Una cantidad de bombas de calor que se han convertido en una tecnología que puede generar casi cuatro unidades de calor por cada unidad de electricidad consumida.
Las bombas de calor van tomando más y más terreno en Castilla y León como una alternativa a las calefacciones de combustibles fósiles. Un estudio de la Universidad de Burgos, publicado en la revista Buildings, analiza más de dos décadas de implantación de aerotermia y geotermia y estima que ya funcionan entre 50.000 y 70.000 equipos en la comunidad.
Además, tres instalaciones monitorizadas en 2025 registraron rendimientos de hasta 4,17 unidades de calor por unidad eléctrica consumida.
Más bombas de calor en Castilla y León
La aerotermia y la geotermia han dejado de ser una tecnología minoritaria para abrirse paso en Castilla y León, una de las comunidades con los inviernos más fríos de España, y donde las estimaciones apuntan a que puede haber en funcionamiento entre 50.000 y 70.000 bombas de calor tras dos décadas de implantación, según un estudio de la Universidad de Burgos.
La investigación, publicada esta semana en la revista científica ‘Buildings’, analiza más de 21 años de experiencia acumulada en más de 200 instalaciones residenciales de Castilla y León y concluye que estas tecnologías se han consolidado como una alternativa viable para sustituir sistemas de calefacción alimentados por combustibles fósiles, especialmente en un territorio marcado por las bajas temperaturas invernales.
El trabajo consultado se centra en el papel que pueden desempeñar las bombas de calor en la descarbonización de los edificios, uno de los grandes retos de la transición energética europea.
Aunque la aerotermia extrae energía del aire exterior y la geotermia aprovecha el calor almacenado en el subsuelo, ambas tecnologías funcionan mediante bombas de calor eléctricas capaces de proporcionar calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria con un consumo energético muy inferior al de los sistemas convencionales.
Los investigadores destacan que Castilla y León reúne condiciones especialmente favorables para la expansión de las bombas de calor debido a su clima continental y a la elevada demanda de calefacción durante buena parte del año.
Según las estimaciones recogidas en el estudio, la comunidad habría alcanzado ya un parque de entre 50.000 y 70.000 bombas de calor, una cifra calculada a partir de datos nacionales y regionales sobre electrificación de la calefacción y despliegue de energías renovables térmicas.
Además, los programas de ayudas impulsados en los últimos años han permitido instalar cerca de 97,75 megavatios de potencia térmica renovable en Castilla y León mediante sistemas de aerotermia, biomasa y geotermia. Los autores estiman que sólo esas actuaciones equivalen a entre 8.000 y 10.000 instalaciones térmicas renovables.
El estudio aporta también datos reales de funcionamiento obtenidos en 2025 a partir de tres instalaciones monitorizadas en edificios del sector terciario. Los equipos lograron rendimientos energéticos de entre 3,85 y 4,17, lo que significa que fueron capaces de generar casi cuatro unidades de calor por cada unidad de electricidad consumida.
Bombas de calor: un potencial en ciernes
Los investigadores destacan que Castilla y León reúne condiciones especialmente favorables para su expansión debido a su clima continental y a la elevada demanda de calefacción durante buena parte del año.
Los autores subrayan que estos resultados no pueden extrapolarse de forma automática a todas las viviendas, pero sí reflejan el potencial de una tecnología que ha mejorado notablemente durante las últimas dos décadas.
La Agencia Internacional de la Energía señala que los modelos actuales de bombas de calor pueden ser entre tres y cinco veces más eficientes energéticamente que las calderas de gas. La ventaja procede de transferir calor desde el entorno, aprovechando energía adicional a la electricidad que mueve el equipo. Para evaluar una instalación concreta importa su funcionamiento durante toda la temporada: la temperatura exterior, el diseño del sistema y las necesidades del edificio condicionan el rendimiento y deben considerarse junto al aislamiento de la vivienda.












