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sábado, enero 28, 2023

Ciudad de México se ve superada por la basura

El cierre del único relleno sanitario de Ciudad de México –lugar en el que metódicamente se reduce el volumen de la basura–, ha provocado que los desechos se separen en la propia vía pública sin cuidado y con potenciales riesgos para la salud de los habitantes y responsables de la limpieza.

Las autoridades a las que compete Ciudad de México no gestionan bien la basura de la capital del país. Así lo ha denunciado la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), desde donde han asegurado que los afincados en la capital producen alrededor de 12.000 toneladas de basura diariamente y que, durante su recorrido hasta ser desechadas, generan gran toxicidad en aire y suelo.

El cierre del único relleno sanitario de Ciudad de México –lugar en el que metódicamente se reduce el volumen de la basura–, ha provocado que los desechos se separen en la propia vía pública sin cuidado y con potenciales riesgos para la salud de los habitantes y responsables de la limpieza.

Por ello, la CDHDF ha puesto el foco sobre este problema, que se suma a la mala situación de los trabajadores de la limpieza y, a su vez, a la contaminación del aire por la concentración de ozono.

El relleno sanitario de la capital de México, que estuvo en funcionamiento hasta 2011, separaba los residuos en reciclables y no reciclables. Tras esta distinción, los no reciclables eran comprimidos y almacenados en el lugar.

El cierre del centro llamado ‘Bordo Poniente’ provocó que los profesionales de la limpieza tuvieran que trasladar los residuos de la capital a los estados vecinos. Los encargados de la recogida de basura, ante la longitud del camino a recorrer, comenzaron a realizar la separación de basuras en la propia vía pública, lo que conlleva que a su paso quede basura, líquidos y olores malos o insanos, entre otros.

La CDHDF ha investigado el problema de la mala gestión basurera por las quejas de los vecinos de Venustiano Carranza, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero, un problema que no es novedoso, según los vecinos del norte.

La investigación dejó en evidencia que 15 de las 16 delegaciones políticas que forman Ciudad de México admitieron la existencia de espacios residuales no autorizados, lo que justificaron como una «contención» tras el cierre del ‘Bordo Poniente’, según recoge ‘El País’.

Los tiraderos suponen filas de camiones que producen gases residuales, humo, y, además de extenderlo por la ciudad, lo concentran. Los camiones, de gran antigüedad, son un problema en sí mismo que, con la nueva norma promulgada tras la crisis ambiental detectada el primer semestre de este 2016, debería estar ya subsanado.

La norma dicta que los vehículos que son probablemente contaminantes deben apartarse la circulación. Los ciudadanos de la capital mexicana no ven el cumplimiento de esta norma en unos camiones antiguos que contaminan con el propio carburante que queman, los olores, insectos que desplazan y líquidos que manchan cada vez que realizan una parada.

La recomendación de la CDHDF explica que esta situación es una violación patente al derecho a un nivel de vida adecuado y salubre y de los trabajadores a un trabajo digno. Ante esto, la comisión concluye que la manera de gestionar los recursos por Ciudad de México es caótica y que las delegaciones no alcanzan a tener la capacidad para realizar el servicio.
LA PRECARIEDAD DE LOS TRABAJADORES

Los trabajadores de la basura se encuentran en un nivel de indigencia ‘voz pópuli’. Los ingresos de estas personas se corresponden, en parte, a las ventas de materiales reciclables –según el Gobierno de la capital, sólo una de cada 20 personas de Ciudad de México clasifica las basuras–.

Los salarios de los que suelen disponer las personas, en caso de ser trabajadores formales y no voluntarios, en la capital mexicana transitan entre los 2.000 y 4.000 pesos (de 100 a 200 dólares).

La precariedad del gremio es tal que los camiones suelen disponer de un recipiente como un cubo para que los vecinos puedan darles propinas.

La recomendación de la CDHDF repara en que el personal tampoco dispone de «condiciones de higiene y salud» y no se les proporciona «ropa adecuada para desempeñar sus funciones». Esto supone que, cuando trasladan residuos sólidos, lo hacen «de forma completamente insegura e insalubre».

Si las condiciones de los trabajadores ya suelen ser problemáticas y reprochables en todos sus rasgos, cuando se trata de los voluntarios esto se acrecienta. Las personas que actúan como voluntarios no disponen de seguridad social ni se ven retribuidos por un pago, aunque sí tienen horarios y rutas de trabajo. Este colectivo queda a merced de los residuos que vendan y las propinas que reciban, denunció la Comisión.

ep

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