Madrid y Barcelona encabezan el ranking europeo de muertes por contaminación

Madrid y Barcelona son dos ciudades fantásticas. Ambas lideran varios rankings sobre calidad de vida, actividad económica, ocio o bienestar.

Pero hoy hemos conocido una clasificación que a ninguna ciudad le gustaría encabezar: la de muertes por contaminación. Un listado que encabeza Madrid, seguido muy de cerca por Barcelona en sexta posición, sobre una investigación realizada en un millar de urbes europeas.

Así de brutales son los datos publicados hoy por el Instituto de Salud Global que cuantifican la mortalidad vinculada al dióxido de nitrógeno. El maldito NO2. Un gas tóxico producido por la quema de combustibles fósiles y que, en las grandes zonas urbanas, procede principalmente del tráfico rodado. Cuando la atmósfera impide que la contaminación se disipe, se crea una boina característica como la que grabamos hace unos días.

Pero esa boina de partículas en suspensión esconde otros gases invisibles, como el NO2, que afecta a los seres vivos y que se traduce en miles de muertes prematuras. En las ciudades del top 10 de este ranking, liderado por Madrid, se estima que un 6-7% de las muertes naturales tienen su origen en la exposición al dióxido de nitrógeno.

Además del NO2, otra clasificación del mismo estudio compara las muertes causadas por las micropartículas PM2.5, donde predominan las ciudades de Polonia o la República Checa por el intenso uso del carbón, otro asesino silencioso. Ya sea en forma de gasolina, carbón o gas, la quema de combustibles es una amenaza a nuestra salud, a nuestra economía y a nuestro clima.

Amar un aire limpio, no los atascos

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A pesar de las multas y los reiterados avisos de la comunidad médica y científica, las ciudades siguen priorizando el uso del automóvil frente a la salud de las personas. El estudio de ISGlobal concluye que “muchas ciudades no están haciendo lo suficiente para afrontar la contaminación del aire y los niveles que exceden las directrices de la OMS conducen a muertes innecesarias”. Demoledor, ¿verdad?

Pues aun así, hemos visto a políticos hacer campaña contra Madrid Central, atacar las restricciones por alta contaminación o presumir de aumentar los límites de velocidad en Barcelona, mientras la población perdía años de vida por culpa de la contaminación. No han faltado quienes directamente negaban el problema (“Yo no veo la boina esa de la que ustedes hablan” llegó a decir una alcaldesa de Madrid) o consideran los atascos como “una seña de identidad” de su ciudad.

¿Seguirá Madrid liderando el ranking dentro de unos años?

Las medidas anticontaminación, aunque insuficientes, se han ido abriendo paso. Hay más calles peatonales, la bici ha crecido en muchas urbes y las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) van proliferando por toda Europa. Los niveles de contaminación disminuyen año tras año, y lo seguirán haciendo mientras avancemos en la descarbonización y abandonemos los combustibles fósiles.

En 2020, por los efectos colaterales de la pandemia, nos hemos quedado al borde de cumplir con la directiva europea por primera vez. Tan solo una estación de Madrid excedió el valor límite anual. Aunque no debería ser ninguna si queremos evitar las multas millonarias tras diez años de incumplimiento. Si no aprovechamos este momento para reinventar las ciudades corremos el riesgo de volver a la vieja normalidad, a la de los humos, la boina y los picos de bronquiolitis o asma.

En esta crisis del coronavirus hemos aprendido que no deberíamos vacilar a la hora de tomar medidas contundentes cuando la salud de las personas está en riesgo. No queremos liderar esta clasificación. Queremos aire limpio.

Fuente: Ecologistas enaccion

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