La petrolera francesa señala que la inseguridad del suministro impulsa la transición energética, aunque considera que las rivalidades geopolíticas alejan el escenario que permitiría limitar el calentamiento global a menos de 2 °C.
La transición energética puede ganar velocidad cuando el suministro de petróleo y gas deja de parecer seguro. TotalEnergies sostiene que la guerra en Oriente Medio y los cierres intermitentes del estrecho de Ormuz están reforzando el interés por los biocarburantes, los coches eléctricos y las fuentes de energía alternativas y limpias disponibles dentro de cada país.
En su informe Energy Outlook 2026, que ha sido publicado este 2 de noviembre, la petrolera francesa destaca una aceleración de las ventas de vehículos eléctricos desde el segundo trimestre en Asia, Latinoamérica y Europa. Sin embargo, también advierte de un efecto contrario: el encarecimiento del gas favorece el recurso al carbón de producción local en los sistemas eléctricos asiáticos.
Pero, según la compañía, estos avances no bastan para compensar la fragmentación internacional. TotalEnergies considera actualmente fuera de alcance su escenario de calentamiento inferior a 2 °C, por la cooperación multilateral que el mismo exigiría. Sus proyecciones en cuanto a transición energética dibujan caminos distintos: Estados Unidos mantiene una fuerte dependencia de sus hidrocarburos, China profundiza su electrificación y la Unión Europea afronta grandes inversiones en redes y dificultades de competitividad industrial.
La transición energética según TotalEnergies
El gigante petrolero francés TotalEnergies cree que la guerra en Oriente Medio, con los cierres intermitentes del estrecho de Ormuz, puede acelerar la transición energética, aunque también considera que los objetivos climáticos del Acuerdo de París de 2015 están fuera del alcance por la tensión geopolítica.
En su informe anual Energy Outlook 2026 sobre los escenarios de evolución del sistema energético mundial y la transición energética, publicado recientemente, TotalEnergies constata que esas tensiones están dando lugar a trayectorias cada vez más diferenciadas entre los tres grandes bloques económicos que son Estados Unidos, China y la Unión Europea.
Sobre la crisis del estrecho de Ormuz que estalló con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, señala que, igual que la invasión de Ucrania por Rusia a partir de 2022, está poniendo a prueba la resiliencia del sistema energético y dejando en evidencia la importancia de la diversificación del aprovisionamiento y de la constitución de reservas de hidrocarburos.
Para ilustrar ese aumento del ritmo de la transición energética, se refiere a que desde el segundo trimestre de este año se han acelerado las ventas de coches eléctricos en Asia, en Latinoamérica y en Europa, y se incrementan las exigencias de incorporación de biocarburantes.
No obstante, también hace notar algunos retrocesos, ya que en Asia se está sustituyendo parcialmente para la producción de electricidad el gas -cuyo precio se ha disparado- por carbón producido localmente, mucho más barato, pero también mucho más contaminante.
Las rivalidades geopolíticas no ayudan
De los tres escenarios dibujados para el futuro, TotalEnergies estima que está «fuera de alcance» el que llama de «ruptura», que hubiera permitido limitar el calentamiento global a menos de 2 grados centígrados, la meta de la cumbre de París de 2015. La razón es que las «rivalidades geopolíticas» hacen imposible la cooperación multilateral considerablemente reforzada que hubiera sido necesaria para conseguir ese objetivo.
A ese respecto, subraya el camino divergente de las grandes potencias económicas, con un Estados Unidos que va a seguir aprovechando su apuesta por los hidrocarburos, gracias a los cuales ha conseguido no solo su independencia energética, sino convertirse en exportador neto de gas desde 2017 y de productos petrolíferos desde 2020.
TotalEnergies prevé que, asentado en esa abundancia propia, en 2060 un 60 % de la energía primaria que consuma Estados Unidos seguirán siendo combustibles fósiles, frente al 80 % actualmente.
En el caso de China, la describe como una «electro-potencia» que, con el despliegue masivo de fuentes de electricidad renovable y la construcción de un parque importante de centrales nucleares, va a poder reducir el peso del carbón en la producción energética de alrededor del 60 % en 2025 al 25 % en 2060. Además, la rápida electrificación del transporte por carretera reducirá la cuota de los carburantes derivados del petróleo del 20 % en 2025 a alrededor del 10 % en 2060.
La UE debe afrontar de forma urgente una transición energética
Sobre la Unión Europea, TotalEnergies advierte de que afronta necesidades masivas de inversión en las redes eléctricas y, al mismo tiempo, debe tener en cuenta los problemas de competitividad de su industria (por los altos precios de la energía que debe pagar) y las reticencias de la población por los sobrecostos de la descarbonización.
Pese a que la UE lidera la reducción de las emisiones, el grupo petrolero francés calcula que para 2035 los combustibles fósiles seguirán representando en torno al 60 % de la energía primaria del bloque.
La electrificación en el transporte
La electrificación del transporte ya tiene un efecto medible sobre la dependencia petrolera. Según la Agencia Internacional de la Energía, el parque mundial de vehículos eléctricos evitó consumir alrededor de 1,7 millones de barriles de petróleo diarios en 2025. Con las políticas actuales, ese desplazamiento rozaría los 5 millones diarios en 2030.
Estas cifras ayudan a explicar por qué los países importadores de combustibles fósiles pueden encontrar en el vehículo eléctrico una herramienta que les permita reducir su exposición a las interrupciones del suministro y a las oscilaciones del precio del crudo.













