El Niño ya está aquí y los meteorólogos avisan de ‘grandes consecuencias’: puede alterar lluvias y temperaturas en continentes enteros

Publicado el: 7 de julio de 2026 a las 09:57
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Mapa del océano Pacífico con las anomalías de temperatura provocadas por el fenómeno climático El Niño.

El Niño ya no es una posibilidad lejana. La NOAA confirmó el 11 de junio de 2026 que las condiciones de El Niño están presentes en el Pacífico ecuatorial y que se espera un fortalecimiento durante el invierno del hemisferio norte, entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

La señal más llamativa es la probabilidad de que el episodio llegue a ser muy fuerte. Según la previsión oficial de la NOAA, hay un 63 % de opciones de que el índice alcance esa categoría durante noviembre, diciembre y enero. ¿Qué significa esto en la práctica? Más calor global, más cambios en las lluvias y más presión sobre regiones que ya viven al límite.



Qué ha confirmado la NOAA

El Centro de Predicción Climática de la NOAA explica que El Niño se desarrolló durante el último mes por el calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. También observó señales atmosféricas coherentes con este cambio, como anomalías en los vientos y una respuesta ya visible del sistema océano atmósfera.

No se trata solo de ver agua más caliente en un mapa. El Niño funciona como una pieza que mueve otras muchas piezas. Cambia dónde se forman las tormentas, cómo se reparte la lluvia y en qué zonas aumentan los riesgos de sequía o inundaciones.



La NOAA también advierte de algo importante. Aunque un El Niño muy fuerte inclina la balanza hacia ciertos impactos, no garantiza que todos se produzcan en todos los lugares. El clima no funciona como un interruptor. Y eso conviene recordarlo antes de sacar conclusiones rápidas.

Por qué puede crecer tanto

El Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad, de la Universidad de Columbia, señaló el 22 de junio que las condiciones de El Niño se estaban intensificando en el Pacífico tropical. El índice Niño 3.4 subió hasta 1,7 °C en la semana centrada en el 17 de junio, una señal clara de calentamiento en la zona clave de vigilancia.

Además, el mismo informe apunta a un depósito de calor bajo la superficie del Pacífico central y oriental, con anomalías locales de hasta 6 °C a ciertas profundidades. Dicho de forma sencilla, no solo hay calor en la superficie. También hay calor guardado debajo, como una batería cargada.

Ahí entra el riesgo de que El Niño gane fuerza durante los próximos meses. Los vientos alisios se debilitan, el agua cálida avanza hacia el este y la atmósfera empieza a responder. Cuando ese acoplamiento se consolida, el fenómeno puede crecer con rapidez.

El término con trampa

En muchos titulares aparece ya la expresión «súper El Niño». Es llamativa, sí, pero la Organización Meteorológica Mundial recuerda que no es una categoría operativa estandarizada. La forma más precisa de decirlo es «El Niño muy fuerte«.

La diferencia no es menor. Llamarlo «súper» puede ayudar a captar la atención, pero también puede sonar a película de catástrofes. Lo relevante está en los datos, no en la etiqueta.

Kevin Trenberth, científico de la Universidad de Auckland y experto en clima, lo resumió con una frase breve en una entrevista publicada por Inside Climate News. «El Niño está aquí». Después añadió que puede tener grandes consecuencias para el tiempo en todo el mundo, sobre todo por cambios en la trayectoria y desarrollo de las tormentas.

Dónde puede notarse más

La Organización Meteorológica Mundial señala que El Niño suele asociarse con más lluvias en partes del sur de Sudamérica, el sur de Estados Unidos, el Cuerno de África y Asia central. A cambio, puede favorecer condiciones más secas en Centroamérica, el norte de Sudamérica, el Caribe, Australia, Indonesia y zonas del sur de Asia.

Esto no significa que cada país vaya a vivir el mismo patrón. Cada episodio tiene su propia forma de desarrollarse, su duración y su interacción con otros motores climáticos, como el Dipolo del Índico. Por eso los mapas globales sirven para prepararse, no para hacer una predicción exacta calle por calle.

El monzón del sudeste asiático es una de las grandes preocupaciones. Si las lluvias se debilitan en regiones que dependen de ellas para la agricultura, el golpe puede sentirse en los cultivos, en el precio de los alimentos y en la seguridad de millones de personas. No es poca cosa.

Qué pasa con España

Para España, la lectura debe ser prudente. La AEMET ha señalado que «no hay una correlación clara y directa» entre El Niño y unas condiciones meteorológicas concretas en la península ibérica. También considera poco probable que tenga una influencia significativa sobre las temperaturas del verano en España, al estar el fenómeno aún en fase inicial.

Entonces, ¿por qué debería importarnos? Porque El Niño sí puede empujar al alza la temperatura media global. Y en un planeta ya más caliente por las emisiones de gases de efecto invernadero, unas décimas adicionales se notan en olas de calor, noches más difíciles para dormir y sistemas sanitarios más tensionados.

La propia Organización Meteorológica Mundial advierte de que El Niño suele elevar las temperaturas globales y alterar los patrones de lluvia extrema. También recuerda que el calentamiento global puede amplificar sus impactos, porque una atmósfera más cálida contiene más energía y más humedad.

Prepararse antes del golpe

La clave ahora no es entrar en pánico, sino mirar las previsiones oficiales y actuar con tiempo. Para agricultores, gestores del agua, protección civil y responsables de energía, una alerta temprana puede marcar la diferencia entre improvisar y prepararse.

Trenberth lo plantea de forma práctica. Si una región sabe que puede cambiar la lluvia, también puede ajustar cultivos, pesca, reservas de agua o planes frente a incendios. Hacer lo mismo de siempre, cuando el clima no se comporta como siempre, puede salir caro.

En el fondo, este El Niño llega como una prueba más de algo que ya estamos viendo. El sistema climático está cargado de calor y cualquier empujón natural puede tener consecuencias más visibles. 

La discusión oficial más reciente ha sido publicada por el Centro de Predicción Climática de la NOAA.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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