Cambio climático

Los franceses han cubierto las ventanas de sus casas con papel de aluminio para combatir la ola de calor y los arquitectos expertos coinciden: «Poca preparación»

Las ventanas forradas con papel de aluminio se multiplican en Francia mientras los expertos alertan de la falta de preparación.

Los franceses han cubierto las ventanas de sus casas con papel de aluminio para combatir la ola de calor y los arquitectos expertos coinciden: «Poca preparación»

Las imágenes han sorprendido por lo simples que son. Ventanas de pisos parisinos cubiertas con papel de aluminio, mantas térmicas y materiales reflectantes para intentar frenar el calor dentro de casa. No es una escena futurista. Es una reacción muy humana cuando el termómetro aprieta, la vivienda no responde y el aire de la calle parece salir de un horno.

La ola de calor de junio de 2026 dejó a Francia ante un episodio histórico. Météo-France informó de que París superó los 40 °C los días 24 y 25 de junio, un umbral que solo se había rebasado cinco veces en la capital desde el inicio de las mediciones en 1947. En ese contexto, el papel de aluminio se ha convertido en algo más que una anécdota viral. Es una señal de aviso.

Un espejo de urgencia

El arquitecto francés Vincent Parasie, afincado en Barcelona y al frente de Atelier Parasie Arquitectes SLP, lo resume sin rodeos. “Es básicamente una solución improvisada, económica y superficial, como reacción al aumento de la radiación solar sufrido estos días”, explicó a La Vanguardia.

La idea es sencilla. Si el aluminio se coloca por fuera del cristal, puede actuar como una especie de espejo que devuelve parte de la radiación hacia el exterior. La clave está ahí, en el “por fuera”. Si el sol ya ha atravesado el vidrio y ha calentado la estancia, el remedio llega tarde.

Pero no conviene engañarse. Parasie advierte de que el material no está pensado para resistir la intemperie y puede acabar despegándose. Además, tapa la luz natural y corta la relación visual con la calle. En una casa pequeña, eso se nota mucho.

El calor entra antes

El problema de muchas viviendas no empieza cuando el salón ya está a 30 °C. Empieza horas antes, cuando el sol golpea el cristal, las fachadas y las cubiertas. Para entonces, la casa empieza a almacenar calor casi sin que nadie se dé cuenta.

La guía oficial francesa para mantener fresca una vivienda en verano insiste en una idea básica. Hay que bloquear los rayos solares antes de que lleguen a las ventanas, sobre todo en las orientadas al sur y al oeste. Las protecciones exteriores, como persianas, toldos, brise-soleil, pantallas o voladizos, son las más eficaces.

Esto encaja con lo que señala Parasie. Cambiar ventanas antiguas por carpinterías con rotura de puente térmico, vidrios con cámara, bajo emisivos y control solar puede mejorar mucho el confort interior. No es un apaño de una tarde, claro. Es obra, inversión y planificación.

La ventana no está sola

Centrarse solo en el cristal sería quedarse a medias. Una vivienda se calienta también por los muros, la cubierta, las terrazas y todos los elementos que separan el interior del exterior. En el fondo, la casa funciona como una caja que puede proteger o encerrar el calor.

Por eso Parasie apunta al aislamiento de fachadas y cubiertas como una de las claves para frenar el sobrecalentamiento. Un buen aislamiento no solo sirve para el invierno. También retrasa la entrada del calor en verano y permite que la vivienda conserve durante más tiempo una temperatura soportable.

En ciudades densas como París, la situación se complica por la noche. La ADEME recuerda que, en una gran aglomeración, la diferencia entre ciudad y campo puede llegar a ser de 5 a 10 °C durante una canícula. El asfalto, el hormigón y las fachadas devuelven lentamente el calor acumulado. Y dormir así no es fácil.

Qué puede hacer un inquilino

La pregunta práctica llega rápido. ¿Y si vivo de alquiler? ¿Y si no puedo cambiar ventanas, poner persianas nuevas ni tocar la fachada? En ese caso, las estrategias pasivas siguen siendo importantes. No hacen milagros, pero pueden marcar la diferencia entre una habitación incómoda y una habitación insoportable.

La ADEME recomienda cerrar persianas y ventanas antes de que el sol golpee y antes de que la temperatura exterior suba demasiado. Después, abrir solo cuando el aire exterior sea más fresco, normalmente por la noche o muy temprano por la mañana. Parece básico, pero hacerlo a destiempo arruina el efecto.

También ayuda crear corriente, no abrir una sola ventana sin más. Los pisos atravesantes lo tienen más fácil, porque permiten mover el aire de una fachada a otra. Si no hay esa posibilidad, un ventilador puede mejorar la sensación térmica, aunque no enfría realmente el aire. Lo mueve. Y eso, en pleno verano, ya es algo.

El límite del apaño

El papel de aluminio es barato, visible y rápido. Por eso se entiende que muchas personas lo usen cuando sienten que la vivienda no les ofrece otra defensa. Pero también tiene un límite claro. No sustituye a una persiana exterior, no mejora el aislamiento y no convierte una vivienda mal preparada en una vivienda adaptada al calor extremo.

En interiores, los estores claros, cortinas térmicas o láminas antiinfrarrojas pueden ayudar algo, aunque la propia guía oficial francesa deja claro que las protecciones interiores son menos eficaces que las exteriores. La razón es sencilla. Una vez que la radiación ha cruzado el vidrio, parte del calor ya está dentro.

Aquí está el verdadero mensaje de fondo. Las casas europeas se pensaron durante mucho tiempo para guardar calor en invierno. Ahora también tienen que impedir que el calor entre en verano. Es un cambio de mentalidad enorme. Y llega deprisa.

Una señal en la fachada

Las ventanas plateadas de París no son solo una curiosidad de redes sociales. Son la imagen de una ciudad intentando defenderse con lo que tiene a mano. Un rollo de aluminio, cinta adhesiva y algo de paciencia. Poco más.

Pero el calor extremo no se combate solo con gestos desesperados. Hace falta rehabilitar viviendas, sombrear calles, recuperar vegetación, mejorar cubiertas y pensar el confort de verano como una necesidad básica. No como un lujo. El problema es que el reloj climático corre más rápido que muchas reformas.

Mientras tanto, estos trucos pueden aliviar un poco, sobre todo si se aplican antes de que el sol caliente el cristal. Pero la lección es otra. Cuando una capital europea empieza a brillar por sus ventanas forradas de aluminio, no estamos viendo una moda. Estamos viendo una vivienda que pide ayuda.

La guía oficial de la ADEME sobre cómo mantener fresca una vivienda durante una canícula ha sido publicada en su portal “Agir pour la transition”.

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