Aceites vegetales sin CO2

Un nuevo estudio global ha revelado el alcance de las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente de CO2 causadas por la producción de aceite vegetal, destacando la necesidad de soluciones de cultivo más sostenibles.

El CO2 de los aceites

Científicos de la Universidad de Nottingham llevaron a cabo el primer análisis, que toma en cuenta las emisiones de GEI de casi todos los sistemas de producción mundial de aceites vegetales a partir de: palma, soja, colza y girasol en todo el mundo. El estudio fue un metaanálisis que incorporó los estudios relevantes sobre el impacto ambiental de la producción de aceites publicados entre 2000 y 2020.

Este nuevo estudio publicado en Science of the Total Environment refleja el trabajo de casi 6000 productores de 38 países, lo que representa el 71% de la producción mundial de aceites vegetales. En todos los sistemas de cultivos oleaginosos, la mediana de las emisiones de GEI fue de 3,81 kg CO2 por kg de aceite refinado.

Las emisiones medias del aceite de soja fueron más altas que las del aceite de palma, a pesar de que este último tiene la percepción pública más negativa. Sin embargo, los sistemas de producción de aceite de colza y de girasol generan menos emisiones que las anteriores, por lo que parecen ser opciones más sostenibles.

Deforestación y CO2

Cuando se tala (y/o se quema) un bosque para generar espacios agrícolas, el carbono almacenado en los árboles y en el resto de la vegetación se libera a la atmósfera en forma de CO2, junto con gran parte del que está almacenado en el suelo. Los investigadores analizaron el impacto que este tipo de deforestación tiene en la sostenibilidad de los cultivos.

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También consideraron los costes de CO2 de la ocupación de tierras agrícolas, incluso en situaciones en las que la deforestación ocurrió hace más de un siglo, que es el caso de la mayor parte de las tierras europeas, porque, aunque a día de hoy no haya liberación de CO2 por el cambio del uso de los suelos, sí se ha perdido la oportunidad de almacenamiento.

Los investigadores demostraron que el uso de la tierra contribuyó de manera significativa a las emisiones de GEI y explicaron que la fortaleza de tener muchos sistemas de producción diferentes incluidos en este estudio, les ha permitido identificar cuáles son los más sostenibles para cada tipo de cultivo, una información que podría promover su adopción más amplia.

Los resultados, particularmente en lo que respecta al uso de los suelos, demuestran que deberíamos centrarnos en la producción en tierras con potencial de almacenamiento bajo en carbono, aunque también es fundamental considerar otros indicadores de sostenibilidad como la biodiversidad.

Más sostenibilidad, menos CO2

El estudio destaca la necesidad de mejorar la sostenibilidad de los cultivos, dentro de los sistemas de producción actuales, incluso aumentando los rendimientos mientras se procede a limitar la aplicación de insumos que tengan huellas de carbono altas y, en el caso del aceite de palma, adoptando tecnologías de captura de metano durante las etapas de procesamiento.

Será necesario reducir la cantidad de nitrógeno que se aporta artificialmente a los cultivos tanto como sea posible, ya que también esta es una gran fuente de producción de GEI. Si bien esto parece complicado, puesto que muchos cultivos necesitan una gran cantidad de nitrógeno que les permita ser productivos, lo cierto es que hay formas de nitrogenar los suelos naturalmente.

Elegir cultivos que sean más eficientes en el uso de nitrógeno y de los suelos e incluir plantas leguminosas en las rotaciones de los cultivos, es una forma natural de proporcionar ingentes cantidades de nitrógeno al suelo sin tener que recurrir a los productos químicos, altamente contaminantes.

 

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