Con cuánto CO2 se queda el Océano Antártico

Además de los vegetales, el Océano Antártico está considerado como un sumidero de carbono realmente significativo, puesto que en sus aguas se disuelve una gran cantidad del CO2 que producen las actividades diarias de los humanos a nivel mundial.

Antes y después

El Centro Nacional de Investigación Atmosférica de los EEUU, más conocido por sus siglas NCAR llevó a cabo un estudio que arroja nueva luz a la misión que tienen las heladas aguas que rodean al continente de la Antártida, a la hora de amortiguar el nefasto impacto ambiental de nuestras emisiones de dióxido de carbono.

Las anteriores investigaciones sugerían que, el océano Austral o Antártico no tenía la capacidad de eliminar demasiado CO2, pero este nuevo estudio que fue publicado por la revista Science ha dado un giro a esta premisa, gracias a las observaciones realizadas desde aeronaves, que permitieron recabar datos de enorme relevancia y exactitud.

Dichos datos se obtuvieron en el marco de 3 proyectos de campo, que duraron casi una década y se sumaron a los que aportaron las predicciones de los modelos atmosféricos. De esta manera se determinó que, el Océano Austral absorbe una cantidad de CO2 mucho mayor de la que libera.

¿Cómo funciona?

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Cuando los seres humanos quemamos combustibles fósiles o realizamos otro tipo de actividades altamente polucionantes se generan ingentes cantidades de gases de efecto invernadero, entre los que destaca el CO2. El dióxido de carbono que no es absorbido por las plantas o se diluye en las superficies oceánicas se acumula en la atmósfera agravando el calentamiento global.

En la región de los alrededores de la Antártida, el agua fría que viene de las profundidades del océano y llega a la superficie es límpida, ya que seguramente no ha llegado a estar tan cerca del aire en millones de años, por lo que, al aflorar y entrar en contacto con el CO2 atmosférico lo absorbe y vuelve a hundirse en las simas oceánicas más profundas.

Las mediciones de dióxido de carbono que se han hecho desde las aeronaves, las conocidas propiedades de los océanos, los ciclos de ascenso y descenso de las aguas y los modelos atmosférico – climáticos actuales han permitido a los científicos calcular que, el 40% del CO2 de origen antropogénico actualmente almacenado en las profundidades, ingresó a las corrientes oceánicas desde las aguas que circundan a la Antártida.

Los datos no mienten

Los participantes del estudio destacan que, las mediciones que se toman habitualmente en tierra y desde la superficie oceánica son muy útiles, pero también reconocen que las mismas resultan escasas, cuando se trata de obtener una imagen fiable del flujo real de CO2 que existe entre el aire y el océano.

La atmósfera es capaz de integrar flujos positivos y negativos de CO2 en grandes extensiones y las mediciones aerotransportadas los revelan con mayor calidad. Ello les ha permitido comprobar que, en verano, la capa inferior que se encuentra en contacto con el océano Austral presenta una reducción importante de dicho gas, un indicador demostrativo de que el océano absorbe grandes cantidades de dióxido de carbono.

Y si bien está más que comprobado que la cantidad de CO2 atmosférico sigue aumentando de forma alarmante, los ‘sumideros’ oceánicos y terrestres son responsables de la ralentización del efecto invernadero que los mismos provocan.

Para poder planificar una lucha efectiva contra el cambio climático es necesario conocer cuáles son los sitios que actúan de sumideros naturales del CO2, cómo les afecta este proceso y qué tan grande es su efecto sobre el total emitido. Esto no es óbice para que se siga reduciendo su producción y se busquen nuevas tecnologías que ayuden a eliminarlo.

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