La crisis climática y sanitaria está golpeando gravemente a las comunidades africanas que apenas han contribuido al calentamiento global: MSF exige a la COP31 que disponga de financiación específica y de sistemas de salud para que estas poblaciones sean capaces de resistir a las sequías, las inundaciones y los ciclones que les acechan.
A África ya no le alcanzan las promesas y en la COP31 se debe asumir esa realidad
La crisis climática y sanitaria se palpa con claridad en los hospitales y los asentamientos de África: familias desplazadas, niños enfermos y desnutridos y comunidades que carecen del mínimo acceso al saneamiento y el agua. Médicos Sin Fronteras exige que los líderes de la COP31 conviertan sus compromisos en protección real para los que menos han contribuido al calentamiento global.
La organización reclama que se sitúe a la salud en el centro de las discusiones y decisiones de la COP31 de Antalya, que se celebrará del 9 al 20 de noviembre. La ONG cuestiona el ritmo de las respuestas, porque las necesidades aumentan y las medidas siguen siendo insuficientes.
La exigencia es muy clara y específica: en África se necesitan centros sanitarios, energía, agua potable, medicamentos y financiación adicional. Cuando una sequía destruye las cosechas o una inundación arrasa un pueblo entero, retrasar las respuestas tiene consecuencias que se cuentan en vidas humanas. Los gobiernos de los países que realmente generan el problema deberían rendir cuentas por esa distancia que existe entre sus promesas de financiación y las necesidades reales de los africanos.
Baidoa: emergencia real contra discursos complacientes
Somalia concentra una de las alertas más graves de esta crisis climática y sanitaria. Según MSF, cuatro temporadas consecutivas de lluvias insuficientes han provocado sequía, pérdidas agrícolas y desplazamientos. Hay familias enteras que pierden sus medios de vida por causa de los eventos extremos y que llegan a los asentamientos donde las necesidades de atención se multiplican, pero no hay recursos para darles soluciones.
En los centros para personas desplazadas que están en la localidad somalí de Baidoa, casi la mitad de los menores de cinco años examinados por MSF en julio sufrían desnutrición aguda. Esta situación pone en evidencia que existe una emergencia que es muy real y que afecta a la población desplazada, que necesita con urgencia asistencia y medios para sobrevivir. Yahya Mohamed, trabajador de MSF en Somalia, describe sus efectos en hospitales, niños desnutridos y familias que llegan después de perderlo todo por la sequía.
La organización denuncia que estas comunidades, con cuya contribución al calentamiento global ha sido mínima, son las que soportan los impactos más desproporcionados de la crisis climática y sanitaria. Esa realidad es la que deben asumir los mayores emisores y los gobiernos de todo el planeta que cuentan con capacidad financiera. La solidaridad climática tiene que materializarse en servicios y recursos, en vez de quedarse en simples declaraciones diplomáticas.
Sudán del Sur y Madagascar: impactos distintos, vulnerabilidad compartida
La crisis climática y sanitaria también golpea a Sudán del Sur. MSF describe las sequías que afectan a algunas zonas y las inundaciones graves que se sufren en otras, con cosechas destruidas y aumento de la desnutrición. La coexistencia de riesgos exige respuestas adaptadas a cada territorio y una mayor capacidad de mantener la asistencia.
En Madagascar, la organización relaciona los ciclones sucesivos, las sequías prolongadas y la irregularidad de las estaciones con una mayor inseguridad alimentaria, la propagación de enfermedades como la malaria e infinidad de dificultades para acceder a atención sanitaria. Son problemas que pueden acumularse sobre comunidades con recursos y servicios limitados.
El mensaje de MSF es que los impactos climáticos agravan las vulnerabilidades y las necesidades humanitarias. Entender esas interacciones permite exigir una respuesta más eficaz, sin borrar el peso de la pobreza, los desplazamientos o las carencias sanitarias.
María Guevara, secretaria médica internacional de MSF, advierte de que cada fracción de calentamiento compromete miles de vidas. Esa es la causa por la que la crisis climática y sanitaria obliga a combinar la reducción de emisiones y la adaptación: atender las consecuencias es imprescindible, pero también hay que frenar el problema que las intensifica.
La financiación debe ser nueva porque cambiar la etiqueta del dinero no salva vidas
MSF pide instalaciones sanitarias capaces de resistir los fenómenos extremos, suministro estable de agua y energía, personal preparado y reservas suficientes de medicamentos y material. Son condiciones básicas para que la atención continúe cuando, por culpa de la crisis climática y sanitaria, aumenta la demanda o quedan dañados los accesos y las infraestructuras.
La organización reclama aumentar la financiación para adaptación en países en desarrollo. También exige que los nuevos recursos no se extraigan de presupuestos de ayuda existentes. Desplazar dinero entre partidas puede mejorar un anuncio político sin ampliar la capacidad de responder a las emergencias.
La crisis climática y sanitaria necesita que se hagan aportaciones adicionales y que estas lleguen a los países más afectados. El examen de la COP31 será su aplicación: cuánto se moviliza, cuándo se entrega y qué servicios permite sostener. La urgencia humanitaria no admite convertir cada compromiso en otra espera indefinida.
El IPCC aporta una medida de esta desigualdad: entre 2010 y 2020, la mortalidad por inundaciones, sequías y tormentas fue quince veces mayor en regiones altamente vulnerables que en las de vulnerabilidad muy baja. La crisis climática y sanitaria exige protección proporcional al riesgo: seguir aplazándola significa perpetuar esa desigualdad.












