño de Minas Gerais, el agua subterránea bajó unos 4,5 metros entre 1974 y 2019, a razón de 10 centímetros al año. Los eucaliptos de esa zona se cultivan sobre todo para hacer carbón vegetal destinado a la siderurgia.

La cifra se ha difundido en las últimas semanas como si fuera la medición de un equipo científico en las plantaciones papeleras de Brasil, pero las fuentes originales cuentan otra historia, más concreta: es una estimación para el Alto Jequitinhonha, una región del noreste de Minas Gerais, y no una medición directa.

Eucaliptos para fabricar acero

A mediados de los años setenta, en plena dictadura militar, el régimen dio incentivos a las empresas para plantar eucalipto en tierras que las comunidades tradicionales usaban en común desde hacía siglos, según el informe de la Global Forest Coalition. La mayoría de las plantaciones actuales las estableció la siderúrgica Acesita, y con los años alrededor del 60 % de la vegetación nativa de esa extensión de Cerrado, la gran sabana del centro de Brasil, se sustituyó por eucaliptos que después se talaban para obtener carbón.

Acesita se privatizó en 1992 y desde 2011 sus tierras están en manos del grupo europeo Aperam. Su filial Aperam BioEnergia gestiona hoy unas 150.000 hectáreas, dos tercios de ellas con eucalipto, y saca de ahí más de 420.000 toneladas de carbón vegetal al año. Ese carbón viaja a la acería de Timóteo, a más de 300 kilómetros, según el informe que la Global Forest Coalition publicó en septiembre de 2026.

Así se calcularon los 4,5 metros

El dato aparece en el informe final de febrero de 2022 del proyecto Salvaguardas Socioambientales, impulsado por el Centro de Agricultura Alternativa Vicente Nica (CAV) y el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (IDEC). El nivel freático es la profundidad a la que empieza el suelo empapado de agua, es decir, la parte de arriba del agua subterránea.

Los autores partieron de un trabajo de Vico Mendes Pereira Lima de 2013, que estimaba un descenso medio del nivel freático de 10 centímetros al año en las zonas de monocultivo de eucalipto del Alto Jequitinhonha. Multiplicado por los 45 años que van de 1974 a 2019, el resultado es un descenso de 4,5 metros.

El mismo informe traduce el cálculo a volumen. Cada año dejarían de infiltrarse 218 litros por metro cuadrado, y el informe cifra en unos 245 millones de metros cúbicos anuales la recarga perdida en la microrregión de Capelinha.

La lluvia que ya no llega al acuífero

Cuando llueve, una parte del agua vuelve al aire por evaporación y por la transpiración de las plantas, otra corre por la superficie y otra se filtra hasta las reservas subterráneas. El eucalipto transpira mucho durante todo el año, mientras que el Cerrado está adaptado a una estación seca de unos ocho meses y en ella gasta menos.

Un artículo publicado el 20 de abril de 2022 en la revista Campo-Território hizo ese balance para la Chapada das Veredas, una meseta de la zona. Con Cerrado nativo, cada año se recargaban 525,8 milímetros de lluvia, y con eucalipto solo 308,5, unos 217 litros menos por metro cuadrado. Un milímetro de lluvia equivale a un litro por metro cuadrado.

Pereira Lima, investigador del Instituto Federal del Norte de Minas Gerais (IFNMG) y coautor de ese artículo, explica en el informe de la Global Forest Coalition que en el Cerrado nativo se infiltra aproximadamente el 50 % de la lluvia anual y recarga el acuífero, mientras que con eucalipto la proporción baja al 29 %, lo que acumula un déficit de agua.

Manantiales secos y camiones cisterna

El artículo lo firman Emília Pereira Fernandes da Silva, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), y otros seis autores de la UFMG, el IFNMG y el CAV. Según escriben, las masas de eucalipto «influyeron en la dinámica del agua, secando manantiales, ocasionando inseguridad hídrica en localidades».

En las comunidades rurales estudiadas, una cuarta parte de las familias necesitaba que les llevara agua un camión cisterna en la estación seca. El 52 % vivía con unos 43 litros por persona y día, cuando la media de Minas Gerais es de 159, y en Cabeceira do Tanque todos los vecinos dependían del camión durante unos nueve meses al año.

El informe de la Global Forest Coalition recoge además una encuesta de la Cámara Municipal de Turmalina de 2019, según la cual el 89 % de los manantiales ya se había secado.

Una vecina señala el cauce seco de un arroyo en el Alto Jequitinhonha
Una vecina de la región junto al cauce seco de un arroyo (Foto: Global Forest Coalition)

El CAV ayuda a las familias a construir pequeñas presas y depósitos para la lluvia. «Aquí en el CAV sabemos que estas cosas ayudan, pero no resuelven todo el problema», dijo a la Global Forest Coalition Renato Alves de Souza, ingeniero agrícola de la organización. Mientras no se actúe sobre el verdadero depósito de agua, que es la meseta, añadió, «el problema del agua nunca se resolverá del todo».

Lo que responde Aperam

La empresa niega que sus plantaciones sean responsables de la escasez. Según el informe de la Global Forest Coalition, Aperam cita publicaciones que afirman que el eucalipto consume la misma cantidad de agua que las especies nativas, dice que concentra la plantación en la estación de lluvias y sostiene que sus clones no tienen raíces pivotantes capaces de llegar al agua subterránea.

Aperam asegura también, en su informe anual de 2025, que preserva más del 33 % de la superficie de sus tierras. La Global Forest Coalition responde que esa cifra da una idea del tamaño del daño ecológico causado para establecer las plantaciones.

Lo que la cifra no demuestra

Los 4,5 metros salen de multiplicar una tasa media por los años de cultivo, no de medir pozos de forma continua durante casi medio siglo. Es una estimación para unas zonas concretas del Alto Jequitinhonha y no se puede extender sin más a todo Brasil ni a todas las plantaciones de eucalipto.

El caso tampoco procede de la industria papelera, como se ha dicho estos días. Donde sí hay mediciones es en otros lugares. Un estudio de investigadores de la Universidad de São Paulo publicado en 2019 en la revista Water siguió cuatro pozos cada 15 días entre 2004 y 2016, en una zona del acuífero Guaraní donde los pastos se sustituyeron por eucaliptos. La recarga media pasó de 407 a 194 milímetros al año.

Ese trabajo apoya el mismo mecanismo, aunque en otra región, con otro suelo y otra vegetación previa. El consumo de agua del eucalipto depende del clima, del terreno y de la densidad de la plantación, y un ensayo de 15 años en Australia ya comprobó su elevado consumo de agua frente a los cultivos. España conoce bien el debate, porque también plantó millones de eucaliptos a partir de 1940.

Los vecinos piden devolver el Cerrado a las veredas

Las veredas son humedales propios del Cerrado que recargan el agua subterránea y mantienen el caudal de los ríos en la estación seca. Los vecinos piden que se retiren los eucaliptos de sus laderas, donde nacían los manantiales, y que se restauren con bosque nativo.

El artículo sobre la Chapada das Veredas se ha publicado en Revista Campo-Território.

La estimación de los 4,5 metros procede del informe del CAV y el IDEC de febrero de 2022, y la Global Forest Coalition la ha retomado en su informe sobre Aperam de septiembre de 2026.

Foto: Global Forest Coalition

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